Analistas Por Claudio Jacquelín

Kicillof, entre los lobos K y el pastor mediático

El gobernador se encuentra bajo presión del cristicamporismo; la apuesta de sectores peronistas a Dante Gebel también abre interrogantes en La Plata; ¿puede tocar la base mileísta?

Viernes, 24 de Abril de 2026

Por fuera (o a causa) de los tropiezos políticos, sociales y económicos del Gobierno han empezado a pasar cosas que, de a poco, alteran la dinámica política nacional, hasta ahora hegemonizada por los éxitos y desaciertos del oficialismo libertario. Nada que amenace la estabilidad ni la gobernabilidad, pero algo que sí modifica el escenario y el horizonte.

Después de ser el partido del poder, de dos décadas de hegemonía kirchnerista, de perder cinco de las últimas seis elecciones nacionales y con el más bajo nivel de representación legislativa y el menor control territorial desde la recuperación a la democracia, el peronismo se mueve, se agita y se retuerce en busca de no terminar como una confederación declinante de fuerzas provinciales y de volver a ser una alternativa de Gobierno.
Detectan a un funcionario del Gobierno con propiedades y sociedades sin declarar en Estados Unidos

Las disputas están alcanzando picos de agresividad y exposición que no encuentran registro desde 1983 dentro de lo que es o, mejor dicho, de lo que alguna vez fue el hegemónico universo kirchnerista, pero también más allá de esa burbuja a punto de estallar. Ni siquiera la conflictividad llegó a tanto cuando el peronismo debió encarar la renovación tras la derrota ante Raúl Alfonsín, la primera en su historia sin estar proscripto su líder.

En ese campo de batalla, empieza a ser desafiado abiertamente y desde varios flancos el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que hasta ahora era el único candidato probable a presidente del peronismo, de acuerdo con las encuestas de imagen y los germinales sondeos sobre intención de voto.

El cristicamporismo por un lado y un muy heterogéneo conglomerado, en el que confluyen políticos y sindicalistas peronistas con exdeportistas y exdirigentes de otras fuerzas, por otro, le disputan la instalación al mandatario.

Kicillof ha quedado en estos días en medio de zarpazos de los lobos K y de la instalación mediática del pastor (o predicador), radicado en Estados Unidos, Dante Gebel. Un trabajo de pinzas no coordinado, que los primeros realizan de manera frontal y desembozada y el otro de forma tangencial y colateral. Aunque no son los únicos que lo ponen en aprietos.

El Gobierno nacional es en la práctica la gran amenaza para las aspiraciones de Kicillof, no ya como adversario en 2027, sino por el fuerte impacto negativo que está teniendo en las arcas provinciales el efecto de la actual política económica y el recorte de la aportes, por el cual hay en marcha un caso en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Según datos que esgrime el gobierno provincial, en febrero pasado la caída en la coparticipación que recibe la provincia fue de 100.000 millones de pesos respecto del mismo mes del año anterior. Y la pérdida total de recursos (por aportes nacionales, incluidos transferencias interrumpidas y obras paralizadas, más ingresos propios) alcanzaría a los 22 billones de pesos.

No obstante, eso corre por otro andarivel y le sirve a Kicillof de argumento para la construcción de su figura como antagonista del presidente libertario. También, como víctima de un programa que está afectando a amplios sectores del conurbano, por el cierre de empresas, los despidos y la caída del consumo.

La ofensiva K

Aun en medio de esa disputa con el gobierno nacional, el viaje a la cumbre progresista iberoamericana realizado en España por el gobernador pareció ser la señal de largada para los ataques abiertos y frontales del kirchnerismo.

Los golpes le llegaron a través de algunos dirigentes sobre los que Cristina Kirchner ejerce sus habilidades de ventrílocua, como el senador Oscar Parrilli, y de prominentes camporistas como la diputada provincial y exintendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien aspira a quedarse con la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

A eso sumó el proyecto de declaración de la emergencia alimentaria en la provincia, presentado por el pintoresco y polémico exintendente y ahora senador provincial Mario Ishi, a quien la expresidenta puso en la línea de sucesión bonaerense al impulsar su nombramiento como vicepresidente primero de la Cámara alta. Para los kicillofistas se trata de un golpe bajo el cinturón: mientras el gobernador busca derivar en la Nación la responsabilidad por los problemas que padecen los bonaerenses de menos recursos, Ishii lo hace responsable.

