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Torino: la historia del auto que marcó una era en la industria argentina

A medio siglo de la histórica participación argentina en Nürburgring, el Torino sigue siendo un símbolo de innovación, rendimiento y orgullo nacional dentro de la industria automotriz.

Jueves, 11 de Junio de 2026

El Torino ocupa un lugar privilegiado en la historia automotriz argentina. Considerado por muchos como el auto más emblemático fabricado en el país, logró combinar diseño, prestaciones deportivas, confort y tecnología avanzada en una época en la que la industria nacional buscaba posicionarse entre las más destacadas del mundo.

A casi cuatro décadas del final de su producción, el modelo continúa despertando admiración entre fanáticos y especialistas. Su legado vuelve a cobrar protagonismo con la conmemoración del 50° aniversario de la histórica participación argentina en las 84 Horas de Nürburgring, una de las competencias más exigentes del automovilismo mundial.

El Torino nació en 1966 bajo la órbita de Industrias Kaiser Argentina (IKA), que había establecido una alianza con Renault años antes. Aunque tomó como base estructural al Rambler American estadounidense, recibió profundas modificaciones desarrolladas en el país y un rediseño estético a cargo del prestigioso estudio italiano de Sergio Pininfarina.

Según explicó en diversas oportunidades Oreste Berta, gran parte de la ingeniería del vehículo fue desarrollada en Argentina. Las suspensiones, la transmisión, el diferencial y el motor fueron concebidos localmente, mientras que del modelo estadounidense apenas conservaba la estructura básica de la carrocería.

Su presentación oficial se realizó el 30 de noviembre de 1966 en el Autódromo de Buenos Aires. Desde el comienzo llamó la atención por sus prestaciones. Equipado con el motor Tornado de seis cilindros y 3.770 centímetros cúbicos, el Torino ofrecía una potencia que, según la versión, osciló entre los 120 y los 218 caballos de fuerza. Las variantes de competición llegaron incluso a superar los 250 HP.

Uno de sus mayores hitos fue convertirse en el primer automóvil fabricado en Argentina capaz de superar los 200 kilómetros por hora de velocidad máxima saliendo de fábrica, una marca reservada por entonces para vehículos de altísima gama.

El espíritu deportivo del Torino quedó demostrado rápidamente. Apenas unos meses después de su lanzamiento obtuvo su primera victoria en Turismo Carretera con Eduardo José Copello en la Vuelta de San Pedro de 1967. A partir de allí comenzó una etapa de éxitos que incluyó campeonatos y decenas de triunfos en las principales categorías nacionales.

La consagración internacional llegó en agosto de 1969 durante las 84 Horas de Nürburgring. Bajo la dirección de Juan Manuel Fangio y con la preparación técnica de Oreste Berta y Heriberto Pronello, tres Torino enfrentaron a marcas como Ford, Porsche, BMW, Mercedes-Benz, Alfa Romeo, Fiat y Mazda.

Aunque una penalización privó al equipo argentino de un resultado aún mejor, el Torino número 3 conducido por Eduardo Copello, Oscar Mauricio Franco y Alberto Rodríguez Larreta fue el vehículo que más vueltas completó durante la competencia. El desempeño sorprendió al mundo y consolidó la reputación internacional del modelo.

Otro de los aspectos que distinguieron al Torino fue la sofisticación de su mecánica. Su motor incorporaba una tapa de cilindros desarrollada por el mismo ingeniero que había trabajado para Jaguar y utilizaba tres carburadores de doble boca, una configuración habitual en autos de competición de máxima categoría. Berta llegó a sostener que era prácticamente único entre los vehículos de serie de su tiempo.

Más allá de la velocidad, el modelo también ganó prestigio por su confiabilidad, autonomía y confort. Durante la década de 1970 se transformó en uno de los vehículos más deseados del mercado argentino y lideró durante varios años el segmento de alta gama.

La producción del Torino finalizó a fines de 1981, ya bajo control exclusivo de Renault. En total se fabricaron 99.792 unidades entre versiones sedán y cupé. Sin embargo, el cierre de la línea no significó el final de su historia.

Hoy continúa siendo una referencia obligada para los amantes del automovilismo argentino. Clubes de propietarios y agrupaciones de todo el país mantienen vivo el legado de un vehículo que trascendió su condición de automóvil para convertirse en un símbolo de una etapa de desarrollo industrial y deportivo que aún permanece en la memoria colectiva.