Un decreto firmado por Donald Trump a fines de enero amenaza con aranceles a países que envíen petróleo "directa o indirectamente" a la isla. La escasez de combustible paraliza servicios básicos, golpea al turismo y obliga a empresas como la canadiense Sherritt a frenar operaciones en Moa, mientras La Habana intenta sostenerse con remesas y servicios médicos bajo creciente presión externa.
A 67 años del triunfo de la Revolución, Cuba atraviesa una crisis de abastecimiento y funcionamiento cotidiano que se agrava por el endurecimiento del cerco energético de Estados Unidos. El 29 de enero, la Casa Blanca publicó una orden ejecutiva que define "oil" (crudo y derivados) y contempla medidas para perseguir suministros "indirectos", con la amenaza de aranceles para quienes abastezcan a la isla.
El impacto se siente en las calles. En La Habana, la falta de combustible dejó camiones fuera de servicio y disparó un problema sanitario visible: la recolección de residuos quedó severamente limitada, con acumulación de basura en varios barrios. A la par, medios internacionales describen un escenario de apagones recurrentes, transporte colapsado, escasez de alimentos y medicinas, y un clima social de agotamiento por una crisis que se profundiza.
El ajuste de combustible se traduce en caída de actividad en sectores clave:
Reuters también señaló que la amenaza de aranceles habría contribuido a una reducción de envíos desde aliados como Venezuela y México, agravando el faltante, mientras en la isla se multiplican estrategias de supervivencia -desde reemplazos parciales con energía solar hasta circuitos informales para acceder a bienes básicos.
En conjunto, el cuadro describe una economía que pierde oxígeno por varios frentes al mismo tiempo: menos combustible, menos producción y servicios con costos logísticos crecientes, en un contexto donde el margen financiero del Estado cubano ya era limitado. El resultado es una vida diaria más cara y frágil para los hogares, y una tensión política creciente sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel, presionado a gestionar la emergencia sin nuevas fuentes claras de divisas en el corto plazo