Con la transferencia de Florián Monzón a Atlas, el club suma una nueva venta surgida de sus inferiores al mercado internacional y ratifica una política que convirtió a su cantera en una de las más rentables del fútbol argentino
La venta de Monzón también reafirma una tendencia. En un contexto económico complejo para el fútbol argentino, Vélez convirtió la formación de futbolistas en su principal fuente de recursos. En apenas una década acumuló numerosastransferencias al exterior y buena parte de ellas tuvieron como protagonistas a jugadores surgidos de las inferiores, muchos de los cuales dejaron Liniers antes de alcanzar su madurez deportiva.
El caso más emblemático continúa siendo Thiago Almada. El enganche, campeón del mundo con la selección argentina, fue vendido a Atlanta United en una operación de 14,5 millones de euros por la totalidad de su ficha, cifra que todavía encabeza el ranking histórico del club en el período reciente. Detrás aparecen Santiago Castro, vendido a Bologna por 13,2 millones de euros, y Máximo Perrone por 11 millones, al Manchester City.
La lista continúa con Christian Ordóñez, que pasó a Parma por 9,75 millones de euros y otros. En ese grupo también aparecen dos de las joyas más recientes de la cantera. Gianluca Prestianni fue transferido a Benfica por 9 millones de euros, con objetivos que pueden elevar la cifra, mientras que Álvaro Montoro pasó a Botafogo por 7,90 millones más bonos por rendimiento. Ambos dejaron el club antes de cumplir los 20 años y confirmaron la capacidad de Vélez para sostener una producción constante de talento.
La historia siguió este mismo año con Maher Carrizo. Ajax compró el 50% de su ficha por 6 millones de euros y acordó una opción para adquirir otro 40% en cinco millones adicionales. Si el club neerlandés ejecuta esa cláusula, la transferencia escalará varios puestos entre las ventas más importantes de la institución. Desde 2019 hasta la actualidad, Vélez rozó los 100 millones de euros en transferencias de futbolistas nacidos en su cantera.
Ahora se suma Monzón. A diferencia de otros nombres de la lista, el delantero alcanzó a consolidarse como titular antes de emigrar, a tal punto que relegó a un histórico como Braian Romero. Su explosión llegó durante el último torneo, en el que convirtió seis goles en 14 partidos y despertó el interés de clubes europeos y mexicanos. Finalmente, Atlas presentó la propuesta económica más conveniente tanto para el futbolista como para Vélez.
El denominador común de todos esos casos es el mismo. La mayoría atravesó un proceso similar: debut temprano, pocos partidos en Primera y una rápida salida hacia mercados con mayor poder económico. En varios casos ni siquiera llegaron a completar dos temporadas en el plantel profesional antes de ser transferidos.
Ese fenómeno explica por qué la Fábrica mantiene una reputación difícil de igualar en el fútbol argentino. En los últimos años no solo produjo futbolistas de selección, como Almada o Perrone, sino también una generación de enganches y volantes ofensivos que encontró continuidad en el exterior. Luca Orellano, Prestianni, Montoro y Carrizo forman parte de esa línea sucesoria que convirtió a Vélez en una referencia para el desarrollo de talento.
Sin embargo, no todas las historias terminaron con un beneficio económico para el club. La gran excepción fue Thiago Fernández. Considerado uno de los proyectos con mayor proyección de la cantera y pieza importante del equipo campeón de la Liga Profesional 2024, el mediocampista decidió no renovar su contrato y se marchó en condición de libre a Villarreal, a principios de año, tras ser colgado.
Su salida dejó una fuerte sensación de oportunidad perdida. Vélez no recibió dinero por un futbolista que aparecía como una futura venta millonaria y cuya negociación atravesó meses de conflictos entre el entorno del jugador y la dirigencia.
Ese episodio quedó como la gran mancha dentro de un modelo que, más allá de excepciones, continúa mostrando resultados. Mientras varios clubes argentinos necesitan vender futbolistas consolidados para equilibrar sus cuentas, Vélez mantiene una cadena de producción que le permite colocar juveniles en el exterior de manera permanente. Cambian los nombres, cambian los destinos y también los montos, pero el origen permanece inalterable.

Tiene 19 años y apenas suma 25 partidos con la camiseta xeneize, pero genera contagio en sus compañeros, muestra rebeldía en la adversidad y tiene futuro de selección