Politica El mensaje

Milei vs. la vieja industria: profundiza dólar barato y apertura importadora para frenar inflación

Milei anunció una nueva etapa en la que "se termina la malaria" gracias a la disipación del "riesgo kuka". La industria, bajo acusación de conspiración

Lunes, 2 de Marzo de 2026

"La malaria se ha terminado": en esa frase puede sintetizarse el mensaje que Javier Milei envió en su discurso inaugural de las sesiones del Congreso, en el que prometió acelerar a fondo con las reformas estructurales, aprovechando que ahora cuenta con mayoría legislativa y que fracasaron "los intentos golpistas".

El del domingo fue el mismo Milei de siempre, pero sin embargo se le notó algo diferente: esta vez no lució incómodo ni enojado, sino que pareció disfrutar al máximo los intercambios de chicanas con la bancada kirchnerista. De hecho, nunca un discurso suyo había estado tan basado en la antinomia "ellos versus nosotros".

Sabiendo de antemano cuáles eran los temas con los que podía ser cuestionado, tuvo a mano cifras para contestar rápido ante acusaciones como la de haber aumentado el desempleo o favorecer intereses económicos foráneos.

Y, aunque no mencionó ni una vez la palabra "casta" -su gran acierto en la campaña electoral de 2023-, el presidente retomó ese concepto como eje medular de su mensaje: todas las medidas que tomó y las que tomará tienen como objetivo sacarle privilegios a las diversas castas, así sean políticas, empresariales o culturales. Y todos los problemas económicos que tuvo su programa deben ser atribuidos al "riesgo kuka" y no a errores propios.

De hecho, ya en los últimos días, hasta había cuantificado qué porción del actual índice de riesgo país corresponde a su gestión y cuánto es el adicional del "riesgo kuka": como el nuevo bono en dólares del Tesoro que vence en octubre de 2027 pagó una tasa de menos de 6%, mientras los títulos que vencen al año siguiente reflejan el riesgo país de 545 puntos, el presidente concluyó que el "verdadero" riesgo que ven los inversores es 230 puntos -la diferencia entre la tasa que pagó el bono y el interés de los US Treasuries- mientras que todo el resto se explica por el temor al default con un eventual regreso del kirchnerismo.

Y el domingo, ante el Congreso, le puso un precio: como hubo un recorte de la actividad económica respecto de la proyección original, el presidente dijo que el costo del "riesgo kuka" había sido de dos puntos del PBI -unos u$s12.000 millones-.

La visión conspirativa y los popes industriales

El intercambio de chicanas tomó en un momento las características de un verdadero show, con muchas frases que tendrán destino de videos virales en las redes sociales de Argentina y buena parte del exterior.

Pero las frases más filosas de Milei no fueron las dedicadas a Cristina Kirchner y al peronismo, sino a la cúpula de la industria nacional. Siempre Milei había estado del lado de los críticos de las empresas "prebendarias", pero esta vez su argumento apareció condimentado con una acusación seria: que habían formado parte de un complot para desestabilizar políticamente su gobierno.

Así, Milei atribuyó a esa supuesta intentona golpista la turbulencia cambiaria de marzo del año pasado, cuando quedó en evidencia que era imposible de sostener el esquema de "crawling peg" en el que el dólar viajaba al 1% mientras los precios lo hacían al 2,5%. Esa volatilidad, que terminó cuando se anunció la asistencia con dólares frescos por parte del Fondo Monetario Internacional y el nuevo sistema cambiario de banda de flotación fue, según el presidente, una conspiración política.

También lo fue, desde su punto de vista, la extrema volatilidad de tasas de interés y la escalada del tipo de cambio después de julio del año pasado. Para Milei, sólo se explica esa situación por un intento golpista, en el que el kirchnerismo asumía la parte política, con la aprobación de leyes que erosionaban las cuentas fiscales, mientras un grupo de empresarios hacía lo suyo en el plano financiero.

Por irónico que suene, desde los tiempos de Cristina Kirchner no se escuchaba a un presidente elaborar una teoría conspirativa para explicar la caída en la demanda de pesos y la suba de una expectativa devaluatoria.

Así como Cristina acusaba a empresas con nombre y apellido -por ejemplo, a Shell por la devaluación de 2014-, también Milei insinuó con claridad que veía en Paolo Rocca -líder del grupo Techint-, en Javier Madanes Quintanilla -CEO del Aluar, controlante de la quebrada Fate-y en la cúpula de la industria textil, además de un grupo de medios, a los interesados en hacer caer al gobierno.

