La OIEA presentó una plataforma global que reunirá mediciones de laboratorios de distintos países bajo protocolos comunes. Servirá para resolver uno de los mayores problemas al estudiar los microplásticos:
Los microplásticos son contaminantes omnipresentes, hallados en todo el mundo. Sin embargo, la dificultad para dimensionar el problema radica en la falta de estandarización en su búsqueda y medición a nivel global. Para abordar esto, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lanzó la Plataforma Mundial de Vigilancia del Medio Marino de NUTEC Plastics. Este repositorio digital permitirá a laboratorios de distintos países cargar información sobre microplásticos en mares y costas, utilizando protocolos armonizados para muestreo, separación e identificación de partículas.
Científicos de 65 países participaron en la presentación de esta iniciativa, que ya ha capacitado a más de 400 especialistas y ha provisto equipos a más de 80 naciones. La estandarización es crucial, ya que las diferencias en las metodologías actuales impiden comparar estudios de diferentes regiones. Un ejemplo de esto es el tamaño mínimo de partícula considerado, que puede alterar significativamente los resultados. Una propuesta reciente en *Water Research* sugirió un umbral unificado de 100 micrómetros para mejorar las comparaciones globales.
El desafío es inmenso: el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que anualmente entre 19 y 23 millones de toneladas de residuos plásticos llegan a los cuerpos de agua, cifra que podría triplicarse para 2040 si no se toman medidas. Actualmente, se calcula que entre 75 y 199 millones de toneladas de plástico se acumulan en los océanos.
Una parte de este plástico se fragmenta en microplásticos, cuya capacidad de dispersión es sorprendente. Investigadores argentinos demostraron que partículas de ciudades patagónicas pueden viajar por la atmósfera y alcanzar la península antártica en 24 a 48 horas, detectándose incluso en la base Carlini. El Mar Argentino tampoco es ajeno a este fenómeno; una expedición científica documentó residuos plásticos a casi 4.000 metros de profundidad en el fondo oceánico, los cuales pueden fragmentarse en microplásticos e incorporarse a las redes tróficas marinas.
El objetivo ahora no es solo demostrar la presencia de microplásticos, sino medirlos de manera comparable, seguir su evolución e identificar dónde aumentan o disminuyen. La plataforma del OIEA busca transformar miles de mediciones dispersas en una visión global de una contaminación que ha trascendido fronteras.
Ejemplos gráficos de esta dispersión se encuentran en el Atlántico Sur. Investigadores de la UBA y la UNLP confirmaron que los microplásticos patagónicos pueden llegar a la Antártida. Además, una expedición con el robot SuBastian halló residuos en el margen continental argentino a profundidades de hasta 4.000 metros. Estos hallazgos establecen una "línea de base" y refuerzan la necesidad de monitoreos continuos y protocolos comparables que la plataforma global del OIEA busca facilitar.