A pesar de los logros en materia fiscal y la reducción inflacionaria, la actividad productiva atraviesa un momento delicado. Tras el alivio impositivo para las pymes, un análisis sobre las tres cuentas pendientes de la administración de Javier Milei para evitar que el ajuste asfixie al sector privado.
La suspensión de los embargos fue un acierto de Caputo, pero todavía quedan tres decisiones fundamentales: Milei debe hablar menos y escuchar más, el Estado debe dejar de absorber los recursos que necesita el sector privado y el dólar no puede permanecer prácticamente inmóvil mientras la inflación sigue aumentando los costos argentinos. Tampoco es cierto, como anuncian algunos economistas interesados, que todo se esté derrumbando. El riesgo es que los errores del Gobierno terminen devolviéndole el poder al peronismo.
La Argentina está llegando a un punto delicado. No porque el programa económico haya fracasado, como pretenden instalar algunos, sino porque el Gobierno parece convencido de que mantener las cuentas fiscales ordenadas es suficiente para que la economía funcione.
Y no alcanza.
El comercio vende poco, la construcción sigue golpeada, numerosas industrias trabajan por debajo de su capacidad y las pymes enfrentan problemas.
Este diario viene reclamando cuatro decisiones concretas. Finalmente se tomó una. Faltan tres.
1. LOS EMBARGOS: UN ACIERTO QUE LLEGÓ TARDE
La suspensión de las ejecuciones fiscales y los embargos de ARCA para las pymes fue una decisión acertada, que este diario reclamó reiteradamente.
Caputo comprendió finalmente algo elemental: no se puede pretender cobrar impuestos destruyendo financieramente a quienes deben pagarlos.
También hubo avances en facilidades de pago y financiamiento, medidas positivas que merecen reconocerse.
Pero una cosa es aliviar y otra muy distinta conseguir que la economía vuelva a crecer.
El Gobierno resolvió uno de los cuatro problemas. Ahora debe ocuparse de los otros tres.
2. MILEI DEBE ESCUCHAR MÁS
El Presidente debería comprender que ya no necesita explicar todos los días las bondades de su programa económico.
Necesita que esas bondades lleguen a las empresas, los trabajadores y los consumidores.
Los insultos, las confrontaciones y las reiteradas explicaciones ideológicas no reemplazan decisiones económicas concretas.
La inflación bajó respecto de los niveles heredados, el equilibrio fiscal es un logro importante y sería absurdo desconocerlo.
Pero mientras Milei continúa hablando de sus éxitos, miles de empresarios siguen mirando balances con ventas insuficientes, costos crecientes y márgenes cada vez menores.
Menos discursos, menos peleas y más decisiones. No se trata de abandonar las ideas liberales, sino de conseguir que funcionen también para quienes producen.
3. EL ESTADO NO PUEDE SEGUIR ABSORBIENDO EL DINERO DEL SECTOR PRIVADO
El equilibrio fiscal es indispensable, pero no puede sostenerse una economía en la que el financiamiento disponible termina privilegiando al sector público mientras las empresas no consiguen crédito razonable.
El Tesoro continúa demandando recursos financieros y los bancos encuentran oportunidades en instrumentos públicos, mientras ofrecen préstamos demasiado caros y exigen condiciones excesivas a las pymes.
La consecuencia es evidente: estabilidad en determinadas variables financieras, pero falta de dinero para producir, construir, invertir y consumir.
No estamos proponiendo emisión descontrolada, subsidios generalizados ni volver al déficit.
Estamos reclamando que el ahorro argentino tenga como destino principal la inversión productiva y no solamente el financiamiento del Estado.
Los bancos también deben asumir su responsabilidad. No pueden seguir obteniendo buenos resultados financieros mientras las empresas enfrentan tasas elevadas, exigencias desproporcionadas y costos que muchas veces recién aparecen al momento de contratar.
