Analistas La columna de Antonio Ginart

Milei: entre los datos y la realidad

La baja de la inflación en su momento, el equilibrio fiscal, la señal hacia los mercados. todo eso fue necesario. Y también es cierto que el último dato de pobreza mostró una baja importante. Un dato positivo, sin dudas. Un logro que el oficialismo tiene derecho a mostrar.

Miercoles, 1 de Abril de 2026

Hay algo que el gobierno de Javier Milei repite como un mantra: los datos. Y es cierto, los números importan. Ordenar la macroeconomía no es un detalle menor en un país que venía de años de descontrol. La baja de la inflación en su momento, el equilibrio fiscal, la señal hacia los mercados. todo eso fue necesario. Y también es cierto que el último dato de pobreza mostró una baja importante. Un dato positivo, sin dudas. Un logro que el oficialismo tiene derecho a mostrar.

Pero hay un problema: esa foto ya quedó vieja.

Porque mientras ese número corresponde al cierre del 2025, en la calle la película es otra. Y los datos -los mismos datos que tanto reivindica el Gobierno- empiezan a contar una historia menos cómoda. La inflación, que parecía domada, volvió a mostrar una tendencia en alza en los últimos meses. Y las paritarias, lejos de ganarle, vienen corriendo de atrás. Resultado: el poder adquisitivo vuelve a deteriorarse.
Y ahí es donde aparece la verdadera tensión de este modelo: la diferencia entre la macro y la micro.

La macro ordena, sí. Pero la micro. duele.

Duele cuando el sueldo no alcanza como hace unos meses. Duele cuando llegan las boletas de servicios públicos con aumentos sostenidos. Cuando la prepaga vuelve a subir. Cuando el colegio privado ajusta cuotas. Cuando cargar combustible cuesta cada vez más. Cuando ir a la carnicería obliga a recalcular. Todo eso también es dato. No es relato, no es percepción: es realidad cotidiana.

Es el famoso "metro cuadrado" del que pocas veces se habla en los grandes anuncios. Ese espacio donde vive el trabajador, el comerciante, el profesional independiente. Ese lugar donde no hay planillas de Excel sino cuentas que cerrar a fin de mes. Y en ese terreno, el Gobierno todavía está en deuda.

Porque si bien se avanzó fuerte en reformas estructurales y en generar condiciones para grandes inversiones -algo necesario para el mediano y largo plazo-, lo cierto es que el día a día sigue sin encontrar alivio. La reactivación no termina de arrancar, el crédito sigue siendo caro y escaso, y la obra pública, prometida bajo un esquema de concesiones transparentes, todavía no aparece con la fuerza esperada. Mientras tanto, la infraestructura se deteriora y el impacto se siente en la producción y en la vida cotidiana.

Hay algo más, quizás más intangible pero igual de importante: la escucha.

El Gobierno ha demostrado decisión y coherencia en su rumbo económico. Pero le está costando leer el termómetro social. El trabajador que apostó, el emprendedor que resistió, el empresario PyME que acompañó. todos ellos necesitan empezar a ver señales más concretas en su economía diaria.

No alcanza con que el país "esté mejor" en los papeles si en la práctica cuesta llegar a fin de mes.
Y acá no se trata de tirar por la borda lo hecho. Al contrario. Se trata de completar el proceso. De entender que la estabilidad macro es condición necesaria, pero no suficiente. Que ahora hace falta dar el siguiente paso: reactivar la microeconomía, bajar tasas, facilitar el crédito, generar movimiento real.

Porque los sectores más chicos ya hicieron su parte. Ajustaron, resistieron, esperaron.
Ahora es momento de que la política económica afine el oído.

O, como se dice en criollo, empiece a mirar para dónde sopla el viento.