El episodio que desató la furia del rosarino recorrió el país.
El enojo de Fito Páez en su recital de Mar del Plata, al ver que se obligaba a espectadores a permanecer sentados, se volvió viral. Horas después, en redes sociales, el músico reafirmó su postura, asociando lo vivido con un "pasado horripilante" y la "cultura represiva". Sin embargo, una fuente de la producción del show explicó a LA NACION que la indicación a seguridad era evitar que el público de atrás avanzara hacia las primeras filas, dadas las localidades numeradas y sus diferentes costos.
Aclaró que la gente podía pararse y bailar en su lugar. La fuente reconoció que algunos guardias pudieron interpretar erróneamente la orden, pidiendo a gente que se sentara, y que se corrigió en el momento.
También admitió el uso incorrecto de un láser por parte de una empleada para marcar a quienes se movían. La producción desestimó que lo ocurrido fuera un acto de represión, criticando la comparación de Páez con los años 70 y calificando su reacción como desmedida. A pesar de esto, la producción destacó la calidad artística del show.
El incidente generó opiniones divididas entre el público, algunos molestos con la interrupción de Páez y otros apoyando el respeto por las ubicaciones pagas. Una espectadora relató cómo el episodio afectó su disfrute del concierto. A pesar de la tensión, el show continuó sin más incidentes de seguridad, si bien Páez reiteró que la seguridad cuestionada no había sido contratada por su equipo y que no se arrepentía de sus palabras.