En lugar de cumplir su función de prestar dinero a quienes producen, muchos bancos aprovechan la posibilidad de colocar sus recursos en el Estado, con menos esfuerzo comercial y sin asumir los riesgos propios del financiamiento empresario.
Cuando una pyme necesita crédito, aparecen las garantías, las carpetas interminables, las tasas prohibitivas y las exigencias que terminan haciendo imposible la operación. Pero cuando se trata de financiar al Estado, los recursos aparecen.
Esto habrá que tenerlo muy en cuenta cuando la economía mejore. Porque muchos bancos no se están portando bien con las empresas que durante décadas fueron sus clientes y sostuvieron buena parte de sus negocios.
Cuando vuelva el crecimiento, esos mismos bancos seguramente saldrán a buscar a las empresas que hoy dejan sin financiamiento. Sería conveniente que entonces recuerden cómo actuaron durante los momentos difíciles.
Una economía en la que el Estado consigue financiamiento y las empresas no pueden acceder al crédito tiene un problema serio, aunque las cuentas fiscales cierren.
4. EL DÓLAR DEBE ACOMPAÑAR LA INFLACIÓN: LOS SALARIOS EN DÓLARES YA SUBIERON, AHORA HAY QUE RECUPERAR COMPETITIVIDAD
Este es uno de los riesgos más importantes de la estrategia económica.
Si los precios internos siguen aumentando y el tipo de cambio permanece prácticamente inmóvil, los costos argentinos medidos en dólares se encarecen.
La industria pierde competitividad, las economías regionales sufren, el turismo se vuelve más caro y los exportadores enfrentan márgenes cada vez menores.
También hay que reconocer algo que el Gobierno consiguió: los salarios argentinos medidos en dólares aumentaron considerablemente respecto de los niveles de la crisis.
El objetivo de acercarse a salarios de 1.500 dólares, comparables en términos nominales con los ingresos de sectores medios y medios bajos de algunas economías del exterior, ya es prácticamente una realidad.
Naturalmente, no todos los trabajadores argentinos alcanzaron ese ingreso, ni pueden compararse salarios de distintos países sin considerar sus costos de vida. Pero la recuperación del salario medido en dólares es un avance real.
Ahora bien, ese avance no puede convertirse en una pérdida permanente de competitividad para quienes tienen que pagar esos salarios, producir y vender.
Ya se consiguió una importante recuperación nominal de los ingresos en dólares. Ahora el tipo de cambio tiene que acompañar la inflación y permitir que las empresas argentinas vuelvan a competir. Ya estuvo de utilizar el dólar quieto como principal ancla de los precios.
No estamos pidiendo una devaluación que destruya el poder adquisitivo.
Estamos diciendo que no se puede utilizar indefinidamente la quietud cambiaria como sustituto de una política antiinflacionaria completa.
La estabilidad del dólar debe ser consecuencia de una economía confiable y competitiva, no una herramienta que termine perjudicando a quienes producen.
CHOCARON LOS PLANETAS, PERO ARGENTINA NO SE ESTÁ DERRUMBANDO
Luis Varela, en su reciente columna de El Economista, titulada Chocaron los planetas, describe un escenario internacional complicado, con turbulencias financieras, dudas sobre las valuaciones vinculadas con la inteligencia artificial y movimientos que afectan a los mercados emergentes.
Argentina no está aislada de esos acontecimientos. Los bonos y las acciones pueden sufrir las consecuencias de un escenario internacional adverso, especialmente cuando la economía interna todavía muestra debilidades.
Pero tampoco es cierto que todo esté por estallar, ni siquiera cerca.
Algunos economistas y dirigentes políticos anuncian permanentemente el derrumbe del programa económico, una crisis inevitable y el fracaso de Milei.
Eso no es lo que muestran todas las variables económicas.
El Gobierno consiguió avances importantes en materia fiscal y monetaria, y la inflación se redujo considerablemente respecto de los niveles que recibió.
