El hombre, que convivía con el detenido en la casa de barrio Cofico, relató la secuencia de las horas previas a la desaparición. Aseguró que la víctima y el imputado se conocían desde hacía tres años y que la madre de la menor le pidió ayuda de madrugada ante la desesperación.
El círculo íntimo y habitacional de Claudio Gabriel Barrelier comenzó a aportar datos espeluznantes a la causa que investiga el femicidio de Agostina Vega. Un amigo cercano del único imputado, quien además compartía la vivienda de la calle Juan del Campillo al 800, rompió el silencio y ofreció un pormenorizado relato sobre los movimientos del acusado previos y posteriores al asesinato de la adolescente de 14 años. Su testimonio no solo sacó a la luz un vínculo de extrema confianza previa entre el agresor y la familia de la víctima, sino que incorporó un elemento sospechoso:la alteración de la escena dentro de la casa mientras la menor era intensamente buscada.
El testigo, cuya identidad se mantiene bajo estricta reserva por seguridad, derribó la hipótesis de un ataque al voleo al confirmar que Melisa Heredia, madre de Agostina, y Barrelier mantenían una relación de amistad desde hacía aproximadamente tres años. Según describió, el trato diario era fluido y los hijos de Heredia solían jugar y reír con el acusado con total naturalidad. El sábado previo a la desaparición, ambas familias compartieron la jornada en un complejo de fútbol y luego asistieron juntos a un cumpleaños, antes de que los caminos se separaran cerca de las 21:00, momento en el que Barrelier se retiró argumentando que visitaría a una amiga.
Un detalle que llamó la atención del testigo durante la tarde en las canchas de fútbol fue un intercambio directo entre la adolescente y el detenido. El hombre recordó haber escuchado a Agostina pedirle el número de teléfono celular a Barrelier, una solicitud que el imputado rechazó en ese instante bajo la mirada cercana de la madre de la menor, una secuencia que la fiscalía analizará a la luz de los registros tecnológicos secuestrados.
"El domingo a las 11:30 regresé a la propiedad. Fui hacia la cocina para ver si encontraba a Claudio o a su mujer para avisarles que estaba con un amigo, pero no vi a nadie y nunca me respondieron los mensajes. Lo que me llamó poderosamente la atención es que en la cama de mi habitación habían puesto un acolchado color clarito que no había visto nunca; las colchas que yo dejé el sábado al mediodía eran grises", detalló el conviviente.
Este sorpresivo recambio de ropa de cama se acopla a los peritajes simultáneos que la Policía Judicial de Córdoba viene ejecutando en la vivienda, orientados específicamente a la detección de rastros biológicos y proyecciones de sangre que liguen el dormitorio con la mecánica del crimen. El testigo abandonó el inmueble pocas horas después de notar la anomalía para acoplarse a los rastrillajes vecinales en plazas y calles, una cruzada desesperada que se activó a las 5:00 de la madrugada cuando la madre de Agostina lo llamó llorando ante la desaparición de su hija.
Al ser consultado sobre la actitud de Barrelier durante las horas de mayor incertidumbre, el amigo fue tajante al confirmar que el sospechoso no colaboró en absoluto con los operativos de búsqueda ni acompañó a la madre a la Unidad Judicial a radicar la denuncia formal. Finalmente, al hacer referencia al escandaloso antecedente de mayo de 2025 por el que Barrelier había sido detenido tras secuestrar y maniatar a otra mujer, el testigo afirmó que el imputado le había mentido descaradamente sobre su pasado criminal, asegurándole que aquella causa de privación ilegítima de la libertad se trataba en realidad de "una cama por un tema político".