La baja de tasas achicó el margen del carry trade y una suba relativamente moderada del dólar ya alcanza para borrar la ganancia esperada
El carry trade fue una de las estrategias más rentables para buena parte de los inversores durante largos tramos del último año, pero el escenario empezó a cambiar a medida que las tasas en pesos fueron perdiendo atractivo. La maniobra es conocida: vender dólares, colocarse en instrumentos en pesos aprovechando tasas más altas y, al final del recorrido, volver a recomprar divisas con la expectativa de terminar con más billetes que al comienzo.
El problema es que esa cuenta hoy depende mucho más que antes de que el dólar permanezca calmo, porque el rendimiento que ofrecen las colocaciones a tasa fija ya no otorga el mismo colchón de protección frente a cualquier rebote cambiario.
Eso explica por qué empezaron a crecer las dudas alrededor de una estrategia que hasta hace poco parecía casi natural dentro del menú financiero argentino. No se trata de que el carry haya desaparecido ni de que el mercado esté descontando un salto inminente del tipo de cambio, sino de algo más puntual y más importante para el inversor: la relación entre riesgo y retorno se deterioró.
Cuando las tasas pagaban bastante más, una suba moderada del dólar podía ser absorbida sin que el resultado final se volviera negativo. Ahora, con rendimientos mensuales bastante más bajos, ese margen de tolerancia se achicó de manera evidente.

El hecho ocurrió en la escuela Islas Malvinas. Jazmín Miqueo Cuello Luna estaba jugando en el patio. Fue trasladada al hospital, pero falleció tras pasar dos días internada.
El carry sigue vivo pero con reglas más duras
La principal diferencia respecto de meses anteriores es que el inversor ya no puede mirar sólo la tasa nominal que paga una LECAP o una BONCAP y dar por hecho que el negocio cierra. Hoy, la pregunta relevante es cuánto puede subir el dólar durante el período de inversión sin comerse la renta en pesos. Esa es la cuenta que realmente importa, porque el resultado final del carry depende de esa carrera entre tasa y tipo de cambio.
En los instrumentos más cortos, la exigencia queda a la vista: la S30A6, que vence el 30 de abril de 2026, arroja un retorno de 1,4% en dólares si el tipo de cambio de salida se ubica en $1.400, pero ya marca una pérdida de -2,1% con un dólar a $1.450. En forma directa: una suba acotada del dólar ya borra toda la ganancia esperada.
En la S29Y6, que vence el 29 de mayo, ocurre algo parecido, dado que el retorno pasa de 3,1% con un dólar a $1.400 a -0,5% con uno de $1.450. Es decir, el punto en el que la maniobra deja de rendir aparece bastante cerca.
La T30J6, que vence el 30 de junio, todavía conserva algo más de margen, pero tampoco demasiado, ya que rinde 1,5% si el dólar de salida fuera $1.450, aunque pasa a -1,8% si escalara hasta $1.500. A medida que los vencimientos se estiran, la protección aumenta, pero no al punto de volver irrelevante el riesgo cambiario.
La S31G6, que vence el 31 de agosto, ofrece 2,1% con un dólar de $1.500, pero cae a -1,2% con uno de $1.550, mientras que la S31L6 marca 0,0% con un dólar de salida de $1.500, una cifra que funciona como un break even bastante elocuente para el lector general.
En el tramo algo más largo, la situación mejora: la S30O6 sigue rindiendo 2,7% con un dólar de $1.550 y queda apenas en -0,5% con uno de $1.600.
Por su parte, la S30N6 todavía muestra 1,9% con un dólar a $1.600 y cae a -1,2% con uno de $1.650. Más adelante aparecen papeles como la T15E7, con un retorno de 1,7% incluso si el dólar subiera hasta $1.650, aunque también queda en terreno negativo si llegara a $1.700.
Recién en los vencimientos de abril, mayo y junio de 2027 la cobertura se vuelve más robusta: la T30A7, la T31Y7 y la T30J7 todavía muestran ganancias de 3,4%, 5,4% y 6,8%, respectivamente, aun con un dólar de salida de $1.750.
El carry todavía funciona si el dólar sigue quieto o sube poco, pero en el tramo corto ya alcanza con una corrección relativamente moderada para que la cuenta deje de cerrar. Eso obliga a ser mucho más selectivo y también más prudente a la hora de presentar la estrategia como una apuesta sencilla o casi automática.
Conclusiones sobre lo que viene para el carry trade
En casi todos los ejemplos, el patrón se repite:
Tramo corto (1 a 3 meses): el negocio deja de cerrar si el dólar sube a la zona de $1.450.
Tramo medio: el límite se estira hacia $1.500 / $1.550.
Tramo largo: tolera niveles más altos ($1.600+), pero ya con rendimientos muy ajustados.
La baja de tasas cambió toda la ecuación
Este nuevo mapa de retornos no salió de la nada, ya que detrás hay un cambio concreto en el nivel de tasas que paga hoy el mercado en pesos. En la nota publicada por iProfesional se remarca que los rendimientos de las LECAP y BONCAP se movieron en las últimas semanas hacia una zona de apenas 1,6% a 2% mensual, muy por debajo de lo que ofrecían tiempo atrás y también de la inflación registrada en marzo, que fue de 3,4% mensual en el índice general.
