El flujo de inversiones del exterior en moneda local crece, pero la magnitud actual evita presiones como las registradas en la crisis pasada
Los inversores extranjeros poseen más de u$s3.700 millones en activos financieros en pesos. La cifra, correspondiente al cierre de 2025, implica un incremento del 85% respecto a los u$s2.000 millones que tenían a finales de 2024 y un crecimiento del 165% en comparación con diciembre de 2023, tras la asunción de Javier Milei. En teoría, la participación y la tendencia alcista implican un riesgo para el tipo de cambio y para el mercado financiero en general, pero en este momento, a diferencia de otros períodos, no hay señales de alarma.
El monto fue relevado en las últimas horas por el Banco Central. En una exposición realizada en Washington, el vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning, precisó que al cierre de 2025 la tenencia de instrumentos en pesos por parte de extranjeros ascendía a u$s3.700 millones. La cifra está compuesta por casi u$s2.000 millones en bonos del Tesoro y los poco más de u$s1.700 millones restantes corresponden a instrumentos del BCRA.
El equipo de research de PPI estima que las tenencias de activos financieros en moneda doméstica siguieron creciendo este año. Sostiene que durante los primeros meses de 2026 hubo "nuevos jugadores internacionales que se sumaron al trade local", especialmente entre enero y febrero. Por lo tanto, en este momento la posición total debería ser mayor y se reflejaría en los próximos informes oficiales.
El crecimiento en la tenencia de activos locales está impulsado por el carry trade, estrategia en la que inversores locales o externos venden dólares para posicionarse en instrumentos en pesos con la expectativa de que las tasas de interés avanzarán más que el tipo de cambio y, de esta manera, en determinado momento recomprar más divisas con la ganancia. La maniobra podría implicar riesgos para el mercado cambiario, pero dependerá del comportamiento de los inversores, que se moverán en base a la rentabilidad y las expectativas.
En teoría, una participación numerosa de inversores posicionados en pesos para estrategias de carry trade contiene un riesgo para el mercado cambiario: un eventual cierre masivo de posiciones, disparado por alguna noticia o mal síntoma en el mercado financiero, conllevaría un salto abrupto en la demanda de dólares, lo que se traduciría en presiones cambiarias. El temor es mayor cuando hay una gran porción de inversores extranjeros, debido a la presunción de que apuntarán a dolarizar rápidamente y regresar el dinero a su país de origen, mecanismo planeado previamente.
Sobre todo, teniendo en cuenta experiencias del pasado reciente que impactaron de manera contundente sobre el tipo de cambio y todo el mercado financiero local. Por ejemplo, entre 2018 y 2019, bajo la presidencia de Mauricio Macri, distintos factores locales y externos generaron salidas masivas de fondos extranjeros, en un contexto en el que además había libre acceso al mercado de cambios y a los movimientos de capitales. Las salidas causaron fuertes devaluaciones y crisis financiera que derivaron en tensiones económicas y políticas que frustraron la continuidad de Macri hacia un segundo período de mandato.
El riesgo actual es mucho menor al que enfrentó el expresidente Macri. Para empezar, ahora están vigentes varios controles cambiarios para empresas, lo que reduce la entrada y salida de capitales. Además, el orden macroeconómico actual y el buen flujo de divisas ayudan a reducir eventuales tensiones financieras. Otro punto, y muy relevante, es la diferencia en el volumen de participación: mientras ahora la tenencia de activos en pesos por parte de extranjeros es de más de u$s3.700 millones, en 2017 ascendía a u$s30.700 millones.
Es decir, la participación actual de inversores extranjeros en el mercado local es poco más del 10% respecto a la que había a mediados del gobierno de Macri. En aquel momento, la capacidad de "llevarse puesto" al tipo de cambio por una salida masiva de los inversores era significativamente mayor. Ahora, en cambio, el impacto sería bastante menor y, en tal caso, se combinaría (para bien o para mal) con lo que hagan los inversores locales.
Además, según el economista Gabriel Caamaño, el carry trade "no distingue nacionalidad y los que más corren siempre son los locales". Incluso, cuestiona la costumbre de hacer la distinción de orígenes de los inversores: considera que no hay nacionalidad al momento de medir rendimientos y riesgos. Afirma que ahora el cepo para individuos es muy flexible, por lo que tanto extranjeros como locales desarmarían posiciones si prevén pérdidas. La diferencia está, resalta, en los inversores institucionales, sobre los cuales aún rigen controles cambiarios.
"Depende de qué tan intempestivo sea el desarme de posiciones en pesos. Si desarman muchos a la vez, tanto extranjeros como locales, tendremos presiones sobre las tasas de interés y tipo de cambio al mismo tiempo. Pero esas cosas no pasan porque sí: tiene que haber algo que lo gatille y haberse pasado de rosca con bajas de tasas de interés y apreciación real de la moneda. Nadie va a desarmar sin motivos: debe aparecer un ruido o algo que alinee expectativas negativas en el mercado. Por ahora, no lo veo", afirma Caamaño.
Pero, de acuerdo con Caamaño, "el riesgo siempre está". Estima que el aporte en ese sentido es la apreciación de la moneda que hubo durante el primer trimestre del año y las bajas en las tasas de interés, lo cual se dio de manera rápida y simultánea. Pero el riesgo también se reduce por la ausencia de fuertes ruidos políticos este año, que no es electoral, y las abultadas compras de reservas por parte del Banco Central, ayudan a acotar el temor. Por lo tanto, descarta un desarme masivo de posiciones en pesos en lo que resta del año, aunque podría darse de manera parcial.
Matías De Luca, líder de research de Parakeet Capital, resalta que la tenencia actual de instrumentos financieros en pesos por parte de inversores extranjeros es de apenas 10% respecto a la época de Macri y, si bien Argentina es un mercado chico que se mueve con poco volumen, el potencial riesgo dista mucho del que había entre 2017 y 2019. No descarta algunos desarmes de posiciones en moneda doméstica para este año, lo que le daría cierto impulso al tipo de cambio, pero "nada dramático".
De Luca destaca que las fuertes compras de reservas del BCRA y los flujos de dólares ayudan a disipar los riesgos. Por ahora, sostiene, es poco probable que haya un sobresalto en lo que resta de 2026: el disparador sería un shock político, pero este año no es electoral. Por lo tanto, no podría descartarse un movimiento fuerte para el próximo año, en caso de que crezca la expectativa de un regreso del kirchnerismo al Poder.
"Con pocos inversores extranjeros, los principales demandantes de dólares son los argentinos. Si los argentinos compran dólares ahora, ¿qué hace con ellos? ¿Se los llevarán al colchón? No creo. Haber hecho eso en los últimos dos años resultó carísimo. A lo sumo, comprarán dólares y con eso después irán a un bono, Obligación Negociable o algún fondo. En definitiva, esas divisas terminarían en el Tesoro o las compraría el Banco Central. Al final, la foto sería que el balance del sector público y BCRA seguiría mejorando, lo que reduciría los incentivos a una corrida", resalta De Luca.
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En el Ejecutivo sostienen que el tema es prioritario por su impacto sobre las cuentas públicas, pero reconocen que están lejos de cerrar un entendimiento político que abarque al mismo tiempo a los bloques dialoguistas y a las universidades.