Las plazas más codiciadas no se limitan a zonas urbanas, sino que incluyen infraestructura portuaria y carreteras federales.
Entre las organizaciones criminales capaces de controlar territorio y proyectar influencia figuran el Cártel de Sinaloa, con experiencia en expansión tras vacíos de poder y capacidad para absorber operadores especializados en síntesis de drogas; Cárteles Unidos, con fuerte presencia en Tierra Caliente y enfocados en recuperar municipios de los que fueron desplazados; y La Familia Michoacana, con arraigo en economías regionales y redes de extorsión, tala ilegal y producción de metanfetamina.
A estos se sumarían grupos regionales independientes, incluidas posibles disidencias del propio CJNG, con disputas por municipios donde predominan la extorsión y el cobro de piso.
Tradicionalmente, los cárteles controlaban territorios limitados y se especializaban en un solo producto. Sin embargo, en apenas 15 años, el CJNG pasó de ser una disensión regional derivada de la fragmentación del Cártel del Milenio, a convertirse en una red criminal con alcance internacional, apoyada en drogas sintéticas, expansión territorial y una estructura de mando único con franquicias en todo el país.
Una de las principales actividades del CJNG, más allá del tráfico internacional, es el control de economías locales, incluido el transporte, la agroindustria, el comercio minorista y la minería. Además, la red logística del CJNG incluye acceso a puertos del Pacífico para recibir precursores procedentes de Asia, laboratorios clandestinos en zonas rurales y rutas terrestres hacia la frontera norte.
Según la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos, el cártel opera en más de 40 países, está presente en casi todos los 50 estados estadounidenses y mantiene actividades destacadas en ciudades como Los Ángeles, Seattle, Charlotte, Chicago y Atlanta.

Desplegaron operativos militares en al menos 20 estados y se preparan para responder a lo que espera será el contra ataque del Cártel Jalisco Nueva Generación.