Analistas La columna de Antonio Ginart

2025 se despide dejando un rumbo y 2026 plantea el desafío

El gobierno de Javier Milei tomó decisiones que nadie quería tomar. Orden fiscal, ajuste del gasto, superávit como regla y no como excepción. Y enfrente tuvo una oposición que no discutió ideas, sino que intentó romper ese equilibrio a cualquier precio. 

Martes, 30 de Diciembre de 2025

Cuando uno hace memoria y repasa lo que fue este 2025 en la Argentina, cuesta encontrar un año tan cargado de tensión, discusión y cambio real. Fue un año incómodo, de sacudones constantes, pero también un punto de inflexión.

El gobierno de Javier Milei tomó decisiones que nadie quería tomar. Orden fiscal, ajuste del gasto, superávit como regla y no como excepción. Y enfrente tuvo una oposición que no discutió ideas, sino que intentó romper ese equilibrio a cualquier precio. En el Congreso, el kirchnerismo presentó proyectos una y otra vez para perforar el superávit, volver al déficit, reinstalar la emisión y frenar cada iniciativa del Ejecutivo. No fue debate: fue sabotaje político.

A eso se le sumó una campaña sucia permanente. Audios armados, operaciones mediáticas, fake news, denuncias ruidosas y un clima de acoso constante con un solo objetivo: hacer caer al gobierno antes de tiempo.

En lo electoral, el año dejó una lección dura. Las elecciones bonaerenses fueron un cachetazo para el oficialismo nacional. Ganó el kirchnerismo, con una maquinaria aceitada de intendentes operando municipio por municipio, usando el aparato territorial de siempre. Hubo actos de La Libertad Avanza rodeados de aprietes, piedras, patotas políticas y un clima que recordó viejas prácticas que muchos creían superadas. Fue un traspié, sí, pero también una radiografía del poder que todavía conserva el viejo sistema en la provincia.

Distinto fue el escenario nacional. Por primera vez se votó con boleta única de papel. Se terminó el robo de boletas, el arrastre forzado, la extorsión del puntero. La trampa quedó al descubierto y el voto volvió a ser del ciudadano.

En materia económica, uno de los capítulos más tergiversados fue el de la deuda. Se habló de "endeudamiento serial", cuando la realidad marca otra cosa: el gobierno de Milei ya pagó decenas de miles de millones de dólares en vencimientos heredados, muchos de ellos negociados durante la gestión de Martín Guzmán. No se tomó deuda para gastar: se cumplió con lo que vencía y se renegociaron saldos a mejores tasas, recuperando credibilidad. Argentina dejó de patear la pelota y empezó a hacerse cargo.

En ese camino apareció el respaldo político y económico de Donald Trump y quedó encaminado un acuerdo estratégico con Estados Unidos, aún pendiente de firma, pero con impacto fuerte en inversiones y financiamiento.

El año también dejó hechos históricos: la aprobación de un presupuesto con déficit cero y la Ley de Inocencia Fiscal, que pone un freno a la persecución arbitraria y devuelve previsibilidad.



Quedan desafíos enormes para 2026: la reforma laboral, la reforma fiscal y otras transformaciones clave. Y lo más importante todavía está en proceso: inflación tendiendo a cero, reactivación de la microeconomía, más trabajo genuino, menos planes sociales y mejores salarios.
La Argentina ya no es el mismo país. El cambio es profundo y, sobre todo, mental. Falta mucho, sí. Pero por primera vez en años, el rumbo es claro. Y eso, en este país, vuelve a encender la esperanza.