Analistas Por Nicolás Bottini- El Observador

El kilómetro 30: por qué las legislativas pueden ser el verdadero muro de los gobiernos argentinos

Las elecciones de medio término suelen leerse como un trampolín hacia la reelección. Pero la historia sugiere que son otra cosa.

Miercoles, 25 de Marzo de 2026

Las legislativas suelen leerse como el inicio de la reelección. Tal vez sean, en realidad, el kilómetro 30 de los gobiernos: cuando termina la épica del cambio y empieza la prueba del poder.

Muchos corredores de maratón hablan de un momento particular en la carrera. Lo llaman "el muro". Suele aparecer cerca del kilómetro treinta. Hasta entonces todo parecía bajo control: el cuerpo respondía, la respiración era regular, el plan funcionaba. Pero de pronto algo cambia. Las piernas pesan, el ritmo se rompe, la cabeza empieza a dudar. No es necesariamente el final de la carrera. Pero sí el momento en que el entusiasmo inicial deja de alcanzar.

En política también existen esos muros.

En tiempos de incertidumbre para el Gobierno, con varios episodios que empiezan a golpear la línea de flotación del oficialismo, el problema no es solamente político. Es simbólico. Porque los cuestionamientos empiezan a impactar justamente en el paquete de "cambio" y "anti casta" que funcionó como combustible electoral.

Y cuando lo que entra en discusión es la moral, la cosa se vuelve más delicada.

Aclaro algo antes de seguir. Esta columna no pretende iluminar el tema ni ofrecer una verdad. Apenas intenta formular una hipótesis, o mejor dicho una pregunta que hace días me ronda la cabeza. No es vinculante ni tiene por qué ser cierta. A veces conviene confrontar con el absurdo para saber dónde estamos parados en la realidad. Pensemos esto como ese ejercicio.

Porque el contexto es curioso.

Por un lado, el Gobierno viene de un verano posterior a elecciones de medio término ganadas, con todo el impulso, y a veces las ínfulas, que suelen acompañar a una victoria electoral. Por otro, empiezan a aparecer turbulencias políticas que generan ruido en un capital moral que, si bien no era inmaculado, hasta ahora parecía sólido y los cuestionamientos no terminaban de impregnar.

El vaso que se llena lentamente

No se trata de un solo episodio. Rara vez ocurre así en política. El desgaste de un respaldo moral casi nunca se produce por un caso aislado. Se parece más a un vaso que se va llenando lentamente. Primero aparecen dudas incómodas como las que despertó el caso $LIBRA. Después llegan polémicas más pequeñas pero persistentes, como las que rodearon al caso ANDIS. Se suman movimientos dentro del propio gobierno, internas, pases de factura y, finalmente, el caso de Manuel Adorni, seguido de rumores de cambios en la jefatura de Gabinete, que alimentan la sensación de ajuste interno.

Nada de eso, por sí solo, necesariamente define una crisis. Pero la política funciona muchas veces por acumulación. Los climas cambian cuando una serie de episodios empieza a formar patrón. Y entonces aparece el momento en que algo, tal vez menor, termina por rebalsar la copa.

Mientras tanto, la economía sigue corriendo su propia carrera. El equipo económico busca consolidar resultados, sostener el rumbo y defender un ajuste que en la vida cotidiana no da mucha tregua y va acercándose al fallo. La promesa es que los éxitos macroeconómicos lleguen antes y terminen validando el esfuerzo.

La ecuación, entonces, se vuelve frágil. Un equilibrio que depende de muchas variables al mismo tiempo: política, moral pública, paciencia social y resultados económicos. Es en ese punto donde vuelve la imagen del maratonista. Porque después del envión inicial, después del entusiasmo del arranque y del empujón de las elecciones ganadas, los gobiernos muchas veces se encuentran con ese muro invisible donde la carrera cambia de naturaleza.

El ejemplo de Macri

La historia reciente tiene ejemplos. Mauricio Macri atravesó algo parecido. Tras la victoria legislativa de 2017 llegó el famoso clima de "ahora sí, vamos por todo". Parecía el comienzo de la consolidación política. Sin embargo, pocos meses después la narrativa cambió abruptamente: corrida cambiaria, acuerdo con el Fondo, replanteo general de la estrategia.

Aquella elección que parecía abrir la puerta de la reelección terminó marcando, en retrospectiva, el inicio de una etapa mucho más incierta. Tal vez porque las elecciones de medio término no funcionan exactamente como solemos imaginarlas. En el relato político tradicional aparecen como un plebiscito sobre el gobierno. Pero quizá sean otra cosa. Quizás sea lo propio considerarlas el final del impulso inicial.

Los gobiernos llegan al poder montados sobre una ola. Una combinación de expectativas, cansancio social con lo anterior y promesas de cambio. Durante un tiempo esa ola sigue empujando incluso después de haber llegado a la Casa Rosada.

Las legislativas suelen ocurrir todavía dentro de esa inercia. En la resaca de esa marea. La oposición todavía está desorganizada, el clima social aún conserva simpatía por el ganador y el desafío político todavía no encontró una forma clara. Por eso muchas veces los oficialismos ganan esas elecciones con contundencia.

Pero las mareas también se retiran. Y cuando el agua empieza a bajar aparecen las rocas del fondo. Las tensiones de gestión, las contradicciones del poder, el desgaste natural de gobernar. Ese es el momento en el que los gobiernos pueden encontrarse con su propio muro.

El punto donde la carrera deja de depender del impulso inicial y empieza a depender de la resistencia. También es el momento en que los retadores empiezan a encontrar de dónde agarrarse para empujar. Cuando el clima político deja de estar monopolizado por el oficialismo y empieza a abrir espacio para otra narrativa.

No necesariamente es una sentencia. Muchos maratonistas atraviesan el muro y siguen. Algunos incluso encuentran después un segundo ritmo, más lento pero más firme.

Otros, en cambio, descubren que la carrera era más larga de lo que parecía.

Quizás las elecciones de medio término sean exactamente eso: el kilómetro 30 de los gobiernos argentinos.

El lugar donde termina el principio.

Y donde empieza, de verdad, la carrera.

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