Delicias de las guerras fratricidas.

"Detrás de todo esto está Cristina. No tenemos ninguna duda de que es ella la que motorizó los ataques, con la manija que le dan los camporistas. Los volvió locos que Axel fuera recibido y apoyado en un ámbito que creían propio, sobre todo cuando fue elogiado por Lula. Esa no es la causa de todos los ataques, sino la gota que rebalsó el vaso. Expuso el ocaso y tocó la inmensa vanidad de Cristina", dice uno de los funcionarios más cercanos a Kicillof, con quien coinciden un estrecho colaborador de la vicegobernadora Verónica Magario y un intendente que integra de Derecho al Futuro, la línea interna que apoya al gobernador, enfrentada con La Cámpora.

El viaje obró como detonante (o excusa) pero hay otras razones que vienen de más lejos y están vinculadas con la condena y la detención domiciliaria que restringe la libertad y la actividad política de la expresidenta, así como la ruptura total de todo vínculo entre el hijo biológico y quien alguna vez fuera el hijo político de Cristina Kirchner, hoy devenidos en una especie de Caín y Abel en grado de tentativa. O los Cristian y Eduardo Nilsen, de Borges, sin necesidad de ninguna intrusa.

Como se lo enrostró explícitamente en un chat Mayra Mendoza, los cristicamporistas acusan a Kicillof de no solidarizarse suficientemente ni demandar de forma más contundente por la anulación de esa condena y la liberación de Cristina Kirchner.

El peso del encierro y la pérdida de la centralidad se estarían haciendo cada día más insoportables para la expresidenta, tanto como la ausencia de un operativo clamor que solo se aleja y se diluye, lo que afecta al camporismo, cuyos dirigentes no son propietarios de mucho más que del declinante poder delegado de la madre del jefe de su agrupación.

De alguna manera eso mismo es lo que planteó el amanuense Parrilli, quien con el argumento de que Cristina Kirchner está proscripta y no legalmente condenada, instaló la posibilidad de un llamado a votar en blanco si ella no recupera sus derechos políticos. Parrilli, además, anunció que la vieja guardia camporista está en marcha para frenar cualquier candidatura mientras la condena a su jefa siga firme. Ad aeternum. Aunque no se quedó ahí. Advirtió que si "Cristina está proscripta, el próximo presidente [peronista] va a durar poco".

En una sola oración el exsecretario general de la Presidencia puso a la expresidenta a la par de Perón y a Kicillof en un pie de igualdad con Héctor Cámpora. Habrá que ver si el paralelismo gusta a sus jefes. Cristina ha expresado demasiadas críticas al fundador del peronismo y Máximo Kirchner y sus seguidores tienen por numen al efímero presidente nacido en San Andrés de Giles. Para los que lo ignoran vale aclarar que se trata del nombre completo de una ciudad bonaerense. No de un adjetivo para calificar a algunos allí nacidos o a los reivindicadores del mandatario al que Perón sacó de escena.

La guerra del cristicamporismo contra Kicillof no se circunscribe a las redes sociales y a los medios de comunicación. Tiene efectos prácticos más concretos. La Legislatura bonaerense es un terreno minado para la escualidez legislativa del gobernador y la ausencia de colaboración de La Cámpora y el tradicional vaivén del massismo, que en su ambigüedad y en su beneficio siempre termina más cerca de la casa-prisión ubicada en San José 1111 que de La Plata.

Ahí duermen, anestesiados por el cristicamporismo, proyectos imperiosos para la construcción política de Kicillof y de los intendentes que lo apoyan, como la habilitación para la re-re-reelección de los jefes comunales, la instauración de las elecciones primarias abiertas obligatorias y simultáneas para cargos provinciales y la implementación de la boleta única.

La guerra fratricida promete más capítulos. Sin embargo, Kicillof no se anima a dar el paso crucial de romper con sus adversarios internos, tanto que mantiene en su cargos a varios ministros o directores del camporismo, lo que dilata y complica la posibilidad de avanzar hacia la conquista de otros apoyos en el peronismo fuera del declinante círculo kirchnerista.

