Analistas Editorial por Mateo Coria

La economía que no se escucha y la paciencia que se termina

En la Argentina de hoy no alcanza con tener razón en la macroeconomía si una parte importante de la sociedad todavía no siente la recuperación. 

Domingo, 16 de Agosto de 2026

Hay una contradicción que el Gobierno debería empezar a mirar con mayor atención: la macroeconomía está mucho mejor, pero la economía que vive la gente todavía no funciona como debería.

El superávit fiscal es un logro enorme. También lo son la fuerte reducción de la inflación y la estabilidad cambiaria. En el primer trimestre de 2026 el PBI creció 2,3% interanual, y el superávit primario de los primeros cinco meses rondó el 0,7% del PBI.

Pero el último dato mensual es menos alentador: en mayo el EMAE creció apenas 0,2% interanual y cayó 0,5% contra abril.

Y acá aparece el verdadero problema.

Los sectores que empujan la economía no son los que más empleo generan.

Energía, minería y agro representan aproximadamente 15% del PBI pero solamente 9% del empleo, mientras industria, comercio y construcción -mucho más intensivos en trabajo- siguen mostrando dificultades.

La Argentina está creciendo, pero crece de manera demasiado concentrada.

La Argentina de los dólares y la Argentina del trabajo

Hay sectores que funcionan extraordinariamente bien.

Agro, energía y minería podrían generar en 2026 alrededor de US$57.168 millones de liquidaciones, un nivel récord.

Vaca Muerta se convirtió finalmente en una realidad económica y no solamente en una promesa. La energía está generando dólares, inversiones y exportaciones.

El sistema financiero también se normalizó: los bancos volvieron a tener depósitos, liquidez y capacidad de prestar, pero que le prestan mayormente al Estado

Pero el problema es que esa abundancia todavía no se derrama sobre la economía cotidiana.

El comercio, la industria y la construcción necesitan crédito, demanda, inversión y menores costos.

Por eso las nuevas medidas son interesantes, pero también reveladoras.

El Gobierno quiere ampliar los créditos en dólares para empresas y está estudiando utilizar recursos del FGS de ANSES para darle fondeo de largo plazo a los bancos y abaratar los créditos hipotecarios.

Son buenas medidas.

Pero también pueden interpretarse como una señal de que el Gobierno ya entendió que solamente con equilibrio fiscal la economía no arranca sola y si no lo ha entendido, es mejor que lo haga pronto.

El problema no son los créditos: es todo lo que falta alrededor

El crédito en dólares puede servir para las empresas.

El crédito hipotecario puede reactivar la construcción.

Pero hace falta mucho más.

Hay que bajar el costo impositivo sobre las empresas que producen y emplean.

Hay que acelerar una reforma laboral que permita contratar sin convertir cada incorporación en un riesgo y juicios cada ves mas caros para las empresas, Mendoza incluido.

Hay que reducir los costos logísticos.

Hay que terminar con regulaciones innecesarias.

Hay que acelerar concesiones privadas de rutas, infraestructura, energía y transporte.

Y hay que utilizar Vaca Muerta no solamente para exportar petróleo y gas, sino para generar industria alrededor de la energía: petroquímica, fertilizantes, infraestructura, servicios petroleros y manufacturas.

Lo mismo con el agro: no alcanza con exportar granos. Hay que exportar alimentos, maquinaria, biocombustibles y productos elaborados.

El desafío es transformar los dólares de los sectores competitivos en empleo y actividad para el resto de la economía.

Y entonces aparece Macri

En este contexto, el acercamiento entre Mauricio Macri y el Gobierno adquiere otra dimensión.

PRO y La Libertad Avanza comenzaron formalmente a acercarse nuevamente y ya se habla de una posible alianza hacia 2027.

Por supuesto que hay una cuestión electoral.

Pero sería ingenuo pensar que solamente se trata de eso.

Milei ganó en 2023 sin estructura política tradicional. Ahora necesita consolidar gobernabilidad, sumar cuadros, conseguir acuerdos legislativos y ampliar su base.

Y probablemente también haya comprendido algo: no alcanza con tener razón en la macroeconomía si una parte importante de la sociedad todavía no siente la recuperación.

Macri, además, representa una parte del empresariado, del electorado de centro-derecha y de una estructura política que Milei necesita.

El acercamiento puede ser entonces una alianza electoral.

Pero también puede ser una señal de madurez política frente a una economía que está creciendo más lentamente de lo esperado.

La paciencia es el verdadero déficit

El Gobierno tiene todavía una enorme ventaja: nadie puede negar que recibió una economía al borde del colapso y consiguió estabilizarla.

Pero la paciencia social no es infinita.

La inflación de julio fue 2,1% mensual y 33,8% interanual. Es muchísimo mejor que el 200% de inflación anual que recibió Milei, pero todavía está lejos de una economía completamente normalizada.

Y mientras tanto aparecen nuevamente candidatos peronistas que no consiguen explicar cómo solucionar los problemas que ellos mismos crearon y que son los mismos que fueron parte del periodo de corrupción mas obsceno de nuestro país.

Y aparecen empresarios-outsiders que prometen administrar el país como una empresa.

Pero estos últimos también deberán responder una pregunta incómoda:

¿Cuánto de sus negocios dependió del Estado?

Porque Argentina no necesita reemplazar una casta política por una casta empresarial.

Necesita reglas iguales para todos.

Milei tiene que hacer ahora lo más difícil

El esquema económico de Milei no debería cambiar.

Debe profundizarse.

Superávit fiscal.

Menos emisión.

Inflación descendente.

Dólares para inversión. 

Bancos prestando. Que no prestan,

Energía y agro exportando.

Pero falta la segunda mitad del programa: industria, construcción, comercio, empleo y vivienda.

Si el Gobierno logra que los dólares de Vaca Muerta, del agro y de la minería financien inversión productiva; que los bancos transformen depósitos en crédito; que la construcción vuelva a crecer y que las empresas vuelvan a contratar, habrá completado el círculo.

Si no lo consigue, aparecerá el riesgo político.

Porque la gente puede aceptar sacrificios cuando ve un horizonte.

Lo que no acepta indefinidamente es que le digan que la economía está bien mientras su propia economía todavía no lo está, eso molesta a muchos empresarios de todo tipo que dio a dia solo tienen problemas que solucionar. Cansador

El superávit fue el principio.

Ahora tiene que llegar el crecimiento.

Y el acercamiento con Macri, los créditos en dólares y el intento de utilizar el FGS para reactivar las hipotecas muestran algo que el Gobierno quizás todavía no quiera admitir públicamente: la macro ya no alcanza.

Ahora hay que hacer funcionar la micro.

Y el reloj de la paciencia ya está corriendo. APURENSE