Ganadores y perdedores

Con su acusación, Milei confirmó lo que tanto sus partidarios como sus críticos pensaban: que su modelo económico trazará una divisoria entre sectores ganadores y perdedores. Y que quienes dependen de un tipo de cambio alto y un cierre exportador quedarán irremediablemente en el lado perdedor.

No por casualidad, después de una seguidilla de noticias sobre cierres y suspensiones en la industria -cuyo nivel de producción cae un 4% interanual y que sólo utiliza el 53,8% de la capacidad instalada, y hay casos extremos, como el automotor, donde el uso es de sólo el 31% de la planta-, el centro de su mensaje fue la justificación de su política aperturista.

Milei no sólo dejó en claro que no piensa abandonar su estrategia de ancla cambiaria para contener la inflación, sino que además profundizará la apertura comercial. Alegó que prefería beneficiar a 47,5 millones de consumidores argentinos antes que a un puñado de empresarios que no puede competir sin protección política.

Lo que no dijo el presidente, pero que está en el centro de su estrategia, es que, además, esa polémica apertura comercial le permite atenuar la inflación, porque el abaratamiento relativo de los productos importados hace de contrapeso a los aumentos de las tarifas públicas y del rubro alimentos.

De hecho, mientras el IPC promedio del año pasado dio 31,5%, el rubro textil apenas subió un 15% y el de electrónica y equipamiento del hogar un 19%. Es decir, el salario argentino ahora puede comprar más ropa y celulares, pero no más cantidad de alimentos ni servicios públicos.

Trabajos que se destruyen y otros que se crean

La argumentación de Milei retornó a la más pura doctrina liberal: en todo proceso de cambio se destruye empleo, pero también se crea riqueza, que compensa con la creación de nuevos empleos. "Al comprar productos más baratos, se produce un efecto ahorro, que se aplica a mayor consumo de otros bienes, con lo que se reactiva la economía. En definitiva, se generan salarios más altos y precios más bajos".

A la hora de mencionar a los sectores a los que apuesta el gobierno para emplear a quienes queden en el camino por no poder hacer frente a los precios chinos, no hubo sorpresas: petróleo, gas, agroindustria, minería y tecnología como locomotora de la nueva etapa.

Por caso, prometió que la minería generará "cientos de miles" de nuevos puestos. Y que Neuquén será una metrópolis por el efecto combinado de la energía y la instalación de data centers en la zona patagónica.

"Muchos temen que falte trabajo. Nosotros no, porque estas industrias van a cumplir con creces la pérdida que se produzca en las viejas industrias y con mucho mejores sueldos", argumentó Milei, que llamó a abandonar "la trampa industrialista que decía que sólo podíamos vivir con lo nuestro".

Impuestos, condicionados al tema fiscal

Muchos menos específico fue el presidente respecto de un tema sobre el que se había generado expectativas de una reforma profunda: el esquema tributario nacional, que implica un nuevo relacionamiento entre la Casa Rosada y los gobiernos provinciales.

Milei se limitó a recordar su vocación de bajar impuestos pero sin descuidar el plano fiscal. Por eso, las menciones a los tributos más criticados por su naturaleza distorsiva -como las retenciones a la exportación y el impuesto a los cheques- tendrán una "reducción gradual".

Habría sido raro que el presidente se animara a eliminar de un plumazo esos dos impuestos que, sumados, explicaron un 12% de la recaudación fiscal el año pasado.

En un momento en el que está cultivando su relación política con los gobernadores, incluyendo los peronistas que lo han apoyado en el Congreso, Milei se cuidó de no ser excesivamente agresivo con las provincias, aunque recordó que, después del "esfuerzo de 2,5% del PBI" que había hecho el gobierno central en bajar la presión impositiva, llegó el turno de que haya un recorte en los impuestos provinciales y tasas municipales.

Seguramente el tema impositivo estará entre los 10 paquetes de reformas que el presidente le pidió a cada área para que sean discutidas este año en el Congreso. Pero, de momento, están claras las prioridades: mantener la estabilidad macro, el alineamiento internacional y no permitir que la inflación haga un quiebre alcista. Aunque eso implique que la industria pague el costo del ajuste.

El discurso de Milei: los proyectos y reformas que anunció para 2026 

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También adelantó cambios en el sistema electoral y ratificó que continuará con la apertura comercial y el acuerdo con Estados Unidos