El viceministro José Luis Daza afirmó que buscan apuntalar el financiamiento privado pero sin recurrir a recetas populistas. El impacto de los impuestos en las cuotas, los plazos de los bancos y las proyecciones de cara a los comicios de 2027.
El Ministerio de Economía empezó a trazar la hoja de ruta financiera de cara al mediano plazo y dejó definiciones contundentes sobre la estrategia oficial. El viceministro de Economía, José Luis Daza, aseguró de forma tajante que el Gobierno busca impulsar el acceso al crédito y descartó de plano implementar un "plan platita" o recurrir a estímulos artificiales al consumo para mejorar el clima electoral. El funcionario remarcó que no se tomarán atajos populistas y que el verdadero objetivo es ampliar el financiamiento genuino para el sector privado, una herramienta que consideran clave para apuntalar la inversión y sostener la actividad económica.
Mirando hacia el escenario de las elecciones presidenciales de 2027, el segundo de Luis Caputo buscó llevar tranquilidad a los mercados respecto al histórico fantasma de las crisis en los años de votación.
Daza explicó que las elecciones en sí mismas no son las que desestabilizan la economía, sino los desequilibrios fiscales, externos y bancarios que los gobiernos suelen acumular. En ese sentido, sacó pecho por la gestión y afirmó que, por primera vez en cuatro décadas, el país irá a una elección con superávit fiscal, superávit externo, reservas en el Banco Central y un tipo de cambio flotante, configurando una posición macroeconómica inédita por su solidez.
Durante el análisis del escenario financiero actual, el viceministro le dedicó un párrafo a explicar por qué las tasas de interés al mostrador todavía se resisten a bajar. Según Daza, el principal motivo es el temor de las entidades financieras a que regrese la volatilidad al mercado, lo que hace que los bancos comerciales mantengan tasas de entre el 60% y el 70% por pura prudencia. A pesar de este freno, el funcionario destacó un dato positivo: el crédito a las empresas viene creciendo al 1,9% en términos reales, impulsado mayormente por préstamos de corto plazo para capital de trabajo, lo que funciona como un indicador del inicio de un rebote en la actividad económica.
El panorama cambia drásticamente cuando se analiza la situación de los créditos orientados a los individuos y las familias. En este segmento, las tasas se mantienen en niveles extremadamente altos debido a que se trata de financiamiento a más largo plazo, de tres a cinco años, donde el riesgo es mayor. El viceministro advirtió que el gran enemigo a vencer en esta cancha es el propio Estado: la enorme carga impositiva en cascada vuelve al crédito impagable para la gente de a pie, un problema estructural que prometió limpiar para generar las condiciones de estabilidad necesarias que permitan un acceso real y masivo al dinero.