Mundo Historia de vida

El rey de las garrapiñadas: cómo un snack sincero conquistó la Gran Manzana

Alejandro Rad existe. Es argentino, mendocino, y llegó a Nueva York en los años 80 con la excusa de estudiar inglés. 

Jueves, 26 de Febrero de 2026

Las partículas de olor impregnan la nariz de los transeúntes que caminan por las calles de Manhattan y sus alrededores. "¿De dónde viene ese aroma dulce, tostado?", se preguntan quienes lo descubren por primera vez. Otros ya lo saben: nace de un carrito apostado en la vereda, donde se cocina un producto sencillo y honesto, fruto seco, agua y azúcar, pero con una historia enorme detrás. Su creador nunca quiso exhibirse. Prefirió el anonimato. Hasta ahora.

Alejandro Rad existe. Es argentino, mendocino, y llegó a Nueva York en los años 80 con la excusa de estudiar inglés. No entendía una sola frase, pero entendía algo más profundo: la adrenalina de empezar de cero. Venía de una Mendoza conservadora y, de golpe, se encontró con una ciudad sin estructuras, donde cada cuadra era un mundo y cada rostro una oportunidad. Lejos de asustarlo, esa crisis lo divertía.

En 1989 empujó por primera vez un carrito hasta la calle 14, entre University Place y la Quinta Avenida. Vendía garrapiñadas a un dólar la bolsa. Recaudó 62 dólares ese día. No tenía papeles, trabajaba con licencia prestada y ni siquiera era su cara la del carnet. Fue, como él dice, "la época del oscurantismo". Pero también fue el inicio.

Las garrapiñadas no le eran ajenas: las había comido en la Fiesta de la Vendimia. Para él son "un snack sincero", una ecuación perfecta entre costo y placer. El olor -dice- es como el pan caliente: remite a una plaza, a un partido, a un momento feliz. Y ese aroma empezó a convertirse en marca registrada en la ciudad que nunca duerme.

Bajo la inspiración del pionero argentino Jorge Aguirre, Alejandro profesionalizó el negocio. Los carros de acero inoxidable dejaron de estar "pelados". En 1992 los bautizó como Nutsaboutnuts, pero una demanda lo obligó a cambiar. Aprendió a la fuerza la importancia de registrar una marca. En 1996, junto a Cliff Stanton, fundó United Snacks, Inc. y creó definitivamente Nuts4Nuts. Esta vez sí la registró. En 1998 obtuvo la propiedad intelectual en EE.UU. y Canadá. En 2000 recibió la ciudadanía estadounidense.

Hubo piñas con griegos y egipcios por disputas territoriales, arrestos, noches heavy en las que había que "tener las bolas bien puestas". Hubo globos, música y una foto de Maradona en el carrito. Hubo rumores exagerados que lo pintaban como multimillonario y leyenda urbana. Pero sobre todo hubo trabajo.

Hoy más de 35 carritos despliegan el aroma tostado por veredas y parques de Nueva York. Funcionan bajo un sistema de franquicias: los vendedores pagan renta, mercadería y el derecho a usar la marca. La receta incluye un detalle propio: miel orgánica en polvo importada de Japón. Alejandro diversificó hacia el real estate, pero su corazón sigue en la calle.

"Soy un hijo de Nueva York", dice. Y aunque no busque luces ni reconocimiento, su creación es ya un ícono urbano. De ese carrito comieron y vivieron cientos de personas. Y mientras el perfume dulce siga flotando entre rascacielos, su historia seguirá caminando, anónima y eterna, entre la multitud.