Analistas Por Luciana Godoy

Ni Una Menos: cuando la violencia avisa y la Justicia no llega

Una mujer muere cada 30 horas en hechos que se podrían haber evitado.

Miercoles, 3 de Junio de 2026

Duele ser mujer. Duele mirar una noticia y volver a encontrar un nombre que podría haber sido cualquiera de nosotras. Duele llorar a la que ya no está, duele saber que muchas veces se podría haber evitado y duele, sobre todo, sentir que detrás de cada historia hay una estadística que no deja de crecer.

Entre junio de 2015 y el 27 de mayo de 2026 se registraron 3.424 muertes vinculadas a femicidios en Argentina. Una cada 30 horas. ¿Lo repito? Muere una mujer por día

Por eso seguimos avisando cuando llegamos a casa. Seguimos compartiendo nuestra ubicación. Seguimos caminando más rápido cuando oscurece. Seguimos modificando hábitos por precaución. Y aun así, pese a todo, debemos soportar comentarios machistas, situaciones de violencia o acoso que, cuando son denunciadas, terminan siendo minimizadas. "Sos una exagerada", "sos una histérica" o "¿por qué no denunciaste antes?" son frases que todavía resuenan con demasiada frecuencia, como si la responsabilidad recayera sobre la víctima y no sobre el agresor.

Mientras algunos intentan instalar la idea de una supuesta epidemia de falsas denuncias, los casos de violencia extrema continúan acumulándose. Las advertencias existen, las denuncias se presentan, los pedidos de ayuda se realizan. Sin embargo, muchas veces las respuestas llegan tarde o simplemente no llegan. En la mayoría de los casos, la burocracia, la indiferencia o la falta de acción terminan convirtiéndose en cómplices silenciosos de tragedias que podrían haberse evitado.

Hoy nos duelen Agostina y Dulce. Pero también duelen todas las mujeres cuyos nombres desaparecen de los titulares a los pocos días mientras sus familias siguen esperando justicia.

El caso de Claudio Barrelier es un ejemplo brutal de las fallas del sistema. Había sido denunciado en 2025 por privación ilegítima de la libertad. Estuvo detenido apenas 20 días y fue liberado. Un año después, abusó y desmembró a una adolescente de 14 años. La pregunta es inevitable: ¿cuántas vidas podrían salvarse si las alertas fueran tomadas en serio desde el primer momento?

La sensación de impunidad se profundiza cuando incluso las decisiones judiciales son puestas en duda. La Corte Suprema decidió revisar la sentencia por el femicidio de Julieta González, un fallo que hasta ahora se encontraba firme. El abogado penalista Carlos Parma habló de un "error judicial grave e insuperable a la luz de nuevas evidencias o hechos". Otra vez aparece la palabra error. Otra vez una familia revive el dolor. Otra vez la Justicia queda bajo la lupa.

Pero los femicidios no son errores. Los femicidios son la consecuencia más extrema de una violencia que muchas veces fue advertida, denunciada e ignorada o peor quedó impune. Son el resultado de fallas institucionales, de respuestas tardías y de un sistema que todavía no logra proteger a quienes más lo necesitan.

Por eso cada 3 de junio volvemos a salir a la calle. No porque nos guste marchar. No porque sea una consigna vacía. Salimos porque seguimos faltando. Porque seguimos teniendo miedo. Porque seguimos exigiendo que la violencia contra las mujeres deje de ser una noticia más.

Y porque,once años después del primer grito colectivo, seguimos reclamando lo mismo: ni una menos.