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Café con rosca: Siempre igual

-No me digás -respondió el magistrado sin levantar la vista-. Parece que este año todo se organiza mirando el radar meteorológico. Como la Vendimia.

Sabado, 14 de Marzo de 2026

La tarde de jueves caía lenta sobre la vieja cafetería de Aldo.

A esa hora -siete en punto- el sol todavía se filtraba entre los árboles de la vereda, pero adentro flotaba ese olor a café recién molido que parecía pegarse a las paredes.

Aldo estaba detrás de la máquina de café, con la radio bajita.

Hernán, el mozo, acomodaba cuatro pocillos sobre la mesa del fondo sin que nadie se lo pidiera. Era una rutina.

- ¿Hoy vienen?-preguntó Aldo.

- ¿Por qué no? -respondió preguntando Hernán.

-Vendimia, tormenta, política. cuando se juntan esas tres cosas, estos muchachos no dejan títere con cabeza. Y tal vez.

En ese momento entró Gastón, el magistrado.

Traía un diario doblado bajo el brazo.

-Buenas tardes, caballeros inexistentes -saludó al local vacío.

Se sentó, desplegó el diario y suspiró.

Cinco minutos después apareció el grandote, sacudiéndose unas gotas de lluvia imaginaria del saco.

-Che, está pesado el aire -dijo-. Esto termina en tormenta otra vez.

-No me digás -respondió el magistrado sin levantar la vista-. Parece que este año todo se organiza mirando el radar meteorológico. Como la Vendimia.

- ¿Otra vez suspendieron algo?

-Todo.

Y golpeó el diario con el dedo.

-El acto central lo tuvieron que postergar por alerta de tormentas, y después también se suspendieron shows musicales por el diluvio que cayó en el teatro griego. 

En ese momento apareció el flaco, con su eterna carpeta de papeles.

-No exageren -dijo mientras se sentaba-. Se reprogramó. No se suspendió.

-Ah bueno -dijo el grandote-. Entonces la lluvia cayó de manera institucional.

Hernán dejó la comanda: dos cortados en jarrito, un café chico bien cargado y un café con leche con una medialuna.

-Falta uno -dijo.

Como si lo hubieran invocado, la puerta se abrió.

Entró el innombrable.

Nadie dijo su nombre. Nunca lo hacen. Se sentó.

- ¿De qué hablan? -preguntó.

El grandote se acomodó.

-Vendimia.

El innombrable soltó una media sonrisa.

-Ah. el teatro.

-No -corrigió el magistrado-. La política. Lo que pasó este año es un papelón. Primero suspenden el acto central por alerta de tormentas y lo pasan al domingo. Después se cae otra noche por lluvia. Y ahora reprograman hasta la repetición. 

El flaco levantó un dedo.

-Pará. No podés hacer un espectáculo para veinte mil personas con granizo.

-Sí -dijo el grandote-. Pero tampoco podés improvisar cada cinco minutos.

El innombrable tomó un sorbo de café.

-El problema no es la lluvia.

Todos lo miraron.

- ¿Y cuál es? -preguntó el flaco.

-Que la Vendimia dejó de ser vendimia.

Silencio.

-Explíquese -dijo el magistrado.

-Antes la fiesta era el acto central. La historia del vino, los cosechadores, la provincia.

Ahora es la excusa para meter shows privados.

El grandote golpeó la mesa.

- ¡Exacto!

-Abel Pintos, Luciano Pereyra, La Banda de Carlitos. -enumeró-. Esto parece la grilla de cualquier festival de verano.

-Porque esos shows venden entradas -dijo el flaco.

-Porque alguien cobra las entradas -corrigió el innombrable.

Hernán pasó con una bandeja con medialunas y se quedó escuchando.

El magistrado se acomodó los anteojos.

-Igual hay otra cosa que me irrita.

- ¿Cuál?

-Los artistas de la fiesta.

El grandote se rió.

-Ahí lo tenés.

-Quieren cobrar y exigen como profesionales internacionales -continuó el magistrado- y después ves el espectáculo y parecen amateurs en un ensayo. Encima, después que terminan se quedan en el escenario como si fuera de ellos. Comiendo, tomando y fumando giladas.

El flaco lo miró con desconfianza.

-No podés decir eso. Hay mucha gente que labura ahí.

-Sí -dijo el magistrado-. Pero hay gente que labura bien. y otros que viven colgados del escenario hace veinte años.

El grandote levantó la taza.

-Amén.

-Siempre los mismos-siguió el magistrado-. Directores, coreógrafos, técnicos, músicos, bailarines, actores y figurantes. Sobre todo eso, figurantes.

El innombrable sonrió.

-Eso se llama sistema.

-Eso se llama kiosco -corrigió el grandote.

