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Las Leonas juegan la final del Mundial ante el rival más difícil, pero tienen con qué creer

El equipo argentino se enfrenta este sábado, desde las 11, a Países Bajos, insuperable en los últimos años y que será local, a cancha llena en Amstelveen; televisa ESPN 2

Sabado, 29 de Agosto de 2026
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Las Leonas van este sábado por el tercer título de su historia. Con la ilusión intacta y conforme a las obligaciones que implica un equipo que es institución del deporte argentino, se enfrentan al rival más exigente de la Copa del Mundo que concluye este fin de semana en Bélgica-Países Bajos y que vio acción en ambas ramas en simultáneo. Justamente ese rival es el equipo neerlandés, el N° 1 del ranking de la Federación Internacional de Hockey (FIH), el tricampeón mundial en ejercicio, el bicampeón olímpico vigente... El más difícil, el de una variante de jugadoras que intimida, que no pierde un partido en un Mundial desde la final del 2010 (con las Leonas) y que jugará a estadio colmado, lógicamente, con predominio naranja. El Wagener de Amstelveen estará a pleno. Se miden desde las 11, con televisación de ESPN 2.

El equipo argentino sabe que tiene por delante una oportunidad distinta. Porque Países Bajos es su gran verdugo de época, el que lo amargó en todas las últimas grandes finales, las más frescas, la del Mundial 2022 en la que el equipo europeo se impuso por 3 a 1 y la de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (disputados en 2021 a raíz de la pandemia) en la que de nuevo las neerlandesas se quedaron con la medalla dorada por idéntico resultado. Pero las Leonas están distintas.

La salvedad es que ahora, y desde hace algunos años también, las jugadoras argentinas ponen en palabras el foco ineludible que implica el trabajo diario de achicar la distancia que tienen las neerlandesas con los demás. En Países Bajos, además de las condiciones naturales y el talento de sus jugadoras, la infraestructura es la ideal y las comodidades no son problema porque están garantizadas. Eso no es un dato menor: en el país donde el hockey se vive como en pocos lugares y en el cual a los chicos se les da un palo y una bocha como en Argentina se les daría una pelota de fútbol, hace su parte. Sin contar que Países Bajos, además, tiene la mejor liga del mundo.

Poner esa preocupación en palabras les permite mantener la mirada fija en lo que no las puede distraer. Y justamente por allí viene el salto de calidad que las Leonas esperan poder plasmar ante el equipo neerlandés este sábado. Ya no se puede atacar por atacar a Países Bajos y arriesgar yerros que salen carísimos. La base fundamental de todo será la defensa. Si las Leonas construyen sobre esa convicción tendrán muchas chances de volver a festejar un título del mundo. Lo mostraron en el camino que recorrieron hasta acá, con la carta fuerte de semifinales en la que supieron ser pacientes contra una renovada y audaz Australia a la que vencieron por 1 a 0 con gol de Julieta Jankunas. Países Bajos, por el contrario, avanzó por la mínima ante su vecino y coanfitrión Bélgica, en Bélgica, con final polémico. A pocos minutos del epílogo a las Red Panthers les anularon un gol por obstrucción que hasta el final del día la FIH se preguntaba cómo podía ser.

Para esta generación de Leonas, la que tiene a la cabeza a muchas de las campeonas del mundo junior hace 10 años en Chile, crecidas y consolidadas, pero aún hambrientas de este logro máximo, cerrar esta edición levantando la copa sería un premio maravilloso. No solo por ellas, sino por la tracción que implicaría a nivel deportivo y social. Hace 26 años, tiempo exacto desde que las Leonas surgieron como tal en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, el hockey sobre césped es el deporte más practicado por mujeres en la Argentina. Ese legado, que implica mística, juego y valores, fue la semilla fundacional para muchas de estas jugadoras. Que entonces eran muy chiquitas... O incluso ni habían nacido. Y que le permite soñar a cada niña o niño que decide incursionar en la disciplina.

La primera consagración argentina en un Mundial de mayores queda lejos en tiempo y espacio. Perth, Australia, en 2002, con esas Leonas fundacionales, un equipo excepcional y el sabor de la primera vez. La otra fue más acá, también en tiempo y en espacio: Rosario, Argentina, en 2010, con un grupo que "volaba" y con la máxima figura subida a la ola del éxtasis en su propia casa: Luciana Aymar, la mejor jugadora de la historia levantó la copa a pocas cuadras de donde nació.

Este tiempo, que parece propicio y necesario, podría tener reservada su magia. Con la vibra aún impregnada del Mundial de fútbol (y a esto se refirieron muchos las jugadoras antes de viajar) y la identificación con la selección argentina, por entrega, sacrificio y resiliencia aún cuando el juego puede no aparecer, las Leonas, que también son orgullo nacional, saben cómo alimentarse. Porque si algo no negocian jamás es ese amor amor propio que sostiene la ilusión y la defensa máxima de una camiseta que no les permite menos. El desafío es máximo. Ante el máximo rival. Y otra cosa no se puede discutir: saben ser unas fieras.

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