Analistas Por Joaquín Morales Solá

La Argentina, un país especial en la guerra

El más importante ayatollah de Irán ha muerto, pero no ha muerto el peligro que significaría la continuidad del régimen religioso en Irán.

Miercoles, 4 de Marzo de 2026

La Argentina no es cualquier país en el contexto de la guerra descerrajada por los Estados Unidos e Israel contra el gobierno de Irán. Esa guerra ya se ha convertido en una conflagración regional, que compromete a gran parte de los países árabes de la región. El país persa de los iraníes (no es árabe) decidió acomodarse en la soledad en ese lugar del mundo porque castiga con sus misiles a casi todas las naciones que lo rodean. La pregunta que ningún experto puede responder por ahora es si esa guerra se encerrará en Oriente Medio o si se convertirá en un conflicto global. Los principales gobiernos europeos comenzaron reclamando un regreso a las negociaciones para reestablecer la paz, pero luego se tornaron más comprensivos con la necesidad de anular el potencial poder nuclear en manos de fanáticos religiosos. La única excepción europea fue el gobierno español de Pedro Sánchez, que hasta le prohibió a los Estados Unidos que use sus bases en España para enviar aviones con misiles a Irán.

Un destacado diplomático argentino, Rafel Grossi, director general de la Organización Mundial de Energía Atómica y candidato a conducir las Naciones Unidas, subrayó en un reportaje que le concedió a Elisabetta Piqué para LA NACION que ningún país enriquece tanto uranio si no está proyectando armas nucleares. Ese decir, el más importante diplomático internacional experto en energía atómica advirtió que Irán se preparaba para tener armas nucleares.
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Irán recibió el apoyo de China. ¿Fue una ayuda solo retórica? Más le vale a mundo que se trate solo de un discurso, y más le vale a la propia China que su gesto se agote en palabras porque sus imprescindibles clientes están fundamentalmente en los países occidentales.

La otra pregunta sin respuesta que se hace hasta el propio Donald Trump, quien anunció el comienzo de la guerra, consiste en saber si el ritmo triunfal del conflicto continuará hasta terminar con un régimen teocrático que les negó las libertades a los iraníes y, al mismo tiempo, los condenó al padecimiento económico, o si solo habrá un cambio de la cúpula dirigencial muerta durante los primeros bombardeos a Teherán. Irán sufre graves problemas económicos a pesar de que ese país es el tercero en reservas mundiales de petróleo y el segundo en las de gas. Si se leen bien las declaraciones de los principales líderes mundiales, el mayor temor que deslizan es que se haya iniciado una guerra prolongada que ponga en peligro a una parte más grande del planeta. Para decirlo con otras palabras: Irán no es Venezuela. Tiene un vasto ejército, cuenta con un sofisticado armamento y le dedicó una porción importantísima de su presupuesto a la inversión en modernas armas. No cualquier país está en condiciones de bombardear al mismo tiempo a nueve naciones que lo rodean, la mayoría tan poderosas como el propio Irán por sus reservas petroleras, salvo Israel.
Donald Trump y Javier Milei, en la reunión del Consejo de la Paz, el 22 de enero de 2026. (

Es cierto que el golpe que acaba de recibir Irán, la eliminación -como consecuencia de los primeros misiles del líder supremo de ese país- del ayatollah Ali Khamenei, es inédito en el enfrentamiento de la nación persa con sus vecinos árabes o con las más importantes naciones occidentales. Israel, sobre todo, mató en el pasado a importantes líderes militares o políticos iraníes, pero nunca estuvo en duda ni la estabilidad del régimen ni la de su máximo dirigente. La seguridad del mundo, y de la Argentina en particular, necesita la respuesta que aún no existe: ¿la guerra terminará con el régimen que se instauró en Teherán hace casi 50 años o solo cambiará las caras de sus dirigentes? Para la Argentina, no es lo mismo una respuesta que la otra.

Irán fue en los últimos años el principal país exportador de terrorismo al mundo, más importante inclusive que el entrenamiento guerrillero en los países comunistas durante la Guerra Fría. Hubo organizaciones que promovieron imponentes actos de terrorismo, como Al-Qaeda, autora de la destrucción de las torres gemelas en Nueva York, o el califato que se autoproclamo Estado Islámico y que promovió la diseminación de lobos solitarios que asesinaron a numerosas personas inocentes en muchos países occidentales. Pero ninguna de esas organizaciones contaba con el patrocinio de un Estado en serio, como lo es Irán.

Buenos Aires fue un lugar clave para las fechorías de los ayatollah. La Justicia argentina estableció que funcionarios iraníes fueron los autores intelectuales y financieros de la bomba que en 1994 destruyó totalmente la sede de la AMIA, la mutual de la colectividad judía, atentado que dejó 85 muertos. Esos muertos eran todos inocentes, no participaban ni habían participado de ninguna guerra. En junio de 2024, la Cámara de Casación (la más alta instancia de la justicia penal argentina) concluyó que Irán fue el autor intelectual de la voladura de la AMIA y que Hezbollah realizó el ataque en su nombre; Hezbollah, organización eternamente cómplice de los ayatolas de Teherán, es un grupo que funge a la vez como partido político y como grupo paramilitar con sede en el Líbano, desde donde se sumó a la actual guerra en Medio Oriente con bombardeos a la vecina Israel. Casación declaró también al atentado a la AMIA como un crimen de "lesa humanidad" y, por lo tanto, imprescriptible.