La determinación para apostar por su propio destino es una de las incógnitas que abundan sobre el gobernador bonaerense en un universo peronista fragmentado, con interés diversos y en muchos casos antagónicos, que solo se suele ordenar ante quien tenga dotes, actitud y poder real para ejercer un liderazgo.

Del Norte y ¿del cielo?

El origen kirchnerista de Kicillof, su orientación ideológica y su trayectoria menos afines a la tradición peronista, por otra parte, dan lugar a diversas apuestas. Algunas embrionarias y otras más explícitas como las de algunos dirigentes sindicales y políticos del panperonismo que promueven la figura del pastor o comunicador evangelista Dante Gebel.

La variopinta confluencia multisectorial y pluripartidaria, con mucho ADN peronista, se ha lanzado con el sello Consolidación Argentina a instalar al influencer radicado en Estados Unidos como probable postulante a la Presidencia en una especie de operativo renovación política que viene de afuera y arriba. Del norte y ¿del cielo?

El mediático personaje no ha confirmado, pero no ha descartado su intención de lanzarse como candidato a la primera magistratura. Lo hizo durante un intenso raid mediático con un mensaje o un libreto muy estudiado, del que no suele apartarse nada.

A ello le sumó encuentros más reservados con diversos dirigentes sociales y políticas. Como la comida que se realizó anoche en la casa del histórico massista José Ignacio de Mendiguren, para explorar un programa de cuño desarrollista que el exfuncionario elabora con un grupo de jóvenes técnicos.

Tras este desembarco más abierto en la arena política y también con esos contactos, Gebel aparece como un incipiente reverso de la imagen de Milei diferente de la que representa el gobernador bonaerense.

"Si Axel Kicillof es la contracara ideológica del presidente Milei, Dante Gebel es la contracara de carácter y personalidad de Milei. Este es agresivo, maleducado y el otro es empático, amable, educado. Eso aparece en un trabajo que acabamos de hacer", afirmó el consultor Raúl Timerman, cuya empresa La Sastrería emprendió un amplio estudio para saber cómo es percibido por la opinión pública y qué atributos se destacan.

En ese trabajo se destaca que el eventual candidato potencia su condición de outsider y de antagonista de Milei, como atributos, con un mensaje que carece de programa y que se apalanca en un planteo de naturaleza espiritual antes que política, con un fuerte llamado al cambio y la superación individual para poder lograr la transformación y el progreso colectivos. Una propuesta inherente a su condición de evangélico, aunque su lanzamiento no goza de unanimidad en el universo de las iglesias evangélicas, muchos de cuyos líderes toman distancia de esta avanzada.

El estudio de La Sastrería destaca que de esa manera la narrativa de Gebel se diferencia tanto de Kicillof como de Milei, quienes hacen hincapié en lo material y en los asuntos de índole económico.

"El enemigo para Milei es externo, es la casta, mientras que para Gebel el enemigo es interno, uno mismo", destaca Timerman. Su trabajo muestra que si bien el comunicador-predicador y protocandidato ha crecido en instalación, la intención de voto que reúne apenas roza el 11% y tiene un nivel de desconocimiento de casi el 60%, lo que el consultor considera un hecho positivo dado que así tendría mucho margen para crecer. Aunque deberá concretarlo.

Esos números hoy no permiten verlo como un competidor de riesgo para Milei ni para Kicillof, aunque sí podría ser una amenaza por el daño que podría causar de penetrar en el círculo de sus votantes más lábiles o desencantados.

En ese terreno, los peronistas que promueven su candidatura podrían afectar las chances del gobernador Kicillof. Aunque también se ilusionan con que algunos exlibertarios que se han sumado a la cruzada gebeliana toquen la base mileísta.

Falta demasiado para las elecciones, pero la disputa fratricida en la que se ha sumergido el kirchnerismo, en particular, y el peronismo, en general, más la desafección de algunos líderes territoriales del movimiento, son fuertes llamados de atención.

Entre los propios desafíos a su gobernabilidad, la candidatura de Kicillof afronta la presión de los lobos kirchneristas y la apuesta al pastor mediático de algunos peronistas. Un motivo de alegría para el oficialismo libertario en tiempos difíciles. 

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