Desconocerlo sería tan equivocado como negar los problemas que todavía existen.
Lo llamativo es que muchos de quienes anuncian catástrofes son los mismos economistas y sectores políticos que ya tuvieron oportunidades de gobernar, administrar la economía o influir en las decisiones públicas, con resultados que le hicieron mucho daño al país.
Algunos parecen más interesados en que fracase Milei para volver a imponer sus recetas, sus candidatos o sus partidos que en encontrar soluciones para Argentina.
No necesitamos regresar a los economistas que contribuyeron a destruir nuestra moneda, ni a los partidos que convirtieron el déficit y la inflación en una forma de gobernar.
Pero tampoco necesitamos un Presidente que confunda defender su programa con negarse a corregir sus errores.
La Argentina no se está derrumbando, pero tampoco está creciendo como debería.
Y entre el catastrofismo interesado de unos y la soberbia de otros, quienes siguen pagando las consecuencias son las empresas y los ciudadanos.
BULLRICH PODRÍA SER LA ADVERTENCIA QUE MILEI NECESITA
Patricia Bullrich viene mostrando una actitud más pragmática frente a determinados problemas económicos y reclamó medidas concretas para aliviar a las pequeñas empresas, entre ellas la suspensión de los embargos.
Mientras Milei insiste en sus explicaciones doctrinarias, Bullrich parece comprender que el respaldo político también depende de lo que ocurre en la economía cotidiana.
Sus eventuales aspiraciones presidenciales todavía no constituyen una candidatura formal, pero podrían convertirse en un factor de presión dentro del oficialismo.
Quizás sea necesario que Bullrich acelere esas intenciones, que hasta ahora parecen más amenazas que decisiones, para conseguir que Milei reaccione.
No porque Argentina necesite otra pelea política, sino porque necesita que alguien le recuerde al Presidente que la paciencia de la sociedad tiene límites.
Y que el éxito de un programa económico no se mide solamente por sus números fiscales, sino también por la capacidad de generar inversión, empleo y crecimiento.
EL VERDADERO PELIGRO ES QUE VUELVA EL PERONISMO SEUDO KIRCHNERISTA
Lo verdaderamente preocupante es que Milei termine desperdiciando una oportunidad histórica.
El Gobierno consiguió avances macroeconómicos que deben preservarse. Pero corre el riesgo de perder respaldo por no atender suficientemente la actividad económica.
Si las empresas no venden, los trabajadores pierden capacidad de consumo, los bancos no prestan y la inversión sigue estancada, el orden fiscal dejará de alcanzar como argumento político.
Y entonces puede ocurrir lo peor: que el peronismo del plan playita encuentre nuevamente una oportunidad de regresar al poder, no porque haya presentado una propuesta económica superior, sino por los errores del propio oficialismo.
Sería lamentable que después de tanto esfuerzo para estabilizar Argentina, el Gobierno facilitara el regreso de quienes contribuyeron decisivamente a su deterioro.
Milei todavía tiene tiempo, pero debería apurarse.
Ya cumplió con los embargos.
Le falta hablar menos y escuchar más.
Le falta permitir que el dinero vuelva a financiar al sector privado.
Y le falta resolver la contradicción de mantener un dólar prácticamente inmóvil mientras la inflación continúa aumentando los costos argentinos.
Son tres decisiones pendientes que no requieren abandonar el equilibrio fiscal ni regresar al populismo.
La solución no está en volver a los economistas y partidos que ya fracasaron, pero tampoco en mantener una política económica incapaz de reaccionar frente a los problemas de la producción y el consumo.
Milei debe corregir lo que falta, no destruir lo conseguido.
Y si no lo comprende, quizás Bullrich tenga que recordárselo con algo más que declaraciones.
Porque el verdadero riesgo no es que el programa económico se derrumbe mañana, como anuncian algunos interesados. Es que el Gobierno termine perdiendo políticamente por no corregir a tiempo lo que todavía puede solucionar.