Debió ser sometido a un trasplante total de cara. Contó que cuando lo veían, los niños salían corriendo.
Patrick Hardison, un bombero, sufrió quemaduras de tercer grado en el rostro y cuero cabelludo al intentar rescatar a una mujer de un incendio, un evento que cambió su vida para siempre. Durante años, ocultó sus desfiguraciones con una gorra, gafas de sol y orejas artificiales, evitando las miradas aterradas de los niños.
En 2015, recibió el trasplante de cara más completo realizado hasta la fecha, una intervención con un 50% de probabilidades de éxito que involucró a más de 100 personas durante 26 horas. Afortunadamente, el procedimiento fue exitoso y ahora Hardison comparte su vida con su esposa e hijos. "Después del accidente, mi vida fue muy dura. Odié la vida. Hoy estoy aquí porque quiero que otros vean que hay esperanza detrás del sufrimiento", declaró Hardison.
En 2001, a los 28 años, Hardison quedó con el rostro desfigurado por las llamas. Perdió las orejas, la nariz, el pelo y los labios, y sus ojos quedaron reducidos a pequeños orificios. Durante años, se sometió a 71 operaciones con injertos de piel, sufriendo malos resultados y depresión, lo que afectó su vida familiar.
En agosto de 2014, un amigo le habló del Dr. Eduardo Rodríguez, quien había realizado un trasplante de rostro exitoso. Hardison decidió someterse a una última operación y se inscribió en la lista de espera de donantes. En 2015, el equipo médico utilizó la cara de David Rodebaugh, un mecánico de 26 años con muerte cerebral que se había registrado como donante. A pesar del 50% de riesgo de muerte, la compleja operación fue un éxito, marcando una gran satisfacción tanto para Hardison como para el equipo médico, ya que el trasplante no produjo rechazo.