Eso no implica que el carry se evalúe mirando la inflación, porque el eje central de la maniobra sigue siendo la comparación contra el dólar, pero sí ayuda a entender por qué el mercado empezó a percibir que la renta en pesos se volvió demasiado baja. Cuando el rendimiento cae a esa magnitud, cualquier movimiento cambiario algo más intenso que el previsto empieza a tener un poder mucho mayor para licuar la ganancia.
Durante buena parte de 2025 y del inicio de 2026, el carry resultó atractivo porque combinaba tasas altas con un dólar relativamente estable. Esa combinación permitía capturar retornos en moneda dura aun sin asumir un salto grande de plazo.
Ahora el escenario es otro: las tasas se comprimieron, el tipo de cambio luce bajo en términos reales y el espacio para que el dólar se mueva dentro del esquema oficial no desapareció. Por eso, la estrategia dejó de ser cómoda.
El dólar está lejos del techo de la banda y eso suma riesgo
Uno de los puntos más relevantes es que el tipo de cambio oficial mayorista opera alrededor de 23% por debajo del techo de la banda de flotación. Ese dato no implica que el dólar necesariamente vaya a recorrer toda esa distancia, pero sí significa que conserva margen para subir sin que el Banco Central tenga que intervenir con ventas de reservas de manera automática.
Para el inversor en pesos, esa realidad es importante porque reduce la sensación de resguardo. Si el dólar estuviera muy cerca del límite superior de la banda, el mercado podría asumir que el potencial de suba es acotado o que la autoridad monetaria estaría más cerca de actuar.
En cambio, con una distancia tan amplia, el carry queda más expuesto a la posibilidad de que el tipo de cambio corrija una parte de ese atraso sin encontrar un freno inmediato.
Sobre ese punto, Salvador Vitelli, líder de research de Romano Group, advirtió que desde que arrancó el esquema de bandas cambiarias nunca se necesitaron tantos meses de carry para cubrir la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el techo de la banda. Según su cálculo, hoy hacen falta once meses de tasas para no perder frente al dólar en el escenario hipotético de que la cotización suba hasta ese máximo permitido.
La observación no busca instalar un escenario extremo como el más probable, sino mostrar hasta qué punto la baja de tasas redujo el poder de cobertura que antes brindaban los instrumentos en pesos.
El consenso sigue viendo calma cambiaria
A pesar de esas alertas, la mayoría de los analistas no plantea que el carry deba abandonarse de inmediato por una expectativa de salto inminente del dólar. De hecho, el consenso sigue proyectando relativa calma cambiaria al menos hasta mediados de año, apoyada en dos factores concretos: la liquidación de la cosecha gruesa, que incrementa la oferta de divisas, y la continuidad de las compras de reservas por parte del Banco Central, que ya acumula más de u$s6.000 millones en lo que va del año, de acuerdo con la nota citada.
Ese telón de fondo ayuda a entender por qué la estrategia todavía no desapareció de las carteras. Si el mercado cree que el tipo de cambio oficial seguirá estable o incluso con cierto sesgo de apreciación del peso durante los próximos meses, entonces el carry conserva algo de sentido.
Ahí es donde empiezan a endurecerse las recomendaciones: la consultora Outlier afirma que "el carry trade ya no luce tan atractivo" para ningún perfil de inversión, ni siquiera para los más agresivos, precisamente por la combinación de tasas bajas y dólar oficial deprimido frente al techo de la banda. Por eso, sugiere cerrar posiciones en moneda doméstica y dolarizar gradualmente la cartera a través de CEDEARs y bonos soberanos en dólares del tramo largo.
Para quienes necesiten seguir en pesos, la misma consultora no propone simplemente quedarse en tasa fija, sino buscar otras variantes más defensivas. En ese grupo aparecen bonos CER de mediano plazo, como TX26 o TZXO6, además de instrumentos de liquidez como money market o LECAP con vencimiento no mayor a junio.
Una lectura semejante aparece en Cohen Aliados Financieros, donde Juan José Vázquez, líder de research, recomienda tomar ganancias de manera gradual en las posiciones en pesos y seguir como termómetro la capacidad del Banco Central para mantener su racha de compras de reservas. Mientras esa dinámica continúe, el carry podría seguir vigente.
En la misma línea se ubica Martín Genero, analista de Clave Bursátil, quien sostiene que los rendimientos actuales de los bonos en pesos ya no justifican nuevas recomendaciones de compra en moneda doméstica y que, en un contexto de dólar bajo, luce razonable empezar a rotar desde esos instrumentos hacia deuda soberana en dólares.
Qué debería mirar el ahorrista
Para el público general, toda esta discusión puede resumirse en una idea muy concreta: el carry trade ya no se define sólo por la tasa que paga el instrumento, sino por cuánta suba del dólar es capaz de tolerar antes de arruinar el resultado final.
Esa es la pregunta que hoy debería hacerse cualquier inversor antes de vender dólares para pasarse a pesos.
Por eso, la inquietud que crece en la City responde a un cambio real en la ecuación: la maniobra sigue siendo posible, pero exige mucha más precisión y mucha menos complacencia que antes. Mientras el dólar permanezca calmo, el carry todavía puede dejar ganancias, sobre todo en ciertos tramos de la curva. Pero con tasas más comprimidas, el error se paga más caro y el margen para equivocarse se volvió notoriamente más chico.
Fuente: Iprofesional