El Gobierno impulsa medidas de control y ajustes fiscales para contener los aumentos en los precios de insumos esenciales y evitar nuevos impactos.
El registro del 5,2% de inflación mayorista en abril sorprendió dentro y fuera de los despachos oficiales. Javier Milei y Luis Caputo justificaron rápidamente ese avance de los precios: fue culpa del shock en el mercado petrolero, tras la explosión de la guerra en Medio Oriente.
De hecho es así. El efecto del salto en el precio del barril de crudo Brent -de u$s65 a u$s110- fue clave para entender el estrés del índice.
"Las divisiones Petróleo Crudo y Gas, Productos Refinados del Petróleo, Productos de Caucho y Plástico y Sustancias y Productos Químicos aportaron 4,4 puntos porcentuales de los 5,2 puntos porcentuales del nivel general", detalló el ministro Luis Caputo.
Sin embargo, el argumento del titular del Palacio de Hacienda deja entrever el riesgo de acá para adelante, en materia inflacionaria.
Y es, ni más ni menos, los denominados "efectos de segunda vuelta" que siguen, en este caso, a la disparada del valor del petróleo a nivel internacional.
El Presidente tuvo una reacción inmediata ante el resultado de la inflación mayorista. No se conformó con explicar el principal motivo del golpe sobre los precios.
Milei dio un discurso técnico ante financistas, convocados por el Banco de Valores, donde reafirmó el compromiso de un exigente plan monetario para ganar la guerra contra la inflación.
Ahí fue taxativo: "Tenemos la acumulación de reservas, pero la contracara es que, si nosotros expandimos esa emisión, genera inflación. Por lo tanto, esterilizamos".
El jefe de Estado agregó: "Hay que elegir cómo se paga el seguro. O se paga con mayor inflación, que es un impuesto altamente regresivo; o se paga con tasa de interés y lo compensamos con una política fiscal todavía mucho más austera. Es decir, que el seguro lo pague el Estado achicándose".
Milei está convencido de que debe ser duro desde la política monetaria, que no hay margen para expandir nada. Es la misma idea de siempre, pero ahora reforzada por el shock de precios internacional.
El proceso de desinflación depende de la estabilidad del tipo de cambio. Un punto que, en el mercado, no existen dudas para el corto y mediano plazo. El dólar a $1.400 no debería moverse bajo el actual contexto local e internacional.
Eso no significa que, más adelante, haya más dudas entre los inversores, sobre todo si el Gobierno no logra bajar la inflación minorista del 2% mensual.
Justamente, con esa realidad, ahora la cuestión son las medidas en curso para llegar a ese objetivo. Empezando por el régimen monetario, que ya es bien estricto.
En primer lugar, el atraso impositivo en los combustibles y el virtual congelamiento en los surtidores -con 45 días de vigencia tras un ajuste de apenas el 1,5-1,8%. "Una decisión que posterga una corrección que los costos ya han incorporado", dice el último informe a clientes de Eco Go.
En simultáneo, la decisión de aumentar los subsidios al gas en el mes de mayo evita un salto tarifario que habría impactado de lleno en el rubro Vivienda.
Según Marina Dal Poggetto, de trasladarse íntegramente el valor del barril Brent y normalizarse la carga tributaria, el precio de la nafta debería alcanzar los $2.602 por litro. Representaría un salto del 23,3% respecto a mayo y aportaría una presión directa de un punto porcentual al nivel general de precios.
"Esta medida sólo transfiere el costo al fisco sin resolver el desequilibrio de fondo. Ambas estrategias logran anclar el número de inflación en lo inmediato, pero ninguna elimina la corrección pendiente", dice Dal Poggetto.
Así, Milei sumó una serie de "recaudos" de manera urgente para tratar de contener la inflación: apretar más la emisión, postergar actualización del impuesto a combustibles y elevar el subsidio al gas.
En las últimas dos semanas hubo grandes fábricas de alimentos que actualizaron sus listas de precios, con aumentos por encima del promedio de los últimos meses.
Algunas consultoras, como EconViews, de Miguel Kiguel, midió un 1% la semana pasada, por encima de las semanas previas.
Hay incrementos que están aplicando compañías líderes -desde Molinos Río de la Plata a Arcor y Mastellone- que van desde el 4% y llegan hasta el 17%, como es el caso de una marca reconocida del arroz blanco.
Para un solo mes, estos ajustes son en promedio más elevados que los de los últimos tiempos.
La "buena noticia" para el Gobierno -y también para los consumidores- es que el precio de la carne se mantiene sin grandes modificaciones. Algo que sin dudas ayudará a enfriar el índice de inflación de mayo.
Según el REM, la inflación de este mes volverá a superar cómodamente el 2%.
Los incrementos de mayo, a la hora de hablar de algunas fábricas de primera línea, arrancan en el 3% que la empresa Mastellone aplicó a sus productos. Supermercadistas advierten que en el caso de esta compañía, las subas de este tenor suelen ser mensuales.
Algo similar a lo que sucede en el negocio de los aceites, que este mes remarcaron sus valores un 5%, en línea con lo que ocurre mes a mes.
A diferencia de los meses anteriores, donde los alimentos básicos se mostraban contenidos -con excepción de la carne vacuna- en mayo se nota un movimiento más agresivo en las listas de precios de parte de empresas de primera línea, como las mencionadas más arriba.
El dato más llamativo es el del arroz blanco, con alzas de entre 10% y el mencionado 17%, según las distintas presentaciones.
En el caso de los lácteos, las remarcaciones llegan al 8%. Los que más suben son yogures, postrecitos y leche en polvo.
Entre las distintas marcas de café instantáneo, las subas promedian el 7%. Un registro llamativo teniendo en cuenta que el dólar no sólo se mantiene por debajo de los $1.400 sino que incluso cotiza más abajo.

Los bancos tienen fondeo de sobra, pero se mantienen muy cautos por el pico de morosidad que se registró en la primera parte del año. Por ahora privilegian préstamos de corto plazo a compañías de primera línea o con avales firmes