Analistas La columna de Antonio Ginart

Peronismo: el eterno regreso de los mismos

No aparecen caras nuevas. No aparece un liderazgo distinto. Lo que aparece es, básicamente, un reciclaje permanente de figuras.

Miercoles, 11 de Marzo de 2026

Si uno mira hoy el escenario político argentino, hay una pregunta que flota en el aire: ¿dónde está la alternativa al gobierno de Javier Milei? Porque una democracia sana necesita oficialismo. pero también oposición. Necesita debate, ideas nuevas, dirigentes capaces de interpretar el clima social. Y hoy el problema no es solo el gobierno: el problema es que del otro lado del mostrador hay un peronismo que parece atrapado en su propio pasado.

No aparecen caras nuevas. No aparece un liderazgo distinto. Lo que aparece es, básicamente, un reciclaje permanente de figuras.

Ahí está otra vez Cristina Fernández de Kirchner, condenada en la causa Vialidad y con otros procesos judiciales abiertos, que sin embargo sigue siendo el centro gravitacional del espacio. Y alrededor de ella vuelven a orbitan dirigentes que hace apenas unos años eran sus críticos más duros.

Un ejemplo reciente es el acercamiento de Miguel Ángel Pichetto, quien incluso visitó a la ex presidenta para hablar de reconstruir una unidad del peronismo frente al gobierno libertario. 
Pichetto, recordemos, fue compañero de fórmula de Mauricio Macri en 2019 y durante años fue uno de los principales detractores del kirchnerismo. Hoy vuelve a sentarse a la mesa con quienes criticaba.

Y así sigue la lista. Dirigentes que fueron, que volvieron, que se fueron otra vez. y que ahora regresan como si nada hubiera pasado.

El problema no es solo la foto. El problema es el discurso.

El peronismo todavía no logra explicar por qué la Argentina terminó con inflación descontrolada, pobreza creciente y un Estado quebrado después del gobierno de Alberto Fernández. Tampoco logra explicar el rol que tuvo Sergio Massa, que fue ministro de Economía en plena crisis y al mismo tiempo candidato presidencial utilizando todos los recursos del Estado para su campaña.
Y sin autocrítica, es muy difícil construir algo nuevo.

Lo que aparece en cambio es una receta repetida: más Estado, más gasto, más intervención. La misma fórmula que fracasó en la Argentina. y que también fracasó en varios países que intentaron ese camino.

Pero además hay otro problema: la credibilidad.

Para ser alternativa al poder no alcanza con oponerse. Hace falta coherencia. Hace falta que quien habla tenga cierta autoridad moral. Que no esté envuelto en causas judiciales, que no cambie de discurso según el viento político, que no diga una cosa hoy y la contraria mañana.

La sociedad argentina cambió mucho en los últimos años. El voto a Milei fue, en gran medida, un grito de hartazgo contra una dirigencia que parecía eternizarse en el poder.

Y mientras el peronismo no entienda eso, mientras siga mirando el espejo retrovisor y convocando a los mismos protagonistas de siempre, difícilmente pueda construir una alternativa creíble.


Porque la política también tiene algo de renovación.

Y cuando esa renovación no aparece. la gente simplemente busca algo completamente distinto.