Mundo Historia de vida

Jugando con sus hijos, pisó algo que creyó una concha marina, pero su vida se convirtió en una pesadilla

Se divertía en el agua, pero todo cambió: terminó con el pulmón perforado y un dolor indescriptible.

Lunes, 2 de Marzo de 2026

Jamie Cunningham, un escocés de 52 años, disfrutaba de unas vacaciones familiares en Nueva Zelanda a finales de 2018 cuando su alegría se transformó en un calvario. Mientras jugaba con sus hijos en Oreti Beach, pisó accidentalmente una raya venenosa.

El animal, sintiéndose amenazado, lo hirió en el pie derecho y luego le clavó su aguijón en el costado izquierdo, perforándole un pulmón. "Me apuñaló como si fuera una barra de acero", relató Cunningham al Otago Daily Times. Su esposa, Christine, aterrada ante la gravedad de las heridas, temió por su vida.

Afortunadamente, dos paramédicos que estaban de vacaciones en el lugar le brindaron los primeros auxilios y llamaron a una ambulancia. El veneno de la raya ya le dificultaba la respiración y su pie estaba hinchado y morado. En el hospital, los médicos confirmaron el colapso pulmonar y le proporcionaron respiración asistida y medicación. Cunningham logró recuperarse.

Su caso, ocurrido a fines de 2018, fue divulgado en julio de este año en la revista médica New Zealand Medical Journal, en un artículo académico titulado "Challenges in the treatment of a stingray injury: a rare case report in a rural New Zealand hospital". El artículo destaca la falta de un antídoto específico para la toxina de la raya, cuyos efectos pueden incluir pérdida de conciencia, latidos irregulares, diarrea, náuseas, sudoración e hipotensión, además de la corrosión de tejidos y posibles infecciones.

Cunningham, superviviente de este inusual ataque, comentó al Otago Daily Times: "Se trata de una buena historia para contar en un pub", aunque añadió que le recordó al fatal incidente de Steve Irwin, el "Cazador de cocodrilos", quien murió por el ataque de una raya.