El flaco se inclinó hacia adelante.

-A ver. ustedes hablan como si esto fuera espontáneo.

- ¿No lo es? -preguntó el magistrado.

El flaco negó con la cabeza.

-Todo eso lo define el gobierno provincial.

El grandote se rió.

-No me digás.

-Sí. El presupuesto, la productora, los shows privados, todo.

El magistrado miró al innombrable.

- ¿Qué dice la rosca?

El innombrable apoyó el pocillo.

-Que al mandamás local le interesa más el espectáculo que la fiesta.

- ¿Cómo?

-La Vendimia como evento cultural no le importa tanto. Lo que importa es la foto del show lleno.

El grandote asintió.

-Marketing.

-Exacto.

-Pero eso siempre fue así -dijo el flaco.

-No -dijo el magistrado-. Antes la fiesta era el centro.

-Ahora el centro es el recital. De

Silencio incómodo

Aldo, desde la máquina de café, comentó:

-Antes la gente discutía quién iba a ser reina.

-Ahora discuten quién canta -dijo Hernán.

Los cuatro amigos se miraron.

El grandote rompió el silencio.

- ¿Saben qué es lo peor?

- ¿Qué?

-Que dentro de diez años nadie se va a acordar de la obra vendimial.

- ¿Y de qué se van a acordar? -preguntó el flaco.

El grandote levantó el diario.

-De la lluvia.

El magistrado cerró el periódico.

-Y del papelón.

El innombrable miró por la ventana.

El cielo se estaba poniendo negro.

-Tranquilos -dijo-.

-Esto recién empieza.

En ese momento cayó el primer trueno.

Hernán suspiró.

-Otra tormenta.

El grandote miró al innombrable.

- ¿Meteorológica o política?

El innombrable sonrió.

-Las dos.

El magistrado levantó la primera hoja.

-Como el lío de Adorna.

El grandote frunció el ceño.

- El vocero Jefe de Gabinete y su esposa, que viajó en el avión presidencial y todo explotó.

-Dicen que Karina ordenó a todo el gabinete salir a bancarlo públicamente para cerrar el tema-señaló el magistrado-.

El grandote se acomodó en la silla.

-Eso pasa en todos los gobiernos.

El flaco lo miró.

- ¿Llevar familiares en el avión presidencial?

-No. salir a bancar a un funcionario cuando se arma quilombo.

El magistrado siguió repasando.

-El problema no fue solo el viaje. Ya hay denuncias judiciales por el uso del avión. 

El grandote soltó una carcajada.

- ¡Es el síndrome del poder!

- ¿Cuál? -preguntó Hernán desde la barra.

-Cuando llegas al gobierno y empezáis a creer que todo es tuyo.

Gastón negó con la cabeza.

-No exageren. Si la mujer viajó en un asiento vacío.

El innombrable, que hasta ese momento estaba en silencio, dijo:

-El problema nunca es el asiento.

Todos lo miraron.

- ¿Entonces qué es?

-La narrativa.

Silencio.

-Este gobierno construyó su discurso contra los privilegios de la política -continuó-.

Entonces cuando aparece algo así. explota el doble.

El magistrado levantó el dedo.

-Exactamente. Como  el  dos coma nueve por ciento en febrero.

- ¿Eso es bueno o malo? -preguntó Hernán.

El magistrado explicó:

-El problema es que no baja.

-La inflación mensual fue 2,9%, igual que en enero -dijo- y en doce meses llega al 33%. 

El grandote se inclinó.

- ¿Y la promesa de inflación anual del diez?

El magistrado levantó las cejas.

-Evaporada. En dos meses ya se consumió más de la mitad de esa meta. 

-Pará. igual no es lo mismo que antes-dijo el grandote-. Antes era una tragedia.

- ¿Y ahora? -  preguntó el flaco tomando un sorbo de café. Para luego también responder

Ahora, es una tragedia con marketing.

El magistrado sonrió.

-Pero bajó muchísimo respecto a 2023.

El innombrable habló:

-El problema no es el número.

- ¿Entonces?

-La expectativa.

Todos se quedaron mirándolo.

-Cuando prometes diez anual. cada dos coma nueve mensual te pega como una derrota. Milei heredó inflación arriba del 200 por ciento. Entonces bajar a 2,9 mensual no es poco. Pero, después de dos años, tampoco es milagro. Igual el problema de este gobierno no es económico.

- ¿Ah no? -dijo el magistrado.

-No.

- ¿Entonces?

-Es político. Todavía no logra armar un sistema político. No tiene gobernadores propios. No tiene intendentes. No tiene estructura territorial. Por eso cada escándalo hace ruido. No tiene barreras de contención. 

Desde la barra, Aldo habló.

