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Peugeot 205 Turbo 16: el pequeño auto de los 80 que escondía una bestia

Es una de las 219 unidades que se fabricaron de este modelo en la década de 1980.

Lunes, 20 de Julio de 2026

El Peugeot 205 Turbo 16 de 1983 no fue simplemente una versión más potente del popular 205. Detrás de una apariencia que conservaba algunos rasgos del modelo urbano se escondía una auténtica máquina de competición creada con un objetivo muy concreto: conquistar el temido Grupo B del Campeonato Mundial de Rally.


Una de sus mayores curiosidades estaba justamente bajo la carrocería. Mientras el Peugeot 205 convencional tenía el motor delantero, el Turbo 16 llevaba un motor turboalimentado ubicado en posición central y contaba con tracción en las cuatro ruedas. En otras palabras, compartía el nombre y parte de la estética con el auto que podía verse todos los días en la calle, pero técnicamente eran vehículos completamente diferentes.


Su desarrollo comenzó a principios de los años 80 bajo la dirección de Jean Todt, quien años después se convertiría en una figura clave de Ferrari en la Fórmula 1. Peugeot necesitaba fabricar unidades de calle para cumplir con las exigencias de homologación del Grupo B, una categoría que terminó convirtiéndose en una de las épocas más espectaculares y peligrosas de la historia del automovilismo.


El resultado fue el Peugeot 205 Turbo 16, un auto compacto, liviano y extremadamente potente. Su versión de competición fue evolucionando hasta superar ampliamente los 400 caballos de potencia, combinados con un peso reducido y un sistema de tracción integral que le permitía enfrentarse a terrenos de tierra, nieve y asfalto a velocidades impresionantes.


El proyecto fue todo un éxito. El 205 Turbo 16 se convirtió en uno de los grandes protagonistas del Grupo B y consiguió títulos mundiales para Peugeot en 1985 y 1986, antes de que la categoría fuera prohibida debido a los graves accidentes que marcaron sus últimos años.


Hoy, más de cuatro décadas después de su aparición, el Peugeot 205 Turbo 16 es considerado una pieza de culto. Y quizás su mayor encanto siga siendo el mismo: parecer, a simple vista, un pequeño Peugeot 205 de los años 80, cuando en realidad debajo de esa carrocería se escondía uno de los autos de rally más extremos de su generación.