Analistas Por Sergio Prunam

LULA MIENTE II ?

. Lula ganó las elecciones, pero las primeras 48 horas posteriores a su triunfo dejaron más preguntas que respuestas.

Miercoles, 28 de Octubre de 2026

Prometió pacificar Brasil y terminó su victoria electoral con casi la mitad del país enfrentada, una orden judicial contra su adversario, un derrumbe histórico de los mercados y una economía que recibió un golpe demoledor. Lula ganó las elecciones, pero las primeras 48 horas posteriores a su triunfo dejaron más preguntas que respuestas.

SIETE MINUTOS QUE EXIGEN UNA EXPLICACIÓN

El domingo 25 de octubre, Lula derrotó a Flávio Bolsonaro por 51,79% contra 48,21%.

Apenas conocida la derrota, comenzó una controversia que trascendió las fronteras brasileñas.

Según la información difundida en el programa de Cristina Pérez por LN+, la orden para quitarle los pasaportes a Flávio Bolsonaro habría sido emitida apenas siete minutos después de confirmarse el resultado electoral.

El dato, que requiere la publicación de los registros horarios de la resolución para quedar definitivamente acreditado, plantea una pregunta inevitable:

¿Cómo se explica semejante velocidad judicial contra el principal adversario del presidente recién reelegido?

A esto se suma otro antecedente que merece una explicación. Lula durante el primer debate presidencial, anticipo que, si ganaba las elecciones, Bolsonaro terminaría preso.

Acá estamos ante una intromisión política de enorme gravedad: un presidente anticipando una consecuencia judicial contra su adversario antes de que una Justicia supuestamente independiente e imparcial resuelva lo que corresponde.

¿Cómo puede hablarse de independencia judicial si desde el propio poder político se anticipa públicamente el destino penal de un opositor?

La orden fue dictada por Alexandre de Moraes, integrante del Supremo Tribunal Federal, un magistrado cuya actuación en las causas vinculadas al bolsonarismo ha generado una profunda controversia política.

Existe una investigación judicial que debe respetarse. Pero también existe el derecho de cualquier ciudadano, incluso de un candidato derrotado, a recibir un tratamiento judicial independiente, proporcional y debidamente fundamentado.

La Justicia no puede convertirse en una prolongación de la disputa electoral.

PROMETIÓ RECONCILIACIÓN. BRASIL SIGUE DIVIDIDO.

Durante su campaña, Lula habló de democracia, convivencia y pacificación.

Sin embargo, casi 60 millones de brasileños votaron contra su continuidad.

No son una minoría insignificante. Son prácticamente la mitad del electorado que participó de la segunda vuelta.

El bolsonarismo denuncia persecución judicial. El gobierno sostiene que se trata de investigaciones legítimas y que nadie está por encima de la ley.

Esa diferencia debe resolverse con pruebas y garantías, no con una escalada política interminable.

Un presidente que promete gobernar para todos tiene la obligación de demostrar que no considera enemigos a quienes votaron en su contra. Lula ha dividido Brasil, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

La reconciliación no puede ser solamente una frase de campaña.

LA BOLSA SE DERRUMBÓ. EL DÓLAR SE DISPARÓ.

Los mercados no esperaron discursos.

El lunes 26 de octubre, apenas conocida la victoria de Lula, Brasil sufrió una de las jornadas financieras más violentas de los últimos años.

Los números son contundentes:

Bolsa brasileña: caída del 13,88% en una sola rueda.

Acciones individuales: algunas registraron desplomes superiores al 50%.

Dólar: suba del 8,21%, hasta 5,403 reales.

Ibovespa: llegó a perder más del 17% durante la jornada.

Mercado bursátil: operaciones suspendidas temporalmente por el mecanismo de emergencia conocido como circuit breaker.

Deuda pública: fuertes presiones sobre los bonos y cancelación de subastas del Tesoro.

La suba diaria del dólar fue la mayor desde enero de 1999.

No estamos hablando de una corrección bursátil habitual.

Estamos hablando de una crisis financiera de enorme magnitud, desatada inmediatamente después de la reelección presidencial.

Los inversores habían apostado a un cambio de rumbo fiscal. La victoria de Lula obligó a desarmar esas posiciones en pocas horas.

Pero reducir todo a una apuesta electoral equivocada tampoco alcanza para explicar la preocupación de fondo.

Brasil enfrenta un déficit fiscal estimado entre el 7% y el 8% del PBI y una deuda pública superior al 80% del producto, generado por un gobierno acusado de corrupción y clientelismo.

Y aquí aparece una responsabilidad que Lula no puede eludir: sus propias políticas económicas y la expansión del gasto público durante su gobierno han contribuido al deterioro de las cuentas fiscales.

