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El Rastrojero: el vehículo argentino que nació de la chatarra y se convirtió en leyenda

En lugar de desecharlos, los ingenieros de la estatal Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado decidieron utilizarlos para fabricar una camioneta económica

Miercoles, 24 de Junio de 2026

Pocas historias de la industria nacional son tan curiosas como la del Rastrojero, una camioneta que nació casi por accidente y terminó transformándose en un símbolo del trabajo rural argentino.

Su origen se remonta a comienzos de la década de 1950, cuando el gobierno de Argentina adquirió miles de tractores de origen estadounidense que habían quedado sin uso tras la Segunda Guerra Mundial. Junto con esos tractores llegaron enormes cantidades de motores y repuestos excedentes que nadie sabía muy bien cómo aprovechar.

En lugar de desecharlos, los ingenieros de la estatal Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado decidieron utilizarlos para fabricar una camioneta económica destinada al campo. Así nació el Rastrojero.

El nombre tampoco fue casual. El vehículo estaba pensado para trabajar en los "rastrojos", es decir, los restos de cultivos que quedaban en los campos después de la cosecha. Su función era recorrer terrenos difíciles transportando herramientas, animales y producción agrícola.

La primera versión apareció en 1952 y utilizaba un motor naftero de origen estadounidense. Sin embargo, los usuarios pronto reclamaron una mecánica más robusta y económica. La respuesta llegó con la incorporación de motores diésel, que terminarían convirtiéndose en una de las características más recordadas del modelo.

Una camioneta hecha para durar

El Rastrojero ganó fama por su resistencia. Muchos productores rurales aseguraban que podía seguir funcionando incluso después de décadas de uso intensivo. Su mecánica simple permitía reparaciones caseras y la disponibilidad de repuestos facilitaba mantenerlo en marcha.

Una de las frases más repetidas por sus propietarios era que "si arranca, no se para más".

El auto que también fue taxi

Aunque nació como vehículo rural, el Rastrojero tuvo una segunda vida inesperada. En la década de 1960 apareció una versión denominada "Conosur", una especie de sedán diésel derivado de la camioneta.

Gracias a su bajo consumo, miles de taxistas argentinos comenzaron a utilizarlo en las ciudades. Durante años fue común ver Rastrojeros negros y amarillos circulando por Buenos Aires.

El final de una era

La producción continuó hasta 1980, cuando la dictadura militar decidió cerrar Industrias Mecánicas del Estado, empresa sucesora de IAME. Con esa medida terminó la fabricación del Rastrojero, pese a que seguía teniendo una gran aceptación entre trabajadores y productores.

Una curiosidad que pocos conocen

Cuando se fabricó el primer prototipo, algunos funcionarios dudaban de que el proyecto tuviera futuro. La camioneta fue concebida inicialmente como una solución temporal para aprovechar materiales sobrantes. Lo que nadie imaginaba era que aquel vehículo construido con piezas excedentes terminaría convirtiéndose en uno de los mayores íconos de la industria automotriz argentina.