Lula es conocido por su tenacidad. Bienvenida sea, porque la va a necesitar.
La polarización de Brasil huele a pólvora y la histórica remontada del domingo encendió la segunda mecha. La histórica tercera reelección de Lula generó una controversia que no va a cede, porque los 60 millones de votantes de Flavio Bolsonaro creen que fueron estafados, y están en pie de guerra. La derecha se va a movilizar en la calle y el mercado: el Bovespa se vino abajo, y el real también.
El plano institucional no pinta mejor. Para 2027, el panorama para el Palacio del Planalto es directamente hostil. En el Senado, que tiene 81 bancas, la derecha tendrá 49 (60,5%), dejando al centrão y al PT con apenas 16 cada uno (19,8%). Con esos números, la oposición ya junta con los 49 votos que necesita para tirar abajo enmiendas constitucionales (PEC), rozando incluso los 54 que necesitaría para iniciar el proceso de impeachment. Y en Diputados, que tiene 513 escaños, los bolsonaristas y la derecha tendrán 283 (55,2%), el centrão 123 (24%) y el lulismo solo 107 (20,8%). En criollo: Lula no podrá una ley sin antes dividir a la derecha y negociar con un pedazo de ella. Y en Brasil, el Congreso manda: el Ejecutivo no tiene las facilidades legislativas (decretismo y demás) a las que estamos acostumbrados los argentinos.
?Además, está la bomba de la economía que el propio Lula se dejará a sí mismo. Brasil tiene un déficit fiscal demasiado importante, que limitará su margen de maniobra para distribuir. Los economistas coinciden en que "la cuarta" comenzará con austeriodad. Y con el Congreso en contra apretando contra los recortes presupuestarios se le va a complicar.
?La biología no ayuda. Lula hoy tiene 80 años y terminará su cuarta presidencia con 85. Y a diferencia de Biden, que tenía a una vice joven como Kamala Harris, el veterano líder está secundado por Geraldo Alckmin, quien es apenas un poco más joven que él. Esa es la pesadilla de los mercados: si a Lula le falla la salud en medio del mandato, se vendrá una interna o, peor aún, la cuestionadísima guardia del PT tomará el gobierno de la décima economía mundial.
?Para rematar, está la sombra de las causas judiciales de Lula y su círculo, que siguen ahí. Lula puede cambiar la Corte Suprema para blindarse, pero eso solo empeorará la polarización y las amenazas de juicio político.
Fabián Calle dice que Lula no estará en condiciones de gobernar. Y el panorama no es alentador: su gobierno estará contra las cuerdas en el Congreso, las cuentas públicas, el reloj biológico y la calle bolsonarista. La remontada épica camina directo a un campo minado.