Mendoza Por Fernando Reyes

Santa Marta: la pregunta mal dirigida

El futuro del Hogar Santa Marta se está discutiendo con más ruido político que información.

Miercoles, 4 de Noviembre de 2026

El futuro del Hogar Santa Marta se está discutiendo con más ruido político que información. Y es una lástima, porque detrás del debate hay dos preguntas que importan: cómo cuidamos mejor a nuestros mayores y cómo hace Mendoza para crecer sin dejar dormido su patrimonio. Esas son las preguntas que deberíamos estar respondiendo.

Empecemos por lo básico. El hogar es una institución provincial. El proyecto para permutar el terreno por una nueva residencia lo impulsa el Gobierno de la Provincia, ya tiene media sanción en Diputados y ahora lo define el Senado. Esa es la cadena de decisión. Quien quiera pedir explicaciones sobre la tasación, el procedimiento o el destino del inmueble sabe adónde dirigirse.

Por eso llama la atención que algunas voces hayan puesto el foco en el intendente de la Ciudad, Ulpiano Suarez. En una columna reciente, Sergio Bruni le reclama que se pronuncie y hasta le propone condiciones para la operación. Bruni es ex asesor del hoy condenado Daniel Orozco y actual miembro de los equipos técnicos de Luis Petri. La condena es de Orozco, no de Bruni, y tiene derecho a opinar como cualquiera. Pero cuando alguien con esa trayectoria política le exige explicaciones a un dirigente por un proyecto que no le pertenece, es legítimo preguntarse qué se busca: ¿aclarar el debate o correrlo de lugar?

El planteo tiene además un problema de lógica. No se le puede pedir a un intendente que fije las condiciones de una operación sobre un inmueble que no es de su jurisdicción. Lo que sí le corresponde a la Ciudad es el ordenamiento urbano, y eso se ejercerá cuando haya un proyecto concreto sobre la mesa, con planos, alturas y usos. Mezclar las dos cosas sirve para el discurso, pero no para entender quién decide qué.

Que el debate esté mal enfocado no significa que no haya preguntas válidas. Los vecinos quieren saber cuánto vale el terreno, bajo qué reglas se licitará y qué se podrá construir. Son dudas razonables, y la mejor respuesta es la transparencia: valuación pública, bases de licitación claras, controles y un tratamiento legislativo sin apuro. Un proyecto serio no le teme a esas preguntas; las responde.

Mientras tanto, conviene no perder de vista lo central. Un edificio de más de cien años, por más querido que sea, tiene límites para ofrecer lo que hoy exige la atención de los adultos mayores: rehabilitación, espacios diferenciados para quienes tienen deterioro cognitivo, accesibilidad, lugares de recreación. Una residencia nueva y más grande puede dar mejor respuesta, y que el terreno actual sirva para financiarla es una forma inteligente de usar un recurso que hoy está quieto. Con una condición que no debe discutirse: nadie se muda hasta que la nueva residencia esté terminada y lista.

Mendoza necesita desarrollarse, y hacerlo empieza por animarse a decidir con reglas claras. Se puede cuidar a los mayores y a la vez pensar la ciudad que queremos. Lo que no sirve es convertir cada decisión pública en una oportunidad para pegarle a un dirigente que, en este caso, ni siquiera tiene la decisión en sus manos.


Nota de Mdz: link