Analistas La columna de Antonio Ginart

Milei: "El riesgo de mirar sólo afuera"

Hoy el escenario global volvió a complicarse. Aquel conflicto sigue, pero ahora se suma otro foco mucho más sensible: una nueva escalada en Medio Oriente, donde se juega ni más ni menos que cerca del 20% del petróleo mundial.

Viernes, 20 de Marzo de 2026

Hay algo que vale la pena decir, aunque incomode a más de uno: el mundo está otra vez en llamas. pero esta vez a la Argentina no la agarró parada en la cornisa.

Durante años, cada sacudón internacional era la excusa perfecta. Que la pandemia, que la guerra entre Guerra entre Rusia y Ucrania. siempre había un motivo externo para justificar por qué la economía argentina no arrancaba. Y es cierto, esos factores pesaban. Pero también es cierto que muchas veces servían como coartada para tapar errores propios.

Hoy el escenario global volvió a complicarse. Aquel conflicto sigue, pero ahora se suma otro foco mucho más sensible: una nueva escalada en Medio Oriente, donde se juega ni más ni menos que cerca del 20% del petróleo mundial. Y cuando tiembla esa región, no tiembla un país. tiembla el precio de la energía en todo el planeta.

Y sin embargo, mirá el dato: la Argentina no está en la misma posición que antes.

Hace no tanto éramos importadores seriales de energía. Quemábamos dólares para sostener un sistema ineficiente, dependiente, frágil. Hoy, con el desarrollo de Vaca Muerta y una política más enfocada en la producción, el país empezó a pararse del otro lado del mostrador: exporta gas, exporta petróleo y, en medio del temblor global, eso se transforma en una ventaja estratégica.

Incluso la moneda, con todas las tensiones que sabemos que existen, ha mostrado una estabilidad relativa frente a este nuevo shock internacional. Algo impensado unos años atrás.

Seamos sinceros: esta misma crisis, en otro contexto, nos hubiera pasado por arriba como una topadora.

Entonces, primera conclusión: hay medio vaso lleno. Y no es menor. Pero cuidado. porque quedarse mirando sólo ese lado puede ser tan peligroso como no verlo.

El gobierno ha hecho un esfuerzo claro por reinsertar a la Argentina en el mundo. Ha ido a buscar inversiones, ha generado vínculos, ha mostrado otra cara del país. Ahora bien, en ese entusiasmo por seducir al capital extranjero, empieza a aparecer un riesgo: olvidarse del capital propio.

Porque la Argentina no se construye solamente en reuniones con fondos de inversión o en eventos organizados por gigantes como JPMorgan Chase. La Argentina real está en el interior, en el productor que se levanta a las cinco de la mañana, en el comerciante que pelea todos los días con los costos, en la pyme industrial que no sabe si podrá sostener los sueldos a fin de mes.
Ahí también hay inversión. Ahí también hay riesgo. Y sobre todo, ahí hay futuro.

Da la sensación de que a Javier Milei le falta completar la mirada. No alcanza con girar hacia el mundo; hay que hacer un giro completo, de 360 grados, que incluya el territorio propio. Menos alfombra roja internacional y más ruta argentina. Más contacto directo, más oído en el terreno.
Porque si ese vínculo no se fortalece, hay otro que sí lo va a hacer: el de la oposición con esos sectores que empiezan a sentirse desatendidos. Y ahí es donde puede gestarse un problema político serio hacia adelante.


En síntesis: el contexto internacional es complejo, incluso más desafiante que antes. Pero esta vez la Argentina llega mejor parada. Eso hay que decirlo.

Ahora, el verdadero desafío es no dormirse en esa ventaja. Consolidar lo logrado, cuidar la estabilidad. y, sobre todo, no olvidarse de los que empujan el país desde adentro.

Porque el cambio de rumbo no se declama en foros internacionales. Se valida, todos los días, en los callejones de la Patria.