Mientras los grandes capitales apuntan a los beneficios del RIGI, el sector privado mira con atención la liquidez récord e inactiva de los activos financieros del organismo..
Mientras la energía, la minería y el agro concentran buena parte de las inversiones privadas impulsadas por los beneficios del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), otros sectores de la economía argentina continúan atrapados en una prolongada falta de financiamiento. La construcción, el mercado inmobiliario y gran parte de las actividades orientadas al consumo interno siguen sin encontrar el impulso necesario para despegar.
Ante este escenario, empresarios, bancos y referentes del mercado de capitales comenzaron a mirar hacia un actor con una enorme capacidad financiera: el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, que actualmente administra activos por más de 75.000 millones de dólares.
La propuesta ganó fuerza durante el último congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), donde el economista Miguel Kiguel planteó la necesidad de utilizar parte de esos recursos para impulsar créditos hipotecarios, proyectos inmobiliarios e infraestructura.
"El FGS tiene recursos y hoy prácticamente no participa en el financiamiento de la economía real", sostuvo Kiguel, quien atribuyó la falta de utilización del fondo a una decisión ideológica del Gobierno, que prioriza una menor intervención estatal en los mercados.
Desde el sector financiero aseguran que el organismo podría convertirse en una pieza clave para revitalizar el crédito hipotecario UVA. La idea consiste en que el FGS compre instrumentos financieros respaldados por carteras de créditos hipotecarios, generando liquidez para que los bancos otorguen nuevos préstamos.
También existen propuestas para direccionar parte de esos fondos hacia proyectos de infraestructura vinculados al desarrollo energético, especialmente en áreas donde el sector privado ya está avanzando, como las redes de transporte necesarias para acompañar el crecimiento de los hidrocarburos no convencionales.
Los defensores de esta estrategia recuerdan que el fondo previsional ya cumplió ese rol en otras etapas de la economía argentina, financiando proyectos emblemáticos como Atucha II, centrales térmicas y diversas obras viales e hídricas.
El exdirector del FGS, Santiago López Alfaro, respaldó técnicamente esta alternativa y aseguró que el organismo tiene facultades para invertir en fideicomisos, bonos corporativos y otros instrumentos con oferta pública y calificación de riesgo, incluyendo paquetes securitizados de créditos hipotecarios.
Sin embargo, cualquier discusión sobre el uso de los recursos del fondo reabre un debate político de fondo: cuál debe ser el rol del FGS y hasta dónde pueden utilizarse sus activos sin afectar su función principal de respaldar el sistema previsional.
La discusión cobró relevancia luego de que el Gobierno intentara incluir en la Ley Bases la posibilidad de vender parte de las acciones que el Estado posee en empresas privadas a través del fondo. La iniciativa finalmente fue eliminada del proyecto tras la resistencia de gobernadores y bloques opositores, manteniéndose vigente la legislación que exige una mayoría especial del Congreso para autorizar cualquier desprendimiento de esos activos.
Mientras tanto, los números muestran una transformación significativa del portafolio. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, el patrimonio del FGS pasó de 41.184 millones a 75.492 millones de dólares, impulsado por la valorización de los activos argentinos.
Sin embargo, ese crecimiento estuvo acompañado por una mayor concentración en títulos públicos nacionales, que hoy representan más del 78% de la cartera, y por una fuerte reducción de los programas de créditos y financiamiento productivo. Los préstamos ANSES, por ejemplo, pasaron de representar el 3,4% del fondo a apenas el 0,3%, mientras que los proyectos productivos e infraestructura redujeron su participación relativa casi a la mitad.
En paralelo, la cartera accionaria del organismo también se reconfiguró. Actualmente, las inversiones están fuertemente concentradas en los sectores energético y financiero, que representan cerca del 80% de las acciones en poder del Estado, dejando una participación marginal para actividades vinculadas a la construcción y los bienes raíces.
Con una economía que avanza a distintas velocidades, el debate sobre el uso de los recursos del FGS vuelve a instalarse en el centro de la escena. Para algunos, se trata de una herramienta clave para reactivar el crédito y la inversión. Para otros, cualquier movimiento sobre el fondo previsional debe realizarse con extrema cautela para no comprometer el respaldo futuro del sistema jubilatorio.