Analistas Editorial por Mateo Coria

La macro respira, la micro se asfixia

Mientras la Bolsa celebra, los bonos mejoran y el riesgo país perfora mínimos, la economía real sufre los efectos de la sequía de liquidez, la alta presión fiscal y el atraso cambiario. El desafío de evitar que el orden macroeconómico ahogue al sector productivo.

Domingo, 20 de Setiembre de 2026

?La rueda financiera de hoy no tuvo mayor intensidad afuera, pero dejó otra foto favorable para la macroeconomía argentina. Bajaron los commodities, Estados Unidos mostró una inflación al límite junto a tasas altas por más tiempo y, aun así, el impacto local fue marginal. El mercado cambiario sigue quieto; la Secretaría de Finanzas renovó los vencimientos sin sobresaltos, todo a tasa; YPF colocó deuda a niveles que no registraba hace once años; los bonos sostienen su valor y el riesgo país perfora su menor nivel en un mes.

?Hasta ahí, la foto de la City es impecable. Pero abajo, en la economía real, la película es otra.

?Porque si el Estado absorbe toda la liquidez y seca la calle, la micro se funde. Es matemática pura.

?Hoy la tasa de interés para préstamos corporativos ronda el 35%, y para las pymes trepa aún más. El Gobierno aspira los pesos mediante licitaciones y encajes bancarios exigentes. No queda margen para financiar capital de trabajo, renovar maquinaria o sostener inventarios. La pyme que necesita girar en descubierto asume costos prohibitivos; el comercio que busca vender en cuotas se queda sin financiamiento.

?Y mientras la liquidez desaparece, la presión tributaria no cede un solo centímetro: Ingresos Brutos, IVA, Ganancias y tasas municipales se mantienen en los mismos niveles asfixiantes de las peores crisis. El discurso oficial promete alivio fiscal, pero en las ventanillas de ARCA la realidad es otra.

?ARCA, justamente, no perdona. Ante una demora mínima caen embargos, inhibiciones y retenciones automáticas. El organismo exhibe una eficiencia implacable para recaudar, pero carece de la misma agilidad a la hora de devolver saldos a favor o brindar planes de pago viables al contribuyente que quiere regularizar su situación y no puede porque el propio Estado le secó la plaza.

?Pareciera que el único objetivo admisible es el superávit. Y el equilibrio fiscal es innegociable; constituye el ancla indiscutible de todo el esquema. Sin embargo, urge un mínimo de empatía operativa con las empresas que financian ese resultado.

?El Estado debe aprovechar ese colchón fiscal para dar aire: aliviar la carga tributaria, abrir planes de facilidades razonables y frenar la judicialización automática sobre quienes intentan ponerse al día. Parte de ese esfuerzo fiscal debe oxigenar a la microeconomía, que es la única capaz de generar empleo genuino y recaudación sustentable en el tiempo.

?La Bolsa porteña puede celebrar el desempeño de YPF y un barril de crudo en torno a los US$ 101. Los títulos soberanos pueden consolidar su recuperación. El Banco Central puede seguir sumando divisas y exhibir reservas en máximos de siete años. Todo eso es real y debe ponderarse: el país salió de terapia intensiva.

?Pero pasó a una sala de rehabilitación sin oxígeno. Con la macroeconomía en orden y la economía real ahogada.

?Mientras el mapa global cotiza en rojo, Argentina saca la cabeza del agua. El dilema es cuánto tiempo podrá sostenerla si en la base productiva se castiga al que invierte, emplea y tributa para mantener el andamiaje en pie.

?Como ya hemos advertido en este espacio: el rumbo de orden fiscal es el acertado y los indicadores financieros lo avalan. Pero desatender la trinchera productiva amenaza con desbaratar lo conseguido, justo en el momento en que comienzan a ingresar divisas.

?A este panorama se suma el ancla cambiaria: un tipo de cambio que corre muy por detrás del costo argentino. La inflación en pesos sigue impactando en alquileres, salarios, tarifas energéticas y fletes interurbanos. Todo sube en moneda local mientras la divisa permanece contenida. Por más meritoria que sea la desaceleración del IPC, un dólar retrasado erosiona el rendimiento de cualquier negocio.

?La ecuación no cierra: el exportador pierde ingresos reales, el importador amplía sus márgenes y el productor del interior -obligado a asumir costos locales en alza para colocar su producción a un tipo de cambio bajo- queda fuera de competencia antes de salir a la cancha.

?El esquema actual combina el dólar como ancla, absorción total de pesos, presión tributaria del primer mundo y sanciones ejecutivas inmediatas, sumado a un atraso cambiario que lima la competitividad día tras día.

?Sin eufemismos: si el programa económico no quiere quedar reducido a un veranito financiero con desenlace traumático, necesita soltarle la soga al sector productivo. La macro sin microeconomía no es más que una planilla de cálculo. Y las planillas de cálculo no generan empleo, ni evitan que el desencanto vuelva a abrirle la puerta al populismo que destruyó al país.