- ¿Les digo algo?

-Diga, Aldo.

-La política es igual que la Vendimia.

El magistrado levantó la cabeza.

-Explique.

-Puro show. Y se suspende por lluvia.

El grandote levantó el café.

-Brillante metáfora institucional.

El innombrable miró por la ventana.

La tormenta finalmente empezaba.

-Tranquilos.

-Esto recién empieza.

El grandote miró el celular.

-Bueno. ahora sí que tenemos quilombo.

- ¿Por? -preguntó el flaco.

El grandote dejó el teléfono sobre la mesa.

-Recaudación.

El magistrado levantó la cabeza.

- ¿Cuánto?

-Nueve coma cinco menos.

Silencio.

El magistrado tomó su teléfono.

-Febrero -leyó-. Caída del 9,5% en la recaudación nacional.

-Séptimo mes consecutivo en baja -agregó el grandote.

El flaco frunció el ceño.

- ¿Real o nominal?

-Real.

El magistrado siguió leyendo.

-Y las provincias perdieron 500 mil millones de pesos de coparticipación sólo en febrero. 

-Perdón la ignorancia -dijo Hernán, que seguía atento la charla, junto a la mesa.

-Pregunte nomás.

- ¿Eso qué significa?

El grandote lo explicó:

-Que hay menos plata para gobernadores.

-Y menos para municipios -agregó el magistrado.

El flaco levantó un dedo.

-Pará. Esto ya se sabía de antes, si la economía está en recesión, la recaudación cae. Eso es obvio.

El grandote lo miró con ironía.

- ¿Sabés cuál es el problema?

- ¿Cuál?

-Que el modelo necesita que la economía se recupere.

El flaco agregó:

-Porque si no se recupera. el superávit fiscal empieza a crujir. Igual el gobierno está obsesionado con el superávit. Pero el superávit no se paga solo.

Hasta ese momento el innombrable estaba mirando la lluvia.

-Esto va a traer quilombo federal.

El magistrado lo miró.

-Explíquese.

-Las provincias viven de la coparticipación. Y si la recaudación nacional cae. la coparticipación también. Y eso significa que los gobernadores van a empezar a pelear con la Casa Rosada. Porque cuando la caja se achica. la política se vuelve salvaje.

Aldo levantó  la mano desde la cafetera.

- ¿Puedo hacer una observación?

-Siempre, Aldo.

-Esto es como la Vendimia. Cuando hay plata. todos quieren estar en el escenario. Y Cuando no hay. empiezan las peleas.

El magistrado levantó la taza.

-Brillante análisis institucional.

La lluvia golpeaba los vidrios.

El innombrable miró a todos.

-La cosa es así muchachos. Si la recaudación sigue cayendo tres meses más. empieza la verdadera discusión política en Argentina.

El flaco preguntó:

- ¿Cuál?

El innombrable sonrió.

-Quién paga el ajuste.

Nadie habló.

Aldo apagó la radio.

Hernán miró el cielo.

-Otra tormenta.

El grandote preguntó:

- ¿Económica o política?

El innombrable terminó el café.

-Las dos. Los gobernadores necesitan compensar esa pérdida. ¿Y saben cómo la compensan?

Hernán negó con la cabeza.

-Con el impuesto más fácil de cobrar.

El magistrado dijo la palabra con tono judicial:

-Ingresos Brutos.

El grandote hizo un gesto de resignación.

-El impuesto maldito. El más regresivo que existe.

El flaco intervino:

-Sí. pero también es el impuesto que mantiene vivas a las provincias.

-Porque es fácil de cobrar -dijo el magistrado.

-Y porque nadie lo quiere eliminar -agregó el grandote.

La trampa política

El magistrado miró al flaco.

-Decime la verdad, ¿Algún gobernador va a bajar ingresos brutos?

El flaco soltó una carcajada.

-Ni en pedo.

-Ahí está el problema -dijo el grandote.

-El gobierno nacional quiere bajar impuestos. Pero las provincias necesitan subirlos.
El innombrable, que hasta entonces seguía mirando la lluvia, habló:

-Eso se llama choque de modelos.

Todos lo miraron.

-El gobierno nacional quiere bajar el peso del Estado.  Las provincias necesitan más caja para sobrevivir. Los gobernadores no pelean por ideología, pelean por plata. Y cuando empiecen a faltar sueldos provinciales.  ahí aparece la política de verdad y  el problema para la Casa Rosada. Igual, tranquilos. Esto recién empieza.

La lluvia seguía cayendo.

El grandote miró al innombrable.

-Decime algo.

- ¿Qué?

- ¿Cómo termina esto?

El innombrable miró la calle.

-Como siempre.

- ¿Cómo?

-Con alguien pagando la cuenta.