Posee laberintos y túneles de hasta 10 kilómetros de extensión y es una de las formaciones geológicas más singulares de Medio Oriente.
En la región más austral de Israel, cerca del mar Muerto, se encuentra Malham, la cueva de sal más grande del mundo, con más de 10 kilómetros de extensión bajo el monte Sodoma. Sus galerías, pasadizos y cámaras han sido moldeados durante milenios por la acción del agua, creando un paisaje único de cristales de sal, estalactitas saladas y túneles en constante evolución debido a la erosión.
Esta caverna, ubicada en el desierto de Judea, se formó por la evaporación de antiguos cuerpos de agua que dejaron depósitos de sal. A diferencia de otras cuevas, las de sal pueden modificarse con relativa rapidez, y las escasas lluvias del desierto provocan cambios constantes en su estructura interna, ofreciendo siempre nuevos hallazgos a los investigadores.
Malham, además de su importancia científica, tiene un gran atractivo cultural y religioso. El monte Sodoma y sus alrededores están asociados a relatos bíblicos, como la ciudad de Sodoma y la historia de la esposa de Lot.
El acceso a la caverna está regulado y requiere guías debido a las condiciones del terreno. Se llega desde las ciudades israelíes cercanas al mar Muerto, a través de rutas que atraviesan el desierto de Judea.
Argentina también cuenta con cuevas notables, como el sistema cavernario Cuchillo Curá en Neuquén, con formaciones geológicas y biodiversidad subterránea; la Cueva de las Manos en Santa Cruz, famosa por sus pinturas rupestres; y las Cuevas de Ongamira en Córdoba, con senderos y vistas panorámicas.