Se trata de 30 urogallos cantábricos, una especie emblemática criados en cautiverio en España, pero la mayoría murió a causa de depredadores.
Hace unos meses, España apostó por la recuperación del urogallo cantábrico, una de las aves más representativas y amenazadas del país. Como parte de un programa de conservación realizado por el Centro de Cría de Valsemana, 30 ejemplares criados en cautiverio fueron liberados en la provincia de León con el objetivo de reforzar las escasas poblaciones que aún sobreviven en la cordillera Cantábrica. Sin embargo, el proyecto terminó enfrentando un serio contratiempo que puso en evidencia las dificultades de proteger a una especie al borde de la desaparición.
La experiencia se llevó a cabo en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Alto Sil, uno de los territorios considerados clave para la conservación de la especie. El objetivo no era únicamente aumentar el número de estos animales en libertad, sino también evaluar cómo se adaptaban aves nacidas bajo condiciones controladas antes de plantear futuras liberaciones a mayor escala.
Antes de ser soltados, los urogallos atravesaron un proceso de adaptación progresiva. Los ejemplares fueron distribuidos en cinco grupos y permanecieron durante semanas en recintos de aclimatación para familiarizarse con el entorno natural. La fase inicial resultó prometedora y la mayoría de la especie logró superar los primeros días en libertad.