Durante más de dos décadas fue uno de los grandes protagonistas de las rutas, barrios y garajes argentinos.
Hay autos que envejecen y desaparecen de las calles. Y hay otros que, aunque hayan pasado décadas desde que dejaron de fabricarse, parecen negarse a jubilarse. El Renault 12 pertenece definitivamente al segundo grupo.
Durante más de dos décadas fue uno de los grandes protagonistas de las rutas, barrios y garajes argentinos. Fue el auto familiar, el compañero de vacaciones, el vehículo de trabajo y, para muchos, el primer cero kilómetro que pudieron comprar.
La historia argentina del Renault 12 comenzó en 1971, cuando empezó a fabricarse en la planta de Santa Isabel, en Córdoba. Su primera versión llevaba un motor de 1.300 centímetros cúbicos y 54 caballos de potencia. Dos años después apareció la versión familiar, conocida popularmente como la Break.
Pero su secreto nunca estuvo solamente debajo del capó. El R12 construyó su fama gracias a una combinación difícil de conseguir: era sencillo, relativamente económico de mantener, espacioso y capaz de soportar kilómetros y kilómetros de uso.
Por eso empezó a aparecer prácticamente en todos lados. En las ciudades, en caminos rurales, cargado hasta el techo durante las vacaciones familiares o estacionado durante años en la misma vereda del barrio.
Aunque la imagen que quedó instalada es la del tranquilo auto familiar, el Renault 12 también tuvo su costado deportivo.
En 1978 apareció en Argentina una de sus versiones más particulares: el Renault 12 Alpine. Fue producido en cantidades muy reducidas -Renault señala unas 493 unidades- y se transformó con el tiempo en una pieza especialmente buscada por coleccionistas.
Era una cara muy diferente para un modelo asociado principalmente a la practicidad cotidiana.
Mientras tanto, el R12 tradicional siguió atravesando generaciones. Recibió cambios estéticos, nuevas versiones y actualizaciones mecánicas, pero conservó durante años una silueta que terminó siendo inmediatamente reconocible para los argentinos.
Su permanencia en producción explica parte de ese fenómeno. Renault fabricó el modelo en Argentina hasta 1994, es decir, durante más de dos décadas. Distintas fuentes especializadas ubican la producción total local en alrededor de 444.000 unidades, sumando las versiones sedán y Break.
El final llegó el 2 de noviembre de 1994, cuando terminó su producción en Santa Isabel. Para entonces, el mercado automotor ya era completamente diferente al que lo había recibido en los primeros años de la década del 70.
Sin embargo, el Renault 12 consiguió algo que muchos modelos más modernos nunca lograron: sobrevivir a su propia época.
Más de 30 años después de la salida del último ejemplar argentino de fábrica, todavía es posible cruzarse con alguno funcionando.
Ese quizás sea uno de los aspectos más curiosos de su historia.
Mientras otros vehículos contemporáneos quedaron prácticamente reservados para exposiciones de clásicos, todavía existen Renault 12 utilizados como autos cotidianos. Incluso surgieron comunidades dedicadas exclusivamente a fotografiar y registrar ejemplares que siguen circulando por distintos puntos del país.
Y no siempre impecables.
Algunos están restaurados como recién salidos de fábrica. Otros conservan las marcas de décadas de uso. Pero siguen andando.
El modelo incluso protagonizó una historia completamente inesperada durante la visita de Michael Jackson a la Argentina en 1993.
Según reconstrucciones periodísticas de aquel episodio, el cantante quedó rodeado por una multitud cuando salió del Patio Bullrich, en Buenos Aires, y terminó escapando del lugar a bordo de un Renault 12 rojo perteneciente a una persona que circunstancialmente estaba allí.
La escena resulta difícil de imaginar: una de las mayores estrellas de la música mundial escapando del asedio de sus fanáticos en uno de los autos más cotidianos de la Argentina de aquellos años.
Probablemente esa sea la mejor manera de explicar el lugar que ocupa el Renault 12.
Nunca necesitó ser el vehículo más lujoso ni el más potente para transformarse en un clásico. Su importancia estuvo en otro lado: acompañó durante años la vida cotidiana de miles de familias.
Mudanzas, vacaciones, viajes interminables por la ruta, primeros manejos, trabajos y domingos en familia.
Por eso, cuando aparece todavía algún Renault 12 circulando entre autos llenos de pantallas, sensores y asistentes electrónicos, no solamente aparece un vehículo viejo.
Aparece un pedazo de la Argentina de otra época.