El profesor de música croata Frane Selak se convirtió en un mito viviente tras esquivar siete accidentes fatales, desde caídas de aviones hasta barrancos. Su increíble golpe de suerte en la lotería y la lección de vida que dejó al final.
La vida de Frane Selak parece guionada por Hollywood, pero ocurrió en la realidad. Este profesor de música croata, nacido de forma prematura en una barca en 1929, se ganó el apodo del hombre con más y menos suerte del mundo. A lo largo de tres décadas, Selak logró salir prácticamente ileso de siete accidentes devastadores que costaron la vida de decenas de personas, convirtiéndose en un verdadero enigma para la ciencia y la probabilidad estadística.
El primer gran desafío del croata llegó en 1962, cuando el tren en el que viajaba descarriló, cayó a un río y provocó la muerte de 17 pasajeros. Selak logró romper la ventanilla y nadar hasta la orilla con un brazo fracturado, siendo el único sobreviviente de su vagón. Al año siguiente protagonizó un hecho aún más insólito: salió despedido de un avión en pleno vuelo tras abrirse la puerta de emergencia y aterrizó a salvo sobre un pajar junto a una azafata, mientras la aeronave se estrellaba matando a 19 personas. Pocos años después, en 1966, el colectivo en el que viajaba patinó sobre el hielo y cayó desde un puente a un río, cobrándose cuatro vidas, pero él volvió a escapar a nado sufriendo apenas unos rasguños.
Los años setenta y noventa no le dieron tregua en las rutas. En dos oportunidades distintas, sus autos particulares se incendiaron en pleno viaje, logrando escapar segundos antes de que los tanques de nafta explotaran, aunque una de las veces el fuego le quemó el pelo. Ya en 1995 fue atropellado por un colectivo en Zagreb y salió caminando, pero su última gran hazaña ocurrió en 1996, cuando un camión de las Naciones Unidas lo obligó a desviar su coche en una ruta de montaña. Su vehículo cayó por un desfiladero de 100 metros, pero él logró saltar a tiempo y quedarse colgado de la rama de un árbol, mirando desde las alturas cómo su auto se hacía pedazos en el fondo del abismo.
Después de pasar media vida esquivando a la muerte, la fortuna decidió compensarlo de una manera completamente diferente. En 2003, justo dos días después de festejar su cumpleaños número 74, Selak decidió comprar un billete de lotería y, contra todos los pronósticos, se quedó con el premio mayor de 800.000 euros, el equivalente a casi un millón de dólares. Lejos de guardarse el dinero, el croata se compró una mansión, un yate y un auto deportivo, pero también le regaló 24 autos a sus amigos más cercanos y prestó fortunas sin pedir nada a cambio.
Sin embargo, el dinero no le trajo la paz mental que buscaba tras tantos años de adrenalina. Convencido de que los bienes materiales eran lo menos importante en este mundo, en 2010 tomó la drástica decisión de vender todas sus propiedades, repartir el dinero restante entre su familia y regresar a su modesta casa en la localidad de Petrinja para vivir junto a su quinta esposa, Katarina. Selak falleció pacíficamente en 2016 a los 87 años, dejando atrás una historia tan fantástica que, a pesar del escepticismo de algunos historiadores, quedó grabada como el relato de supervivencia más espectacular de todos los tiempos.