Jodi Huisentruit era una reconocida conductora de un noticiero matutino en Iowa y su desaparición causó conmoción en la sociedad estadounidense. Pese a una extensa investigación, su paradero aún es un misterio.
La mañana del 27 de junio de 1995 empezó como cualquier otra para la redacción de KIMT-TV, una señal local de Iowa afiliada a CBS. El noticiero matutino estaba por salir al aire y, como cada día, la conductora principal debía estar lista antes del amanecer. Pero esa vez algo no cerraba.
Jodi Huisentruit, la periodista que siempre solía llegar a tiempo, no estaba en el estudio. Al principio nadie imaginó lo que vendría después: una ausencia que, con el correr de las horas, se transformaría en uno de los casos más inquietantes de personas desaparecidas de Estados Unidos.
Jodi Sue Huisentruit nació el 5 de junio de 1968 en Long Prairie, una pequeña localidad del estado de Minnesota. Era la hija menor de Maurice y Jane Huisentruit, y creció en una familia tradicional.
Después de terminar la escuela secundaria, decidió estudiar la carrera de Comunicación en la Universidad Estatal de St. Cloud. En 1990, se graduó y comenzó a dar sus primeros pasos en el periodismo. Poco a poco, se hizo un lugar y llegó a ser una presentadora de noticias reconocida en los medios locales.
A mediados de los 90, Jodi consiguió un puesto en el canal KMIT-TV en Mason City, Iowa, donde empezó a conducir el noticiero matutino y se ganó el cariño del público.
La noche previa a su desaparición, Jodi había participado de un torneo de golf, deporte en el cual se destacaba desde chica, y luego fue a visitar a un amigo cercano para ver un video de una celebración de cumpleaños que habían organizado semanas antes.
Horas más tarde, alrededor de las cuatro de la madrugada, recibió la llamada de su productora y le dijo que se había quedado dormida, pero aseguró que ya se estaba preparando para salir rumbo al canal. Sin embargo, nunca apareció.
Huisentruit no vivía muy lejos de la redacción, pero su ausencia obligó a que otro presentador la reemplazara aquella mañana en el noticiero. Con el pasar de las horas, los integrantes del equipo de producción comenzaron a preocuparse y decidieron llamar a la Policía.
Cuando las autoridades llegaron al complejo de departamentos donde vivía la periodista, se encontraron con una escena que despertó sospechas: las llaves de su auto estaban dobladas y tiradas en el piso cerca de su vehículo; sus aros, zapatos y secador de pelo también habían quedado esparcidos por el estacionamiento. A su vez, hallaron una huella parcial de la palma de una mano en el coche que no pudo ser identificada.
De esta manera, los investigadores concluyeron rápidamente que había signos de un forcejeo y que Jodi probablemente fue interceptada segundos antes de subir al auto.
Al menos tres vecinos declararon después haber escuchado gritos durante esa franja horaria, y uno de ellos aseguró haber visto una camioneta blanca con las luces encendidas en el estacionamiento. Ese vehículo nunca pudo ser identificado ni vinculado formalmente al caso.
Desde el primer momento, la hipótesis principal fue la de un secuestro, por lo cual la Policía local, junto con agencias estatales y federales, realizó rastrillajes, recolectó pruebas y tomó declaraciones a testigos y personas del entorno de Jodi.
Con el correr de los meses, la familia decidió contratar investigadores privados que llevaron el caso a programas de televisión nacionales y mantuvieron viva la búsqueda. A pesar de que se realizaron operativos con voluntarios y se revisaron zonas rurales cercanas, ninguno de esos esfuerzos dio resultados.
Entre las primeras pistas, se conoció que Huisentruit había dado indicios de que estaba preocupada por su seguridad. Nueve meses antes de su desaparición, en octubre de 1994, presentó una denuncia policial en la que afirmaba que alguien la estaba siguiendo en una camioneta blanca. Según informó ABC News, luego de ello comenzó a tomar clases de defensa personal.
Por otra parte, también se tuvo en cuenta el testimonio de dos amigos que jugaron con ella en el torneo de golf el día anterior a ser vista por última vez. Ambos recordaron que ella había comentado que estaba pensando en cambiar su número de teléfono luego de recibir varias llamadas "acosadoras".
Ninguna de esas pistas y las entrevistas a más de mil personas lograron llevar a algún resultado concluyente sobre el paradero de Huisentruit.
Años después, la historia volvió a captar la atención pública por la aparición de copias del diario personal de Jodi, que fueron enviadas de manera anónima a un medio local. Si bien el episodio generó revuelo, no aportó datos clave.
En 2001, seis años después de su desaparición, Jodi Huisentruit fue declarada legalmente muerta, aunque su cuerpo jamás fue encontrado.
A más de treinta años de la desaparición de Jodi Huisentruit, el expediente sigue sin imputados. Sin embargo, una hipótesis reciente reavivó la expectativa de poder resolver el enigma.
Esta nueva mirada surgió a partir de la docuserie Her Last Broadcast: The Abduction of Jodi Huisentruit, donde se pone el foco en la posibilidad de que la periodista haya sido víctima de un asesino serial.
En el centro de la sospecha aparece el nombre de Christopher Revak, un hombre de Wisconsin Rapids. Las autoridades lo vinculan con al menos cinco homicidios cometidos en un período de catorce años.
Sin embargo, en 2009, Revak se quitó la vida en su celda tras ser acusado por el asesinato de Rene Williams, una camarera de Missouri. A partir de esa causa, su perfil comenzó a estar asociado a otras desapariciones de mujeres en distintos estados.
La conexión más llamativa es que María Awes, la expareja del homicida, vivía en el mismo dúplex que un amigo cercano de Jodi, John Vansice, aunque se había mudado tres meses antes de la desaparición.
Para la Policía, este cruce de vínculos mantiene abierta una cuestión clave: si esa proximidad fue una simple coincidencia o la pieza que podría finalmente explicar qué pasó con la conductora.

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