Mundo Historia de vida

Una historia de resiliencia que trascendió el trauma

Elizabeth Smart fue secuestrada en el medio de la noche de su dormitorio la madrugada del 6 de junio de 2002. Durante nueve meses fue violada por su captor

Miercoles, 21 de Enero de 2026

Cualquiera que la cruce hoy por la calle podría pensar que Elizabeth Smart es una estrella de cine. A sus 38 años, irradia una serenidad luminosa. Junto a su marido, Matthew Gilmour, y a sus hijos -Chloé, James y Olivia- construyó una vida familiar plena, marcada por el afecto y la estabilidad. Es, además, una figura pública reconocida: su historia fue llevada al documental Secuestros: Elizabeth Smart, recientemente estrenado por Netflix, donde ella misma participa del relato.

Pero esa imagen de calma y solidez no es producto del azar. Es el resultado de una de las transformaciones personales más profundas que se conozcan. Elizabeth no es famosa por lo que le ocurrió, sino por lo que hizo con eso que le ocurrió.

Criada en una familia profundamente religiosa, en el seno de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Elizabeth tuvo una infancia estructurada, amorosa y exigente. Era una adolescente aplicada, sensible, con una vocación artística muy marcada: tocaba el arpa y disfrutaba del estudio. Nada hacía prever que su vida cambiaría de manera abrupta.

El quiebre llegó en 2002, cuando aún era menor de edad. A partir de allí, Elizabeth atravesó una experiencia extrema que la expuso al miedo, al aislamiento y a una violencia imposible de dimensionar. Sin embargo, incluso en ese contexto, algo en ella se mantuvo intacto: la voluntad de sobrevivir. No desde la pasividad, sino desde una fortaleza interior que fue creciendo con el paso del tiempo.

Cuando recuperó la libertad, Elizabeth tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: no permitir que el daño definiera su identidad. Lejos de esconderse, eligió hablar. No para revivir el horror, sino para transformar su experiencia en una herramienta de cambio.

En 2006, con apenas 18 años, habló ante el Congreso de los Estados Unidos para impulsar leyes de protección a la infancia y fortalecer el sistema de alerta para menores desaparecidos. A partir de entonces, su voz comenzó a escucharse en foros internacionales, conferencias y espacios educativos. Publicó libros, participó en debates públicos y se convirtió en una referente en la lucha contra la violencia sexual.

En 2011 fundó la Elizabeth Smart Foundation, con un objetivo claro: prevenir el abuso, acompañar a las víctimas y dejar de hablar de ellas solo como víctimas. Su mensaje fue siempre el mismo: la recuperación es posible, la dignidad no se pierde y la esperanza no es ingenua, es una decisión.

Ese mismo año recibió el Diane von Furstenberg Award por su compromiso social, y fue convocada por ABC News como analista en casos de personas desaparecidas, aportando una mirada empática, informada y profundamente humana.

Hoy, Elizabeth Smart es mucho más que una sobreviviente. Es madre, esposa, activista y conferencista. Su historia no busca provocar impacto por el espanto, sino por la claridad con la que demuestra que, incluso después de la experiencia más oscura, la vida puede volver a ser elegida.

No construyó su identidad desde el trauma, sino desde la resiliencia. Y en ese gesto silencioso pero firme, se convirtió en una inspiración para miles de personas en todo el mundo.