Un hombre perdió la vida al ser picado por cientos de ellas.
La chaqueta amarilla es una avispa que en los últimos años se volvió cada vez más conocida fuera del ámbito científico y ambiental, sobre todo a partir de episodios graves registrados en distintas zonas de la Patagonia.
Su nombre técnico es Vespula germanica y se trata de una especie exótica, es decir, no originaria de la Argentina. Llegó a América del Sur en la década de 1970, fue introducida en Chile en 1974 y, con el paso del tiempo, se expandió hacia distintos territorios del país, en especial áreas cordilleranas y parques nacionales. Fue vista por primera vez en la Argentina en 1980, según reportes científicos.
A simple vista, suele ser confundida con una abeja. Sin embargo, presenta diferencias claras: su cuerpo es negro con bandas amarillas bien definidas, simétricas, y tiene un vuelo rápido y errático. A diferencia de las abejas, la chaqueta amarilla no pierde el aguijón al picar, lo que le permite atacar más de una vez. Además, tiene mandíbulas fuertes con las que también puede morder, un rasgo que incrementa su peligrosidad en situaciones defensivas.
El riesgo que representan las chaquetas amarillas quedó expuesto días atrás en Neuquén, donde un hombre de 67 años murió tras ser atacado por estos insectos. La víctima estaba cortando leña cuando, de manera accidental, golpeó un panal y fue picada en múltiples ocasiones. Según informaron los médicos que lo asistieron, falleció como consecuencia de un shock anafiláctico, una reacción alérgica grave que puede producirse tras la picadura de himenópteros como avispas y abejas.
Se trata de un insecto social que vive en comunidades numerosas. Construye nidos colectivos, también llamados panales, que pueden encontrarse tanto bajo tierra como en la vegetación, árboles, arbustos o estructuras cercanas a viviendas y campamentos. Pero estos panales no se asemejan a los de una abeja melífera, parecen más unas burbujas fabricadas con tierra que una obra arquitectónica de la naturaleza. En algunos casos, esos nidos quedan ocultos, lo que aumenta el riesgo de encuentros accidentales durante actividades cotidianas como caminatas, trabajos rurales, tareas de jardinería o excursiones turísticas.
Uno de los factores que vuelven más riesgosa a esta especie es su comportamiento estacional. Durante gran parte del año, las chaquetas amarillas no suelen mostrarse excesivamente agresivas. Sin embargo, en otoño, su conducta cambia: aumenta la actividad predadora y defensiva, y los ataques se vuelven más frecuentes ante cualquier perturbación del entorno del nido. Golpear accidentalmente un panal, pisarlo o acercarse demasiado puede desencadenar un ataque grupal.