Desde el Ejecutivo empiezan a bajar el tono. Dicen que no es el momento. Que la recaudación no acompaña. Que hay algunas luces amarillas en la economía. Y que, en este contexto, los gobernadores no estarían dispuestos a apoyar una reforma de fondo. Traducido: nadie quiere resignar caja.
Hay temas que no admiten más demora. Y uno de ellos, sin ninguna duda, es la reforma tributaria en la Argentina. Esa que el propio gobierno prometió, esa que el sector privado viene reclamando hace años. y esa que ahora, según las últimas señales, quedó en pausa. Otra vez.
Desde el Ejecutivo empiezan a bajar el tono. Dicen que no es el momento. Que la recaudación no acompaña. Que hay algunas luces amarillas en la economía. Y que, en este contexto, los gobernadores no estarían dispuestos a apoyar una reforma de fondo. Traducido: nadie quiere resignar caja.
Ahora bien, la pregunta es incómoda pero necesaria: ¿cuándo va a ser el momento?
Porque mientras se discute el "timing", la realidad avanza. Y los datos ya no son una advertencia. son una confirmación.
En los últimos dos años se perdieron casi 300 mil puestos de trabajo registrados en la Argentina.
Y ojo con esto: esa es la foto de fines del año pasado. Ya pasaron varios meses. Es muy probable que hoy ese número sea todavía peor.
La desocupación, además, volvió a subir y ya alcanza al 7,5% de la población económicamente activa, más de 1,6 millones de personas.
¿Dónde pegó más fuerte? En los sectores más sensibles al movimiento de la economía real:
Construcción: caída del 15% del empleo
Industria: cerca de 73 mil puestos menos
Servicios inmobiliarios y transporte: fuertes retrocesos en actividad y empleo.
Y no es un dato menor: en paralelo cerraron más de 20 mil empresas en ese mismo período. Es decir, menos empresas. menos trabajo. Una ecuación tan simple como brutal.
Entonces volvamos al punto central: ¿esto es casualidad? ¿O es consecuencia de no hacer las reformas que el país necesita?
Porque mientras Argentina sigue discutiendo si baja impuestos o no, el aparato productivo sigue cargando con una mochila cada vez más pesada. Impuestos nacionales, provinciales, municipales. superposición, burocracia, presión fiscal récord.
Y así es muy difícil competir. Muy difícil invertir. Muy difícil sostener empleo. Después nos sorprendemos cuando una fábrica reduce turnos, cuando una pyme achica personal o cuando directamente cierra. Pero en muchos casos no es falta de voluntad empresaria. es asfixia.
Y acá aparece otro punto incómodo: en el mundo, cuando bajaron impuestos, pasó lo contrario. Creció la actividad, aumentó la inversión y terminó subiendo la recaudación. Acá seguimos atados al miedo.
Miedo de los gobernadores a perder recursos.
Miedo del poder político a achicar el Estado.
Pero si no pueden sostenerse con menos ingresos, tal vez el problema no sea la reforma. sino el tamaño del gasto que nunca quisieron tocar.
Porque mientras no se haga una reforma tributaria en serio, lo que se está reformando -de hecho- es otra cosa: el mercado laboral. Pero a la baja.
Menos empleo.
Menos empresas.
Menos oportunidades.
Y en el medio, un gobierno que va de un extremo a otro. Firme hacia adentro, pero más flexible cuando negocia con las provincias para sostener gobernabilidad. El riesgo es claro: en esa negociación se pueden perder reformas clave.
La reforma tributaria no es un detalle técnico. Es la diferencia entre un país que crece y uno que se achica.
Y hoy, lamentablemente, los números muestran que cuando la política duda. el empleo no espera.