Este miércoles a las 16 se disputa uno de los partidos más emocionantes.
Quedan horas para un partido que, en los papeles, define a un finalista del Mundial. Pero cualquiera que haya nacido en Argentina sabe que cuando enfrente está Inglaterra, nunca se juegan solamente noventa o ciento veinte minutos. Se juega la historia, la memoria y una emoción que atraviesa generaciones.
Ambos países vuelven a encontrarse en una cancha y, aunque el calendario diga Mundial 2026 y los protagonistas sean otros, es imposible escapar al peso de la historia. Este duelo siempre carga con algo más: con memoria, emociones, heridas y con esa extraña capacidad que tiene el fútbol de concentrar en 120 minutos sentimientos que llevan décadas.
Se siente como una final, como ese partido que puede volver a homenajear a Diego Maradona, que inevitablemente revive el recuerdo de Malvinas y que, al mismo tiempo, le ofrece a Lionel Messi la posibilidad de escribir otro capítulo inolvidable de una historia que ya parece imposible de mejorar. Y sí, también está el objetivo deportivo: llegar a una nueva final del mundo frente a España.
No viví México 86, pertenezco a una generación que conoció ese partido a través de las imágenes, los documentales y un relato que ya forma parte del ADN argentino. Perdí la cuenta de las veces que escuché a Víctor Hugo Morales gritar: "Barrilete cósmico... ¿de qué planeta viniste?... Genio, genio, genio... ta, ta, ta... ¡goooool!"
Y, aun sin haber estado ahí, entendí que ese relato no habla solamente de un gol. Habla de un momento en el que millones de argentinos sintieron que el fútbol podía regalar una alegría imposible de explicar con lógica.
Lo más increíble es ver cómo todavía hoy, cuarenta años después, familiares, amigos, conocidos e incluso personas que nunca vivieron aquella tarde se emocionan hasta las lágrimas al recordarlo. Porque algunos partidos dejan de pertenecer al deporte para convertirse en patrimonio emocional de un país.
Quizás por eso hoy nadie vive este cruce como un simple encuentro de semifinales. Hoy se sufrirá cada ataque inglés, se festejará cada recuperación argentina y más de uno volverá a negociar con cualquier santo disponible durante noventa, ciento veinte o los minutos que hagan falta.
Tal vez no aparezca otro "Gol del Siglo", no haga falta porque cada generación merece construir su propio recuerdo, su propia historia y su propio relato.
Y quién sabe, quizás dentro de cuarenta años haya chicos que tampoco hayan visto jugar a Messi, pero que conozcan de memoria una jugada que todavía no ocurrió.
Por ahora solo queda esperar.
Y creer.
Vamos, Argentina.