La polémica por los vuelos del jefe de Gabinete y su esposa le restó repercusión a las promesas de inversiones que el Gobierno asegura haberse traído de Nueva York
El CEO de una multinacional chateaba animado con uno de sus gerentes en Buenos Aires. Lo hacía desde su habitación en el piso 23 de un hotel cinco estrellas en el corazón de Manhattan, barrio neoyorkino al que se había trasladado hacía una semana para llevar adelante una seguidilla de reuniones con inversores y, de paso, participar del road show conocido como "Argentina Week".
"¿Cómo sigue todo por ahí?", le preguntaron al chairman desde el microcentro porteño.
El hombre no pensó la respuesta. Las palabras le brotaron de los dedos.
- La verdad, no paré un segundo. ¡Estoy deslomado!
Y, también en piloto automático, adjuntó un sticker con la cara de un Manuel Adorni sonriente que había circulado con tanta intensidad como ironía en WhatsApps del círculo rojo.
A 8500 kilómetros de distancia del corazón de esta escena, la Casa Rosada era un hervidero. No porque en sus pasillos semi vacíos retumbaran gritos de tensión, sino porque los pocos funcionarios de peso que no estaban en Estados Unidos no daban abasto para contener la crisis que se había generado cuando promediaba una gira internacional que tenía especialmente entusiasmado a Javier Milei.
"Otra vez practicamos nuestro deporte favorito: auto-pegarnos tiros en los pies. Y esta vuelta, la bala entró. Ahora hay que seguir para adelante, pero convertimos sin querer queriendo un evento espectacular en una Adorni Week", se sinceraba en esas horas uno de los principales asesores presidenciales.
Es que lo que había sido concebido por La Libertad Avanza como una oportunidad para vender la idea de una gestión reformista capaz de tocar los engranajes necesarios para, en paralelo, seducir empresarios y atraer sus capitales, terminó con el foco desviado por un escándalo que nadie tenía en el horizonte cuando la delegación violeta despegó en el ARG-01.
La imagen de Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete, junto a la comitiva oficial durante una visita a la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson en Queens hizo explotar una pregunta tan sensata como venenosa: ¿qué hacía ahí una persona que no es parte del elenco estable del oficialismo?
Con el correr de las jornadas, los pormenores de la respuesta a esa duda explotaron en la cara del Gobierno: para una administración que convirtió la austeridad en bandera, la motosierra en estética y la pelea contra la casta en religión, subir a un familiar al avión cuyo uso y abuso tanto criticaron en el pasado significó jugar con una granada sin seguro. Mucho peor todavía cuando el propio Adorni había sido el encargado de anunciar duros cambios en el régimen de utilización de las aeronaves estatales: en agosto de 2024, informó que desde entonces quedaban afectadas exclusivamente a tareas propias del servicio público y, jugarreta del destino, en este mismo marzo de 2026 firmó el decreto que endurecía el régimen de misiones al exterior. En otras palabras, el ecosistema libertario había levantado una muralla discursiva y reglamentaria contra los excesos de la política y después chocó de frente contra esa misma muralla.
"Están fingiendo un poco de demencia", admitió la CFO de una compañía con sedes en toda Latinoamérica cuando, con la noticia ya circulando fuerte, la compañera de vida del ex vocero presidencial, ajena al vendaval que había en su país natal, se paseaba por las mesas del Bank of América como si todo estuviera bien.
De nada sirvió que la comitiva que giraba en la nación de Donald Trump intentara explicar que Angeletti había sido invitaba porque había asientos libres y que ella iba a afrontar de manera privada sus gastos internos, hotel, comidas y el vuelo de regreso en una línea comercial. Menos todavía sirvió la defensa pública del propio involucrado, porque admitió que había otros familiares del gabinete dando vueltas en USA y porque su frase sobre que había ido a Nueva York a "deslomarse" trabajando se transformó en un meme instantáneo y en una usina de burlas que perforó incluso a sectores libertarios. Aunque sobre el final de la semana el jefe de los ministros reconoció que el concepto había sido desafortunado, ya era evidente que había intentado apagar el incendio con nafta premium.
"Manu es así", dice un súbdito que lo quiere. "Quiso ser transparente y dar las explicaciones que correspondían porque no tenía nada que ocultar, pero a la luz de los acontecimientos terminó siendo peor", agrega. Y advierte: "Ojo: sus víctimas y adversarios de todo este tiempo también aprovecharon el momento y le pegaron en el piso. Digamos todo". Un disclaimer necesario: cuando este colaborador con despacho en el primer piso de Balcarce 50 pronunció estas definiciones no se habían confirmado los detalles del otro vuelo incómodo; en medio del tembladeral, trascendió que el jefe de gabinete había viajado en febrero a Punta del Este en un avión privado, sin que quede en claro quién pagó y cuánto costó realmente el traslado.
