Mundo Historia de vida

La historia del hombre que decidió no volver hasta caminar el mundo

Karl Bushby tenía 29 años cuando decidió hacer algo que, para la mayoría, sonaba directamente imposible

Viernes, 23 de Enero de 2026

Karl Bushby tenía 29 años cuando decidió hacer algo que, para la mayoría, sonaba directamente imposible: caminar alrededor del mundo. No como metáfora, no como desafío simbólico, sino literalmente, paso a paso, sin motores, sin atajos y sin volver a casa hasta completar el círculo. La llamó Expedición Goliat, y desde el primer día supo que nadie antes lo había logrado.

No fue un impulso romántico ni una corazonada pasajera. Bushby hizo cuentas, estudió mapas, analizó rutas y entendió que, al menos en teoría, era posible. Eso bastó para que la idea se volviera obsesión. Hoy, con 56 años, sigue caminando y está a apenas 1.500 kilómetros de cerrar una travesía que ya supera los 58.000 recorridos.

Al comienzo no hubo aplausos ni épica compartida. "Nadie creía en mí, ni mis amigos ni mi familia. Y no existían las redes sociales, así que básicamente no tenía el apoyo de nadie", contó años después. Aun así, eligió avanzar.

Su punto de partida fue el extremo sur de Sudamérica; su meta final, Hull, su ciudad natal en el Reino Unido. Entre ambos puntos, cuatro continentes y décadas de constancia.

La semilla de ese carácter se había formado mucho antes. A los 16 años se incorporó al ejército británico como paracaidista junior. El entrenamiento, centrado en la resistencia física y mental, le dejó una marca profunda. Allí aprendió a confiar en sí mismo y a entender que, en situaciones límite, la responsabilidad es individual. También enfrentó la pérdida de compañeros, una experiencia que le dejó una certeza: la vida es breve y no admite postergaciones eternas.

Durante sus años como soldado viajó en distintas misiones y descubrió que tenía alma de nómada. Cuando la idea de una caminata global apareció, ya llevaba más de una década en el Regimiento Paracaidista y había trabajado en inteligencia, con acceso a mapas detallados. Trazó el recorrido a mano, con lápiz, papel y una calculadora. Cuando terminó, entendió que el desafío no era una locura: era una posibilidad.

Se impuso reglas inquebrantables. No usar transporte motorizado, no volar, no navegar. Solo caminar. Y, sobre todo, no volver a casa hasta llegar caminando. Para Bushby, esa era la esencia del reto: completar el círculo sin interrupciones emocionales que facilitaran el abandono.

El 1° de noviembre de 1998 dio el primer paso desde Punta Arenas. Creía que el viaje duraría unos 12 años. Hoy ya pasaron más de 27. El tiempo se estiró por factores ajenos a su voluntad: climas extremos, conflictos, problemas de visado y obstáculos naturales que lo obligaron a detenerse durante largos períodos.

Caminaba unos 30 kilómetros diarios, con una carpa, lo indispensable y apenas 500 dólares de presupuesto inicial. Dormía donde podía y dependía muchas veces de la hospitalidad de desconocidos. Registró sus primeros pasos por Latinoamérica con una cámara de plástico y rollos de 35 mm, sin imaginar que ese material algún día tendría valor histórico.

Nunca buscó fama. Durante años evitó incluso las redes sociales, hasta entender que podían servir para difundir el proyecto, aunque también sumaran presión. Su archivo -fotográfico, satelital y audiovisual- es hoy el testimonio silencioso de una vida sostenida por la constancia.

Con el tiempo dejó de estar solo. Llegaron patrocinadores, apoyo familiar y donaciones de personas que veían en su historia algo más que una proeza física. Para muchos, su recorrido recordaba inevitablemente a Forrest Gump, aunque en la vida real no había guion ni final asegurado.

Atravesó cordilleras, desiertos, selvas y zonas políticamente hostiles. Cruzó más de 25 países, desde los Andes hasta Asia. Uno de los momentos más duros fue el cruce del Tapón del Darién, una selva densa y peligrosa entre Panamá y Colombia. Caminó allí más de 50 días. En una noche particularmente tensa, escuchó a hombres armados pasar a pocos metros de su hamaca. No lo vieron. Siguió.

También se preparó durante años para otro desafío extremo: caminar sobre el estrecho de Bering, entre Alaska y Rusia, enfrentando temperaturas y condiciones que exigen una preparación física y mental excepcional.

Hoy, la rutina de Bushby sigue siendo simple y radical: despertarse y caminar hacia su objetivo. Lo hace desde hace casi tres décadas. No por gloria, ni por récords, sino por una promesa que se hizo a sí mismo cuando entendió que vivir plenamente, para él, significaba no quedarse quieto.

Cada paso que da no es solo una distancia recorrida: es la confirmación de que la perseverancia, sostenida en el tiempo, puede convertir lo imposible en camino.