Durante las primeras horas del 31 de agosto, los habitantes de la ciudad china fueron testigos de un amanecer inusual con tonalidades rojizas y rosadas.
Durante unos pocos minutos, el cielo de Changzhou, Jiangsu, se tiñó de intensos rosas y rojos al amanecer, un espectáculo visual de siete u ocho minutos magnificado por grandes nubes oscuras. Este fenómeno, aunque extraordinario, no fue sobrenatural; se debió a la interacción entre la posición del sol, la alta humedad y las partículas de agua en la atmósfera, que realzaron el contraste con las nubes de tormenta.
Científicamente, esto se explica por la dispersión de Rayleigh: al amanecer, cuando el sol está bajo, sus rayos atraviesan una capa atmosférica más densa. Las longitudes de onda cortas (azules, violetas) se dispersan, permitiendo que las más largas (amarillos, naranjas, rojos, rosas) dominen. En Changzhou, la situación se intensificó por una atmósfera extremadamente húmeda, precursora de mal tiempo. Las gotas de agua y partículas alteraron la reflexión de la luz entre las capas de nubes, recibiendo las nubes un flujo rojizo predominante del horizonte, según la Met Office.
Este colorido amanecer fue el preludio de un temporal severo. Veinte minutos después, la ciudad experimentó lluvias intensas. El Servicio Meteorológico había emitido una alerta amarilla por precipitaciones superiores a 100 mm en seis horas. Los registros confirmaron la magnitud: entre el 30 y 31 de agosto, el acumulado promedio fue de 57 mm, con picos de hasta 150 mm en Henglin. En Weicun, se registraron 61,1 mm en una hora, provocando inundaciones.
Aunque la creencia popular asocia cielos rojos con tormentas inminentes, la NOAA advierte que el color por sí solo no es un indicador infalible, pues depende de la posición solar y la presencia de aerosoles. Sin embargo, en esta ocasión excepcional, la luz del amanecer y la proximidad de un sistema de baja presión convergieron, ofreciendo un breve cielo rosa que, con precisión, anticipó la fuerza del temporal.