Analistas La columna de Antonio Ginart

El cambio de época que algunos gobernadores todavía no entienden

El gobierno nacional viene llevando adelante una estrategia clara: diálogo con las provincias, acuerdos posibles, orden fiscal como condición básica y un mensaje que, guste o no, fue ratificado en las urnas.

Miercoles, 17 de Diciembre de 2025

Acá hay algo que conviene decir sin vueltas, porque si no seguimos dando vueltas en círculo. El gobierno nacional viene llevando adelante una estrategia clara: diálogo con las provincias, acuerdos posibles, orden fiscal como condición básica y un mensaje que, guste o no, fue ratificado en las urnas. Y la mayoría de los gobernadores, con más o menos entusiasmo, entendió el nuevo clima de época.

La mayoría, no todos.

Porque hay un grupo que decidió pararse en la vereda de enfrente desde el día uno. Las provincias gobernadas por el justicialismo duro, con Axel Kicillof como cara visible, eligieron la oposición cerrada. Votaron en contra de cada ley, trabaron reformas, embarraron la cancha en el Congreso y se opusieron sistemáticamente a todo lo que propuso el Ejecutivo. A todo. Sin matices.

Ahora, pasado el tiempo, aparece el reclamo: "faltan fondos", "la Nación nos ahoga", "no se puede gobernar así". Y ahí es donde la incoherencia queda expuesta. Porque mientras levantan la mano para pedir plata, en sus propias legislaturas aprueban presupuestos con déficits enormes, mantienen estructuras infladas, cargos políticos que sobran y gastos que poco tienen que ver con lo esencial.

No hubo autocrítica. No hubo ajuste propio. No hubo señal alguna de que hayan registrado el mensaje que mandó la sociedad en las elecciones. Ese mensaje fue bastante claro: basta de gastar lo que no se tiene y después pasar la gorra.

Ayer se reunieron, sacaron fotos, hablaron de federalismo y eligieron vocero. Axel Kicillof. El mismo que gobierna la provincia más endeudada del país, con problemas estructurales de seguridad, educación y salud, y que aun así sigue apostando a un Estado gigante que no puede sostener. El mismo al que el Presidente, sin eufemismos, llama "degenerado fiscal".

¿Suena duro? Sí. ¿Es incómodo? También. Pero describe una lógica que durante años fue regla: gastar hoy, que pague otro mañana. El problema es que ese "otro" ya no está dispuesto a firmar cheques en blanco.

Mientras tanto, el gobierno nacional sigue sumando provincias al diálogo, acordando obras posibles, repartiendo recursos con criterio y exigiendo responsabilidad. No es simpatía política, es coherencia fiscal.


El que quiera fondos, primero tiene que ordenar su casa. El que no entendió el cambio de época, que no se sorprenda cuando se queda hablando solo. Porque esta vez, el mensaje fue claro. Y no vino de la Casa Rosada. Vino de las urnas.