El modelo de fuerte intervención estatal, ampliación del gasto y compromisos presupuestarios crecientes, que sus críticos identifican con un socialismo gastador, tiene costos concretos que no desaparecen con discursos políticos.

No todo el déficit brasileño puede atribuirse exclusivamente a Lula, pero tampoco puede presentarse al presidente como un espectador inocente de los desequilibrios fiscales de su propia administración y de los mayores daños.

El gasto público sin respaldo fiscal suficiente termina generando deuda, presionando las tasas de interés y debilitando la confianza de quienes deben invertir.

La combinación de desequilibrio fiscal, tasas elevadas, incertidumbre política y pérdida de confianza constituye una advertencia seria.

El mercado no vota, pero pone precio al riesgo. Y el lunes le puso a Brasil un precio extraordinariamente alto.

ESTADOS UNIDOS: OTRO FRENTE DE CONFLICTO

La relación de Lula con Washington representa otro interrogante.

Donald Trump mantiene una política comercial agresiva y una posición estratégica de confrontación con la creciente influencia china en América Latina.

Brasil tiene importantes vínculos comerciales con China y una agenda internacional que no siempre coincide con los intereses estadounidenses.

Un agravamiento de esas diferencias podría traducirse en presiones arancelarias, dificultades comerciales y mayor incertidumbre para las inversiones.

No existe todavía fundamento suficiente para dar por inevitable una ruptura entre ambos gobiernos. Pero el riesgo merece atención.

Y aquí aparece Argentina.

Si Brasil pierde competitividad institucional o enfrenta restricciones comerciales, Argentina podría captar parte de las inversiones y oportunidades que busquen alternativas regionales.

Energía, minería, agroindustria y determinados sectores industriales podrían encontrar oportunidades.

Aunque también existe un peligro: Brasil es el principal socio comercial argentino, y una recesión brasileña perjudicaría directamente a numerosas empresas de nuestro país.

Argentina tiene una oportunidad potencial, pero no puede confundir los problemas de su vecino con una victoria propia.

Por otro lado, Trump piensa que len as elecciones Brasileñas hubo fraude, todo una desproligidad ante el mundo lo del Juez que extendió la hora del cierre después del cierre.

Tiempo para armar algo?

EL CONGRESO PUEDE CONVERTIRSE EN SU MAYOR PROBLEMA

En enero de 2027, la nueva conformación del Congreso brasileño modificará el escenario de poder.

El Partido Liberal de Bolsonaro contará con 121 de los 513 diputados, una presencia importante para condicionar la agenda oficial.

Lula deberá negociar con un Parlamento donde no tiene garantizada una mayoría propia.

En Brasil existe un procedimiento constitucional denominado impeachment, que permite juzgar y eventualmente destituir al presidente por determinados delitos de responsabilidad, conocidos como crimes de responsabilidade.

La Cámara de Diputados necesita una mayoría de dos tercios para autorizar el procedimiento y el Senado debe resolver el juzgamiento.

No basta una diferencia política ni una crisis bursátil para justificarlo.

Pero un gobierno debilitado económicamente, enfrentado con una parte importante de la sociedad y sin suficiente respaldo legislativo puede encontrarse ante una etapa institucional particularmente difícil.

UN PRESIDENTE DE 81 AÑOS Y UNA PRIMERA DAMA PROTAGONISTA

Lula celebró sus 81 años el martes, apenas dos días después de la elección.

En las imágenes de los festejos volvió a destacarse Janja, su esposa, considerablemente más joven y con una participación pública cada vez más visible.

Ese protagonismo alimenta críticas opositoras sobre la influencia que ejerce en el entorno presidencial.

La edad de Lula y la diferencia generacional con su esposa no constituyen por sí mismas un problema político.

Pero los brasileños tienen derecho a conocer con claridad quiénes participan de las decisiones de gobierno, cuáles son sus responsabilidades y qué controles existen.

El poder presidencial es una responsabilidad institucional, no un asunto familiar.


LA PACIFICACIÓN SIGUE SIENDO UNA PROMESA

Lula prometió reconciliar a Brasil.

Hoy enfrenta una sociedad profundamente dividida, una controversia judicial alrededor de su principal adversario, un mercado financiero sacudido y un Congreso que puede dificultar seriamente su próximo mandato.

Las denuncias de irregularidades electorales formuladas por el bolsonarismo deberán investigarse y resolverse con pruebas. Hasta ahora, esas denuncias no demuestran que el resultado oficial haya sido fraudulento, pero...

La caída de los mercados fue una advertencia. La división política es una realidad. Y el nuevo Congreso será una prueba el tema es quien le cree ahora...

Y ese incumplimiento, en un Brasil partido prácticamente por la mitad, tiene consecuencias demasiado importantes para ser ignoradas.