El que compró dólares hace tres años y simplemente los guardó hizo un pésimo negocio en términos reales.
Hay que mirar los números y olvidarse de los mitos.
El que compró dólares hace tres años y simplemente los guardó hizo un pésimo negocio en términos reales.
El 4 de septiembre de 2023 el dólar blue estaba alrededor de $730. Hoy ronda los $1.545. Subió aproximadamente 112%.
En el mismo período, la inflación acumulada fue muy superior.
La cuenta es brutalmente sencilla: el dólar no alcanzó ni de cerca a acompañar el aumento del costo de vida.
Quien compró US$100.000 en septiembre de 2023 necesitó aproximadamente $73 millones. Hoy esos US$100.000 valen unos $154,5 millones.
Pero esos $73 millones, actualizados por inflación, representan un monto muy superior.
Por lo tanto, el ahorrista que creyó que el dólar era una inversión y no solamente un seguro cambiario perdió una enorme cantidad de poder adquisitivo.
Y no fue solamente el que compró dólares.
También perdió el que los mantuvo inmovilizados.
Mientras la inflación continuaba, esos dólares no generaban renta. No había intereses, dividendos ni reinversión. Simplemente estaban guardados.
El resultado de tres años es contundente: dólar +112%; inflación, bastante más. 3 a 1
En 2026 la diferencia se volvió todavía más evidente. El dólar prácticamente se mantuvo estable durante buena parte del año mientras los precios continuaron subiendo.
Es decir: tener dólares debajo del colchón dejó de ser una inversión. Es, como mucho, una cobertura cambiaria y el peor de los negocoios.
Y ahora, los bancos
Aquí aparece otro problema.
Los bancos tienen dinero.
Tienen liquidez.
Tienen capital.
Y tienen niveles de morosidad empresarial relativamente bajos.
Pero para una PyME conseguir un préstamo muchas veces parece diseñado para que finalmente no lo consiga.
Piden balances, declaraciones, garantías, avales, flujo de fondos, bienes, seguros, antecedentes, documentación societaria, información de socios y cualquier otra cosa que se les ocurra.
Y cuando la empresa finalmente entrega todo, aparece la respuesta:
"El monto aprobado es menor al solicitado."
O directamente:
"No califica."
Entonces hay una pregunta que nadie termina de contestar: si la empresa tiene historial de pago, patrimonio, facturación y capacidad de generar fondos, ¿por qué necesita demostrar prácticamente que no necesita dinero para que el banco se lo preste?
Los números del sistema tampoco justifican algunas de estas conductas.
La morosidad de las empresas estaba alrededor del 3%, mientras que la solvencia bancaria se encontraba en niveles extraordinariamente altos.
En marzo de 2026 la integración de capital del sistema financiero alcanzaba aproximadamente 30,5% de los activos ponderados por riesgo.
No estamos hablando de bancos al borde del colapso.
Estamos hablando de entidades con una posición patrimonial muy fuerte.
El préstamo tiene una tasa y después tiene otra historia
Pero hay algo todavía peor.
El banco anuncia una tasa.
Después aparecen gastos administrativos.
Comisiones.
Seguros.
Gastos de otorgamiento.
Costos de mantenimiento.
Avales.
Impuestos.
Comisiones por depositar tu plata y comisiones por sacar tu plata.
sellos...
Y otros cargos...
El cliente termina descubriendo que la tasa que vio en el cartel no es necesariamente lo que cuesta el préstamo.
Y esto debería ser mucho más transparente.
Si un crédito tiene un costo financiero total determinado, ese número debería aparecer primero, grande y sin letra chica.
Y para una PyME unos puntos más no son un detalle.
Un crédito de $100 millones con una diferencia de 10 puntos porcentuales en el costo financiero puede significar millones de pesos adicionales.
El crédito existe, pero no para todos
El crédito privado llegó en 2026 a aproximadamente 12,3% del PBI.
Es una recuperación respecto de los mínimos anteriores, pero continúa siendo extremadamente bajo para una economía que pretende crecer.
Además, buena parte del crecimiento reciente está concentrado en crédito en dólares y en empresas vinculadas con exportaciones.
El crédito empresarial en dólares llegó a mostrar aumentos interanuales cercanos al 60%.
Eso demuestra algo importante: cuando el banco encuentra un cliente que considera seguro, presta.
El problema aparece con la PyME común.
La que vende al mercado interno.
La que necesita capital de trabajo.
La que quiere comprar una máquina.
La que necesita financiar stock.
La que necesita atravesar cuatro meses de menor facturación.
Ahí comienzan las garantías, los requisitos y las tasas.
Los números contra dos viejos negocios argentinos
Después de tres años, la fotografía es bastante clara.
Dólar guardado: perdió fuertemente contra la inflación.
Pesos inmovilizados: también perdieron contra la inflación.
Crédito bancario: crece, pero sigue siendo pequeño en relación con el PBI.
Bancos: tienen capital y liquidez suficientes, pero siguen siendo extremadamente selectivos para prestar.
PyME: paga más caro y enfrenta más requisitos que una empresa grande o exportadora.
Y hay una última comparación que resulta incómoda.
El sistema financiero argentino tiene una relación crédito/PBI de apenas 12,3%.
En economías desarrolladas, el crédito privado puede superar ampliamente el tamaño anual de la economía.
Por eso el problema argentino no es solamente cuánto cobra el banco.
Es cuánto presta, a quién le presta y cuánto termina pagando realmente el cliente.
Después de tres años, el resultado es difícil de discutir: el dólar como inversión fue un fracaso para quien simplemente compró y esperó; y el crédito bancario sigue siendo demasiado chico, demasiado caro y demasiado complicado para buena parte de las PyME.
Y cuando para conseguir un préstamo hay que presentar medio archivo de la empresa, ofrecer garantías por encima del riesgo y después descubrir costos que no estaban en la primera conversación, hay una conclusión bastante simple:
Los bancos no necesitan que les expliquen cómo administrar el riesgo; necesitan que alguien les explique que prestar dinero también forma parte de su negocio. En realidad el UNICO negocio que deberían hacer.
Y que el gobierno se deje de tomarles prestamos que ellos deciden darle y por consiguiente no otorgarle a los privados.
Ah se me olvido! para que esta el BCRA, sino es para regular a los mismo bancos cuyos balances son espectacularmente buenos? Por las tasas lo digo.