El jefe de Gabinete acaparó las miradas en la última semana
En el frente karinista se habla menos de un simple error y más de una operación. Casi nadie cree que semejante secuencia haya explotado sin ayuda interna. En su oficina, la paranoia ya forma parte del mobiliario. La desconfianza mutua entre el campamento de Karina y el de Santiago Caputo no ayuda a cerrar heridas; al contrario, convierte cualquier traspié en un terreno fértil para la sospecha.
La caza de brujas, un espectáculo para seguir de cerca: la secretaria General de la Presidencia no fue a España con su familiar para encarar ese proceso ella misma. "No va a parar hasta encontrar a los que grabaron la secuencia del aeropuerto de San Fernando. Ve una mano negra de la ANAC o PSA", confían sus laderos.
Con todo, los números del impacto del incómodo asunto que circularon en las propias oficinas libertarias fueron demoledores. Distintas mediciones privadas detectaron una penetración transversal a nivel público y una conversación digital enorme, de tono abrumadoramente negativa.
Tres consultoras especializadas en medir impacto en redes sociales y portales de noticias online coincidieron en que el caso prendió, escaló y lastimó incluso entre simpatizantes, aliados circunstanciales y defensores habituales del relato anti privilegios.
INGOB cuantificó que, durante el epicentro de la tormenta política y mediática, hubo más de 3,5 millones de interacciones con el tema: el 84% de las menciones llegaron a ser negativas. Por su parte, AD HOC consignó que el término "deslomarse" y sus derivados fueron usados más de 60.000 veces sólo en las 24 horas posteriores a la entrevista de Adorni con Eduardo Feinmann. Y Enter Comunicación no sólo descubrió que la conversación digital sobre la controversia creció un 1.122% en un solo día, sino que elaboró una dura conclusión: "La audiencia oficialista tiene tolerancia cero a la estética de la casta. El Affaire Nueva York funciona como un boomerang semántico que degrada la autoridad moral del gobierno ante futuros pedidos de sacrificio a la población". Una alerta sin metáforas para LLA.
Con este escenario enrevesado, la Casa Rosada y todos sus inquilinos decidieron abroquelarse y cerrar filas detrás de Manuel Adorni. La orden, como es habitual, salió de "El Jefe": por eso, cuando a las 14.51 de este último jueves 13 de marzo Karina Milei posteó su "apoyo total e incondicional frente a tanta basura mediática", la catarata de mensajes no se hizo esperar. En cuestión de minutos se dispararon mensajes con defensas genuinas, fotos selfies y hasta retuits calculados. Dato de los pasillos del poder: cuentan los que conocen que la Hermanísima sabe perfecto, y que lo va a recordar, quiénes salieron a respaldar a su amigo antes de su publicación en X.
Si algún opositor se había emocionado con la idea de una renuncia rimbombante, quedó en claro que la decisión política en esta oportunidad es no entregar ninguna cabeza. Eso sí: desesperados y a contrarreloj, fueron varios los libertarios que ayudaron a buscar los primeros pasajes disponibles en cualquier aerolínea internacional para que Adorni y señora volvieran al país lo más pronto posible, idealmente antes de este fin de semana. No pudo ser.
Adorni conserva una centralidad que otros perdieron mucho más rápido y por bastante menos. Tiene respaldo porque le reconocen eficacia, disciplina, lengua filosa y una utilidad mayor: es uno de los pocos dirigentes con capacidad de ordenar la voz oficial, disputar agenda y, para desconsuelo de Patricia Bullrich, proyectarse electoralmente para 2027 en la Ciudad de Buenos Aires.
Vendrán meses de afrontar pedidos de acceso a la información pública, proyectos de interpelación y expedientes judiciales que apuntan a los posibles delitos de malversación, peculado, tráfico de influencias y abuso de autoridad. Sin embargo, si bien quedó expuesto a su primera gran turbulencia desde que se convirtió en jefe de Gabinete, no parece haber riesgo inmediato para su cargo.
Con la economía necesitando aire, con las reformas todavía esperando músculo parlamentario y con la interna libertaria latiendo bajo la alfombra, el oficialismo se regaló un escándalo perfectamente evitable. Acaso por todo eso el propio presidente ordenó que se destaquen como una proeza los U$S 16.500 millones en inversiones que, según la cuenta de Luis "Toto" Caputo, se trajeron como compromiso del Argentina Week.
Pero hay más: los que cruzaron a Javier Milei en los minutos finales de su periplo por Estados Unidos juran que estaría dispuesto en el futuro cercano a acelerar medidas que apunten a reavivar la actividad de los sectores más golpeados y que él mismo comenzó a trabajar en un paquete de anuncios.

El nuevo miembro del equipo económico aconseja no obsesionarse con el IPC y priorizar las reservas y la baja en las tasas de interés.