El fiscal Alberto Nisman, que fue el único magistrado argentino que avanzó seriamente en la investigación de ese atentado, había pedido mucho antes la captura internacional de siete altos dirigentes del gobierno iraní y de un llamado "miembro operativo" libanés, quien ya habría muerto. Supuestamente, el libanés pertenecía a Hezbollah. Los autores del atentado siguen existiendo entre los jerarcas de Irán. De hecho, el sábado, poco después de que el máximo líder religioso de ese país cayera abatido por un misil, fue designado comandante en jefe de la poderosa y aterradora Guardia Revolucionaria Islámica Ahmed Vahidi, cuya captura fue pedida por Nisman; a Vahidi la justicia argentina le atribuye una "participación clave" en el atentado a la mutual judía y lo responsabiliza de haber tomado la decisión de perpetrar ese acto perverso. Este lunes también se supo que otro fiscal federal, Sebastián Basso, prepara un pedido de captura para otro hombre fuerte del régimen, Seyed Ali-Asghar Mir-Hejazi, considerado el principal colaborador de líder religioso muerto, Khamenei, en cuestiones militares y de inteligencia.
Seyed Ali-Asghar Mir-Hejazi (izquierda) nuevo imputado en la causa AMIA, junto a Ali Khamenei (derecha)

Interpol aceptó los pedidos de captura requeridos por Nisman (rechazó solo la del presidente iraní en el momento del atentado y las de un par de diplomáticos); en resumen, todavía existen las circulares rojas para detener en cualquier lugar del mundo a cinco jerarcas o exjerarcas iraníes. Nisman tuvo un duro cruce con una delegación iraní en una reunión en la sede central de Interpol, en la ciudad francesa de Lyon, para resolver si se aprobaban las capturas. El fiscal argentino acusó de "mentirosa" a la furiosa delegación iraní. Finalmente, y por una amplia mayoría de votos, Interpol aceptó librar las circulares rojas contra los iraníes.

Varios años después, en enero de 2015, Nisman fue asesinado en su departamento de Puerto Madero, según concluyó la investigación en manos de la justicia federal argentina. Aunque no se estableció el nombre del supuesto o de los supuestos asesinos, varias fuentes judiciales coincidentes señalan que fueron sicarios iraníes con la complicidad de algunos grupos de los servicios de inteligencia argentinos.

Dos años antes del atentado a la AMIA, un coche bomba voló la embajada de Israel en Buenos Aires, un elegante petit hotel en la calle Arroyo. Al tratarse de una representación diplomática extranjera, la competencia originaria de la causa cayó directamente en la Corte Suprema de Justicia. Es lo que manda la Constitución. Nunca la Corte Suprema imaginó siquiera que la decisión más lúcida de su parte hubiera sido la delegación de la investigación en un juez federal de primera instancia, supervisado directamente por el máximo tribunal. ¿Cómo nueve jueves (siete o cinco, como fue luego el número de sus integrantes) podían investigar un hecho criminal de esa magnitud? ¿Cómo, si la mayoría de ellos no tenía ni tiene experiencia en investigaciones penales? No obstante, la Corte Suprema argentina estableció mediante una acordada que el responsable de la destrucción de la embajada israelí fue, otra vez, la organización Hezbollah y pidió la captura internacional de uno de sus principales dirigentes. La justicia norteamericana, en cambio, avanzó hasta culpar directamente al gobierno de Irán del atentado a la sede diplomática israelí en Buenos Aires.

En definitiva, hubo 107 muertos entre los dos atentados en Buenos Aires, además del crimen de Nisman, y centenares de heridos. Por eso, el memorándum de entendimiento que Cristina Kirchner firmó con el gobierno de Irán (el presidente iraní que lo impulsó murió con los primeros bombardeos del sábado último a Teherán), para "establecer la verdad" sobre el atentado a la AMIA, fue una deserción como nación autónoma, una cesión de la justicia nacional a los autores del crimen y un intento de encubrir a los culpables de tanta barbarie. La firma de ese memorándum puede ser una decisión justiciable o no -lo decidirá en última instancia la Corte Suprema-, pero fue seguramente una de las claudicaciones nacionales más importantes de la historia.

Los dos atentados provocaron una gran emigración de la comunidad judía argentina (una de las más grandes del mundo) hacia Israel. El más importante ayatollah de Irán ha muerto, pero no ha muerto el peligro que significaría la continuidad del régimen religioso. Los musulmanes violentos son una minoría en el inmenso mundo musulmán, pero los violentos son siempre las minorías que ocultan a las mayorías.

La guerra definitiva de los Estados Unidos e Israel contra los ayatolás iraníes que asolaron al mundo se da en momento especial de la situación internacional de la Argentina. El presidente Javier Milei entabló una relación privilegiada con el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, y con el jefe del gobierno israelí, Benjamin Netanyahu; ambos líderes son las prioridades casi exclusivas del mandatario argentino. Es mejor que el régimen teocrático de Teherán concluya, no solo para devolverles la libertad y el progreso económico a los ciudadanos iraníes, sino también para restituirle la seguridad al mundo. Y a la siempre insegura Argentina.

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