En el 16° Foro de ABECEB, la mano derecha de Luis Caputo admitió que la calidad de la expansión económica es baja y que existe "mucha impaciencia", pero defendió el modelo al señalar que las inversiones anunciadas superan con creces los procesos históricos de la región. En paralelo, el BCRA defendió el efecto "derrame" de las exportaciones.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció este jueves que el crecimiento económico de la Argentina se ubica por debajo de las expectativas iniciales del Gobierno y admitió que la calidad de dicha expansión es baja, si se tienen en cuenta las condiciones generadas a partir de los cambios regulatorios impulsados por la gestión libertaria. Sin embargo, el funcionario se mostró optimista de cara al largo plazo y aseguró que es complejo hallar en el mundo un país con el potencial productivo local.
Durante su exposición en el 16° Foro de ABECEB -en el marco de la entrevista titulada "La visión económica del Gobierno y las perspectivas de crecimiento de Argentina"-, Daza señaló que, a pesar de la desaceleración, "levemente se está empezando a recuperar el crédito y la masa laboral", lo que le permite renovar el optimismo que ostentaba a comienzos de año.
Para graficar su perspectiva a futuro, el viceministro comparó el proceso local con el modelo chileno tras la salida de la dictadura de Augusto Pinochet, destacando el valor de sostener políticas de Estado pro mercado más allá de los cambios de signo político. No obstante, fue contundente al dimensionar las proyecciones financieras: "El 96% de lo que está en carpeta está por delante. Estamos en la etapa de siembra. Hay una impiciencia muy grande", afirmó, al tiempo que contrastó los US$50.000 millones que generó en 40 años el decreto L 600 en la minería chilena frente a los US$200.000 millones anunciados en la Argentina para la próxima década.
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Las reservas internacionales descendieron a US$49.642 millones luego de que el Tesoro abonara más de US$800 millones al organismo multilateral. Con los fondos de la tercera revisión trabados hasta diciembre, el equipo económico enfrenta el desafío de reunir divisas clave para evitar mayores tensiones cambiarias.
Consultado sobre el temor de los inversores y la lógica de impaciencia de la ciudadanía frente a ingresos que dificultan cubrir los gastos cotidianos, Daza reconoció la complejidad del escenario. "Todo nuestro trabajo es por la empatía, para ayudar a los más pobres, pero sin populismo y sin atajo", justificó, y remarcó que el principal obstáculo a vencer es la incertidumbre institucional ante el miedo a un cambio en las reglas de juego en el país que más tiempo pasó en recesión.
Las declaraciones del número dos de Hacienda sintonizaron con las brindadas previamente en el Faena Art Center por el vicepresidente del Banco Central (BCRA), Vladimir Werning. El funcionario de la autoridad monetaria defendió la rentabilidad del sector exportador al asegurar que genera "un efecto derrame fuertísimo" en el plano cambiario, liberando al resto de los sectores de planificar devaluaciones recurrentes en un ciclo de crecimiento estructural sin crisis cambiarias.
A su vez, Werning destacó el surgimiento de un sector de servicios apalancado en los encadenamientos de la energía y la minería. Estas posturas oficiales se producen en medio de los esfuerzos de la Casa Rosada por articular a las grandes empresas cobijadas bajo el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) con el entramado productivo tradicional, un reflejo de los desafíos que impone la disparidad sectorial en materia de empleo en un contexto de baja demanda interna y presión de las importaciones.