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La NASA rastrea a El Niño: una señal oceánica crucial que advierte sobre un impacto climático extremo

La agencia espacial estadounidense detectó alteraciones profundas en las aguas del Pacífico ecuatorial, donde hubo un aumento térmico de 1,7 °C y un desnivel de hasta 40 centímetros

Lunes, 19 de Octubre de 2026

Los satélites de la NASA están monitoreando el desarrollo del fenómeno de El Niño más intenso desde 1950 en el Pacífico ecuatorial, observando cambios en la altura del mar, la temperatura del agua y el color oceánico. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en octubre un 83% de probabilidad de que este evento esté en curso.


El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre cada dos a siete años, caracterizado por temperaturas del agua elevadas en el Pacífico ecuatorial. Sus efectos impactan los vientos alisios, la distribución del calor oceánico, los patrones de lluvia y el nivel del mar, afectando a comunidades costeras, agricultores y bomberos a nivel mundial.


La observación satelital permite seguir el proceso desde su origen. Los científicos interpretan el nivel del mar, la expansión de aguas cálidas y la variación del fitoplancton como indicadores de una transformación con potencial impacto en el clima global.


En enero de 2026, satélites detectaron una onda Kelvin, una masa de agua cálida que se mueve lentamente, trasladando calor a través del Pacífico. Estas ondas pueden debilitar o invertir los vientos alisios, elevando el nivel del mar en el Pacífico oriental y calentando aún más las aguas, lo que marca el inicio de El Niño. Para abril, las ondas Kelvin habían llegado al Pacífico oriental, elevando la temperatura de la superficie del mar y el nivel del agua en algunas zonas hasta 40 centímetros. Simultáneamente, el nivel del mar disminuyó entre 15 y 20 centímetros en Indonesia y el norte de Australia.


Josh Willis, científico de la NASA, compara las ondas Kelvin con "el latido del corazón de El Niño", y los satélites de medición del nivel del mar permiten observar cada uno de esos pulsos. Desde 1993, la altimetría satelital, complementada por los satélites Sentinel-6 y la flota de sensores de la NOAA, ha sido crucial para medir la altura del océano.


Actualmente, el Pacífico oriental está 1.7 ? por encima de su promedio histórico. Los satélites con radiómetros de microondas e infrarrojos han cartografiado esta franja de agua más cálida, que se ha expandido por millones de kilómetros cuadrados. Este calentamiento oceánico influye en la atmósfera, generando tormentas y alterando los patrones climáticos globales.


El color del agua también ha cambiado, volviéndose más azul en el Pacífico ecuatorial, lo que indica una disminución del fitoplancton, las plantas microscópicas que forman la base de la cadena alimentaria marina. Este cambio se debe a que el debilitamiento de los vientos alisios reduce el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes, privando al fitoplancton de alimento. Esta reducción puede afectar a toda la red trófica marina.


El fenómeno actual es el primero desde el lanzamiento del satélite PACE en 2024. Este satélite monitorea el fitoplancton y otros cambios en el color del océano. Los datos de PACE muestran una contracción de la zona verde a lo largo del ecuador en el Pacífico occidental, reemplazada por tonos más azules, lo que confirma la disminución del fitoplancton.


La NASA continuará monitoreando El Niño, ya que "nos afecta a casi todos de alguna manera cada vez que ocurre", según Willis. "Miramos al océano para comprender el porqué".